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El motivo para dar: ¿Temor y recompensa o amor y obediencia?
Hagámonos la pregunta: «¿Cuál es mi motivo para ofrendar?». El Nuevo Testamento nos enseña que debemos dar alegremente, motivados por el amor, no por obligación, sino voluntariamente y de corazón.
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El pecado cometido debe ser juzgado
Muchas personas no se consideran culpables de sus faltas inconscientes; parten del principio de que Dios no puede reprocharles su ignorancia y que tomará en cuenta su «buena voluntad». ¡Funesta ilusión! Si Dios previó un sacrificio por los pecados cometidos por error, ello es la prueba de que el pecador, aun ignorante, es culpable ante Él.
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El pecado me quita el gozo de la comunión con el Padre
Aunque mi hijo me desobedezca, sigue siendo mi hijo; sin embargo, falta la alegría entre los dos. Esto es así entre padres e hijos sobre toda la faz de la tierra.
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El pecado y los pecados
La epístola a los Romanos nos enseña que Dios tuvo que ocuparse de dos cuestiones: la de los pecados (cap. 1 a 5:11) y la del pecado (cap. 5:12 al cap. 8). Tuvo que condenar al árbol tanto como a los frutos, esto es, al pecado en nuestra naturaleza como a los actos producidos por ella.
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El perdón, la disciplina y la restauración
Había transcurrido cierto tiempo desde la falta cometida por David. La guerra contra Amón, comenzada en el capítulo precedente que, por sí solo, abarca acontecimientos de casi un año, continuaba todavía. El estado de sitio de Rabá no había acabado, y sabemos que en esa época el asedio de una ciudad podía durar años.
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¿Es usted bieun naventurado?
Cuanto más ha gemido otrora el alma bajo el peso de sus pecados, tanto más gusta de la felicidad de la que nos hablan los versículos 1 y 2. ¿Es usted uno de esos bienaventurados? Si no lo es, el versículo 5 le indica el camino para llegar a serlo: el del arrepentimiento y la confesión (compárese Lucas 15:18).
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Faltas que debían expiarse mediante un sacrificio
Los versículos 1 a 4 ofrecen ejemplos de las faltas que debían expiarse mediante un sacrificio. Se trata de actos cuya gravedad quizá no hubiéramos discernido si la Palabra, divina medida de la conciencia, no los hubiera condenado: por ejemplo, dejar de dar un testimonio, tener un contacto pasajero con lo impuro, proferir palabras ligeras. Hasta se puede ser culpable guardando silencio (v.
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Instrucciones del Nuevo Testamento
En la vida del Señor, mientras estuvo aquí en la tierra, en muchas ocasiones registradas en los Evangelios para nuestra enseñanza, Él no actuó según las prescripciones de la ley. Más bien obró conforme a su gracia, amor, compasión y justicia, y de acuerdo a las necesidades que se le presentaban. Él habló con una mujer samaritana; no condenó a una mujer sorprendida en pecado.
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Jacob
Considerando a Jacob en su vida de pastor, veremos que este trabajo no es para los cobardes, no es un trabajo fácil, no ofrece una vida cómoda; esta labor requiere una entrega incondicional, estar más dispuesto a dar que a recibir, estar pronto a sacrificarse. El pastor no puede esperar ser servido, sino todo lo contrario; debe servir y dar su vida por las ovejas.
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Jesús lo ha hecho todo para darnos una plena seguridad
Un israelita escrupuloso siempre podía temer que algún pecado cometido por error se le hubiera olvidado. Y apenas acababa de traer un costoso sacrificio cuando una nueva infidelidad podía exigir otro. Hoy en día, a pesar de las certidumbres de la Palabra de Dios, muchos cristianos todavía viven con el mismo temor.
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La caída
Dios es deshonrado por la caída de un creyente
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La caída de David
Nos gustaría permanecer con las victorias del capítulo 10 y hacer caso omiso de lo que se presenta ahora. Porque, de parte del enemigo de las almas, David soporta la más cruel derrota de su existencia. No obstante, este triste relato se halla en el libro de Dios como solemne advertencia para cada uno de nosotros.
