1 Corintios
1 Corintios

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 1

Pablo escribe debido a situaciones preocupantes

En Corinto había sido formada una numerosa iglesia por medio del ministerio del apóstol Pablo (véase Hechos 18:10). Este fiel pastor, como celoso evangelista, seguía velando sobre ella con solicitud (2 Corintios 11:28). Desde Éfeso escribió esta primera carta que se dirige también a

todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo (v. 2).

Pablo había recibido noticias desagradables de Corinto. Varios desórdenes se habían producido en esta iglesia. Pero, antes de abordar esos penosos temas, recuerda a esos creyentes cuáles son sus riquezas espirituales y las atribuye a la gracia de Dios (v. 4-5). Para medir nuestra responsabilidad y tomar más en serio nuestra vida cristiana, tratemos, de vez en cuando, de hacer la cuenta de nuestros inestimables privilegios y demos gracias al Señor, como el apóstol lo hace aquí.

El primer reproche dirigido a la iglesia de Corinto concierne a sus disensiones. Allí seguían al hombre, a Pablo, a Apolos, a Cefas y a Cristo como a un maestro más excelente que los demás, (Juan 3:2) en vez de estar unidos en la comunión con “Jesucristo nuestro Señor”, el Hijo de Dios (v. 9). ¡Que sea siempre nuestra parte gozar de esta comunión! (1 Juan 1:3).

Sabiduría o locura – Verdadera gloria

Para “los que se salvan”, la palabra de la cruz es poder de Dios. Pero, para los que no tienen la vida divina, no es más que locura. Todo lo que significa la cruz (la muerte de un justo exigida por la justicia de Dios, el perdón gratuito para los pecadores, el hombre natural puesto a un lado) son verdades que se oponen a la razón humana. Pero si, por el contrario, se presentan milagros y obras espectaculares, un noble ideal que requiere esfuerzos… ¡enhorabuena!, ésta es la clase de religión que no choca a nadie. Pues bien, a todos los sabios, escribas, disputadores, en una palabra, a los espíritus fuertes de este siglo (y de todos los siglos) el versículo 18 los coloca bajo una común y espantosa designación: “los que se pierden”.

Es un hecho notorio que entre los redimidos del Señor hay pocos sabios, poderosos o nobles… (v. 26), pues a estos les es más difícil que a los demás volverse como niños (Mateo 18:3; 11:25). Para glorificarse, Dios escoge lo que es débil, vil y menospreciado, y tales son los creyentes según la opinión del mundo. Pero qué importa su propio valor, ya que están en Cristo y él es, para ellos, poder, sabiduría, justificación, santificación y redención (v. 24, 30).