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Vencer las dudas y las incertidumbres
La fe en Dios es primordial en las oraciones (Hebreos 11:6). ¿Entonces qué hacer en caso de duda? Una distinción se impone: existen dos tipos de duda. Una aleja de Dios, la otra conduce hacia él. El primer tipo es la duda por incredulidad, que rehúsa creer, ver su propia necesidad e ir hacia Jesús (Juan 5:40). Es un pecado que debe ser confesado y abandonado.
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Pláticas sencillas
Ventajas para los discípulos
“Pero ahora voy al que me envió; y ninguno de vosotros me pregunta: ¿A dónde vas? Antes, porque os he dicho estas cosas, tristeza ha llenado vuestro corazón” (v. 5-6). Se comprende que, con la perspectiva de la partida de Jesús y de las cosas que les esperaban, los discípulos estuviesen tristes.
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Veredicto final: toda la humanidad culpable ante Dios
En el versículo 9, el apóstol retoma el hilo de su pensamiento, relacionado con el versículo 1: “¿Qué, pues? ¿Somos nosotros mejores que ellos?” y responde: “En ninguna manera; pues ya hemos acusado a judíos y a gentiles, que todos están bajo pecado”. Estas dos clases de gente estaban indiscutiblemente convictas de pecado.
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Volver a “lo que era desde el principio”
¿Qué es lo que llevó –a partir de 1830 (en el tiempo del Despertar)– a nuestros amados hermanos a salir “fuera del campamento” de la cristiandad? ¿No era para salir hacia Cristo, llevando su vituperio? (Hebreos 13:13).
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Ya no estamos sometidos al dominio de la carne
“Mientras estábamos en la carne”. ¿Qué quiere decir la expresión “estar en la carne”? La encontraremos varias veces aun. “Estar en la carne” significa Estar ante Dios en el terreno o en la posición del primer Adán y, según esta posición, ser responsables ante él.
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Pláticas sencillas
Zacarías y Elisabet
Entre las personas que temían a Dios se encontraba un sacerdote llamado Zacarías, de la clase de Abías (1 Crónicas 24:10), y su mujer Elisabet, de las hijas de Aarón. “Ambos eran justos delante de Dios, y andaban irreprensibles en todos los mandamientos y ordenanzas del Señor” (v. 6).
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Como triunfal conclusión de lo que acaba de ser dicho, este capítulo comienza con las siguientes palabras: “Justificados, pues, por la fe”[1]. Ya no hay duda que subsista ni cuestión que se plantee.
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