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La conciencia de David se despierta
Después de haber permanecido tanto tiempo dormida, la conciencia de David se sobrecoge por una profunda convicción de pecado. Y se da cuenta de que su crimen no solamente concierne a Urías y a su mujer, sino que es, en primer lugar, contra Jehová.
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La Iglesia tiene una norma mucho más elevada
Aquellas personas que debían dar el diezmo en el Antiguo Testamento además podían presentar una ofrenda voluntaria, la cual era de olor grato a Dios y le complacía (Levítico 1:3, 9). Algunos israelitas así lo hicieron.
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La plena restauración
Para darse cuenta de la manera en la cual el alma de David fue restaurada, es necesario considerar el Salmo 51. Otros salmos hacen alusión a las mismas circunstancias, pero no citaremos más que este salmo 51, cuyo título es: “Salmo de David, cuando después que se llegó a Betsabé, vino a él Natán el profeta”.
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La respuesta es: ¡Sí, lo soy!
Bendito sea el Señor Jesucristo. Él ha dado el don de pastor a Su Iglesia para cuidar a los suyos con el fin de que haya creyentes sanos, cuyas vidas sean agradables a él, para Su honra. Si Jesucristo le ha dado el don de pastor, ponga en práctica este don, según la manera que él nos enseña en su Palabra.
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La vida de los creyentes muestra, en su conjunto, caracteres muy diferentes
Se ve a creyentes, o cristianos, que empiezan mal su carrera, pero al aprender a juzgarse bajo la disciplina, terminan bien su curso, y a veces de una manera gloriosa. Este fue el caso de Jacob, cuyos días fueron “pocos y malos” (Génesis 47:9), pero cuya vida termina con plena visión de la gloria (cap. 49).
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Lo que a Dios le complace
¿Realmente crees que Dios estableció una ley obligatoria, la cual exige un diezmo? ¿Realmente piensas que, hoy, en el tiempo de gracia, el diezmo del Antiguo Testamento es lo que a Dios le agrada? ¿Piensas que Dios se complace cuando nuestro motivo para ofrendar es el de recibir más de lo que hemos dado? Las respuestas a estas preguntas son un resonante ¡No!
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Lo que Dios requiere
Dios es un Dios de amor y así requiere el amor. Dios es un Dios de misericordia, entonces requiere la misericordia. Dios es un Dios de justicia, entonces requiere la justicia. Dios es un Dios de reconciliación, entonces requiere la reconciliación. Y, Dios busca la obediencia.
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Los que deben dar el ejemplo tienen más responsabilidad
Por su pecado, un sumo sacerdote debía ofrendar un becerro (v. 3), un príncipe o jefe debía ofrecer un macho cabrío (v. 22-23) y una persona cualquiera del pueblo solo tenía que ofrecer una cabra o un cordero (v. 27-28, 32). Quienes deben dar el ejemplo tienen una responsabilidad más grande, expresada por la importancia del animal ofrendado.
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Mi pecado mancha el testimonio del Señor Jesús
Por mi pecado yo hago comprender a todos los que me ven (Dios, los ángeles, el diablo y sus ángeles, los creyentes y el mundo) que no tomo en cuenta a Dios, que más bien hago caso al diablo y que no me he dejado separar enteramente del mundo por la cruz del Señor Jesús (Gálatas 6:14).
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Mi pecado me aleja de los hijos de Dios
Este es otro punto importante: Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad; pero si andamos en luz, como él esta en luz, tenemos comunión los unos con los otros (1 Juan 1:6-7).
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Mi pecado me coloca bajo la disciplina de la asamblea
En la Palabra de Dios encontramos varias formas de disciplina ejercidas por la asamblea o iglesia local reunida en el Nombre del Señor Jesús. Esto comienza con formas de actuar de carácter pastoral, como la de restaurar a un hermano que ha sido sorprendido en alguna falta (Gálatas 6:1).
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Mi pecado ofende a Dios
Este es un punto poco considerado. No olvidemos que el pecado ha entrado en el mundo porque el hombre ha creído en las mentiras del diablo y no en las declaraciones de su Dios y Creador. El diablo sugirió que Dios había mentido, no queriendo el bien del hombre.
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