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Pláticas sencillas
Una nueva travesía
Jesús hizo subir a sus discípulos a una barca para que fueran delante de él a la otra ribera, mientras despedía a la multitud. Ahora sí podía enviarla de regreso, después de haber saciado “a sus pobres… de pan”, como dice el Salmo 132:15. El Señor nunca despide vacíos a quienes se acercan a él; y ellos se habían reunido junto a él (v. 33).
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Pláticas sencillas
Una pecadora en casa de Simón
Un fariseo invitó a Jesús a comer en su casa. Mientras estaba a la mesa, “una mujer de la ciudad, que era pecadora, al saber que Jesús estaba a la mesa en casa del fariseo, trajo un frasco de alabastro con perfume; y estando detrás de él a sus pies, llorando, comenzó a regar con lágrimas sus pies, y los enjugaba con sus cabellos; y besaba sus pies, y los ungía con el perfume (v. 37-38).
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Pláticas sencillas
Una pregunta en cuanto a la resurrección
Después vinieron los saduceos, que representaban el partido racionalista
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Pláticas sencillas
Una señal
Hallamos de nuevo a Jesús en presencia de las dos grandes categorías de judíos: los fariseos y los saduceos. A los primeros se les puede designar como gente religiosa, a los segundos como librepensadores; pero en cuanto a la persona de Cristo, eran tan incrédulos los unos como los otros. Sin embargo, su incómoda conciencia y su incredulidad les hicieron pedir una señal del cielo.
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Pláticas sencillas
Unos griegos desean ver a Jesús
Entre las muchedumbres que habían ido a la fiesta se encontraban unos griegos; aunque forasteros en Israel, participaban en la fiesta y anhelaban ver a Jesús. Con este fin se dirigieron a Felipe quien, probablemente asombrado de que unos griegos deseasen ver a Jesús, lo dijo a Andrés, y juntos lo comunicaron a Jesús (v. 20-22).
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Pláticas sencillas
Ventajas para los discípulos
“Pero ahora voy al que me envió; y ninguno de vosotros me pregunta: ¿A dónde vas? Antes, porque os he dicho estas cosas, tristeza ha llenado vuestro corazón” (v. 5-6). Se comprende que, con la perspectiva de la partida de Jesús y de las cosas que les esperaban, los discípulos estuviesen tristes.
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Pláticas sencillas
Zacarías y Elisabet
Entre las personas que temían a Dios se encontraba un sacerdote llamado Zacarías, de la clase de Abías (1 Crónicas 24:10), y su mujer Elisabet, de las hijas de Aarón. “Ambos eran justos delante de Dios, y andaban irreprensibles en todos los mandamientos y ordenanzas del Señor” (v. 6).
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