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Capítulo 24

Saúl, al volver de su campaña contra los filisteos, reunió 3.000 hombres escogidos para capturar a David. Así de una vez persiguió a los enemigos de Israel y al salvador de Israel. Un celo exterior por la protección del pueblo de Dios bien puede asociarse con un verdadero odio a Cristo.

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Capítulo 25

Samuel murió (v. 1), y su muerte fue como el preámbulo de la última época de la historia de Saúl. Este fiel siervo había juzgado a Israel en tiempos difíciles y había ejercido en su favor el oficio sacerdotal en medio del debilitamiento que había seguido a la ruina del sacerdocio.

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Capítulo 26

Los zifeos reaparecieron con sus ofertas de traición. Sin preocuparse por la injusticia del rey, ni por la gracia desplegada por David a su respecto, se volvieron hacia aquel de quien esperaban obtener ventajas o cuyo desagrado podría perjudicarles. Semejante desprecio a la persona y al carácter de David es tal vez más espantoso que la violencia grosera de Nabal.

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Capítulo 27

“Dijo luego David en su corazón: Al fin seré muerto algún día por la mano de Saúl; nada, por tanto, me será mejor que fugarme a la tierra de los filisteos, para que Saúl no se ocupe de mí, y no me ande buscando más por todo el territorio de Israel; y así escaparé de su mano” (v. 1).

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Capítulo 28

Llegó el día –David no podía escapar de esta coyuntura– cuando los filisteos reunieron nuevamente sus ejércitos para hacer la guerra a Israel. La posición falsa de David en medio de ellos quedó puesta en evidencia. ¡Pobre David! ¿Qué hacer? ¿Cómo retroceder después de haber engañado al enemigo acerca de sus empresas y sus simpatías?

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Capítulo 29

Los ejércitos de los filisteos y de Israel llegaron cada uno a su lugar de reunión. “David y sus hombres iban en la retaguardia con Aquis”, porque se habían convertido en sus guardaespaldas, según la promesa del rey. Los jefes de los filisteos desconfiaban: “¿Qué hacen aquí estos hebreos?”.

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Capítulo 3

Prosigamos todavía, en este capítulo, el paralelo entre Elí y Samuel. El primero continúa en el camino del descenso; el segundo va ascendiendo, hasta que todo Israel conozca que Dios lo ha establecido como profeta.

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Capítulo 30

Un andar según los pensamientos de su corazón natural había privado a David de la comunión con Dios. En el camino que seguía no podía recibir, como Enoc, “testimonio de haber agradado a Dios”.

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Capítulo 31

Según la Palabra de Dios anunciada por Samuel (cap. 28:19), Israel cayó ante los filisteos, en el monte de Gilboa. Los tres hijos de Saúl –entre ellos Jonatán– perecieron. Saúl fue el último. Había tenido gran temor y miedo cuando Samuel anunció el juicio (cap.

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Capítulo 9

Saúl aparece en la escena. En estas circunstancias nuevas, el carácter de Samuel brilla con un resplandor incomparable. Dios le había dicho: “Pon rey sobre ellos”; Samuel esperó todavía, hasta que Dios lo designara.

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Capítulos 4

Este capítulo nos presenta no solamente la ruina del sacerdocio, sino la de todo el pueblo; por eso el juicio alcanzó al uno y al otro. “Y Samuel habló a todo Israel” (v. 1). Lo que Samuel dijo, la palabra profética, tenía un carácter infalible. El juicio pronunciado por ella ciertamente tendría lugar.

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Capítulos 5-6:13

He aquí, pues, el arca, “la gloria de Dios”, cautiva en manos de los enemigos de su pueblo; pero estos no se podrían gloriar por ello.

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Capítulos 6:13-7:1

Los caminos públicos de Dios pueden traer juicio, como acabamos de verlo, pero sus caminos secretos siempre actúan con gracia hacia su pueblo. El arca volvió a subir hasta Bet-semes sin que Israel hubiera sentido necesidad de ello o expresado tal deseo.

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Capítulos 7

A Dios le complacía que su arca volviera por gracia a estar en medio de Israel, pero era necesario que el estado moral de este se pusiera de acuerdo con tal favor. “Desde el día que llegó el arca a Quiriat-jearim pasaron muchos días, veinte años”.

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Capítulos 8

“Aconteció que habiendo Samuel envejecido, puso a sus hijos por jueces sobre Israel… Pero no anduvieron los hijos por los caminos de su padre, antes se volvieron tras la avaricia, dejándose sobornar y pervirtiendo el derecho” (v. 1-3). La historia de los jueces, como la del sacerdocio, termina en una completa ruina.

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Elí y su casa

El comienzo del primer libro de Samuel proporciona una muy solemne prueba de esta verdad: “Y Jehová dijo a Samuel: He aquí haré yo una cosa en Israel, que a quien la oyere, le retiñirán ambos oídos. Aquel día yo cumpliré contra Elí todas las cosas que he dicho sobre su casa, desde el principio hasta el fin.

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