1 Corintios
1 Corintios

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 10

El ejemplo de Israel como advertencia

Por medio del ejemplo de Israel, el apóstol Pablo nos hace medir la abrumadora responsabilidad de los cristianos profesantes. Exteriormente han participado de las más excelentes bendiciones espirituales: Cristo, su obra, su Espíritu, su Palabra… (v. 3-4). Pero Dios no puede agradarse de la mayor parte de ellos, pues les falta la fe (v. 5; Hebreos 10:38). Por la historia de este pueblo en el desierto, el Espíritu de Dios nos da un triste ejemplo de lo que nuestros corazones son capaces de producir, aun bajo el manto del cristianismo: codicias, idolatría, murmuraciones… Nos advierte solemnemente sobre lo que merecen esos frutos de la carne, aunque la gracia pueda obrar a favor del creyente. Con el fin de hacernos caer, el tentador procura hacer aparecer este mal que está en nosotros en toda su potencia, y esto precisamente cuando podríamos creer estar firmes por nuestras propias fuerzas (v. 12). Pero “fiel es Dios” (v. 13). ¡Qué aliento nos da pensar en ello! Si conocemos nuestra flaqueza, él no permitirá a Satanás tentarnos más de lo que cada uno pueda soportar (véase Job 1:12; 2:6). De antemano Dios ha preparado una salida victoriosa (v. 13). Apoyémonos en esas promesas cada vez que el enemigo se presente. Sí, “fiel es Dios”.

La Mesa del Señor

La comunión con Dios, bendita porción del creyente, rechaza toda participación en la idolatría, incluso en sus formas más refinadas. Esa comunión se expresa de modo especial en la Mesa del Señor. Todos los que participan de la copa y del pan son, en principio, redimidos del Señor; pero de lejos no son todos los redimidos del Señor. Sin embargo, por la fe los vemos a todos representados en un pan (un solo pan), señal visible de que existe un solo cuerpo. Simboliza esa unidad de la Iglesia que el mundo religioso pretende querer realizar… ¡mientras que ya existe!

Si no busco mi propio interés, ¡cuántos momentos tendré disponibles para los intereses de los demás, es decir, para los de Jesucristo! (v. 33; comp. Filipenses 2:21: “Porque todos buscan lo suyo propio, no lo que es de Cristo Jesús”). Buscar el interés de mi hermano no es solo cuidar de su bienestar, sino también pensar en su conciencia; es hacer ciertas cosas por él y abstenerse de hacer otras. Así seré llevado a hacerme siempre las mismas preguntas: «En esta ocasión, ¿tengo la libertad de dar gracias? Lo que hago en este momento, incluso simplemente comer y beber, ¿es o no para la gloria de Dios?» (comp. el v. 31 en contraste con el v. 7).