Efesios
Efesios

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 6

Familia y trabajo

No pensemos que esta epístola, que expone verdades tan elevadas y a veces abstractas, fue escrita solo para los creyentes experimentados, los varones perfectos del capítulo 4:13. Aquí el apóstol se dirige directamente a los niños. Lo que les tiene que decir es muy sencillo: “Obedeced a vuestros padres”; considerad sus amonestaciones como si fuesen las del Señor. Esta disciplina, por penosa que pueda parecer a veces, corresponde a las instrucciones que los padres han recibido de Dios acerca de sus hijos (v. 4).

En cuanto a los esclavos y a los amos, lo que se les manda se aplica a todos los que tienen jefes (v. 5-8) o subordinados (v. 9). Nuestro trabajo nos dará todos los días la oportunidad de poner estos versículos en práctica, es decir, la de hacer “de corazón” la voluntad de Dios. Estamos continuamente ante sus ojos. Pero necesitamos fortaleza. ¿Dónde encontrarla? En el Señor (v. 10). Solo él nos capacitará para enfrentar a los temibles enemigos invisibles: las potestades espirituales de satánica maldad que nos amenazan. Porque Cristo mismo está sentado “en lugares celestiales, sobre todo principado y autoridad y poder y señorío”, habiendo logrado sobre ellos la victoria de la cruz (cap. 1:20-22; Colosenses 2:15).

Lucha espiritual

Para mantenerse firme frente a esos terribles enemigos “espirituales”, las armas del hombre son totalmente ineficaces. Sería lo mismo que luchar con los puños contra tanques o misiles (véase Job 41:1 y sig.). Pero Dios pone a nuestra disposición su armadura (comp. Romanos 13:12). ¿Cuáles son las piezas que la componen? La verdad como cinto: la fuerza que da la sumisión a la Palabra. Por medio de ella, Jesús triunfó en el desierto. La justicia como coraza: una conducta irreprochable, sin falta ante los hombres. El evangelio de paz como calzado: un andar activo en la paz a fin de preparar a las almas para recibir la verdad. La fe como escudo: una confianza total en lo que Dios es. La salvación como yelmo: la misma confianza en lo que Dios ha hecho. Así vestidos y protegidos, podremos contraatacar victoriosamente con la espada del Espíritu y la oración.

Sería demasiado tarde tratar de ponernos esa armadura completa en el momento de tener que combatir. Llevémosla “en todo tiempo” (v. 18), así estaremos seguros de tenerla puesta “en el día malo” (v. 13). Entre las oraciones, no descuidemos las que tienen que ver con la obra del Señor. El apóstol las solicitaba. Estaba seguro de hallar, en los efesios, un profundo interés por el Evangelio y por la Iglesia. ¡Que el Señor pueda verlo también en cada uno de nosotros!