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La Palabra es el remedio

Para escapar de las sutilezas del enemigo, autor de todo lo que es antiescritural en la cristiandad, permanezcamos aferrados con toda sencillez a la Palabra de Dios. Ella nos ocupa de Cristo y no de nosotros mismos; no ofrece al cristiano ningún lugar en este mundo, sino el de testigo de un Salvador despreciado y rechazado.

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La paz

En una palabra, el lector debe tratar de comprender, con la mayor precisión y fundamento bíblico, la diferencia entre vida y paz. La primera es el resultado de nuestra relación con la Persona de Cristo, mientras que la segunda es el resultado de creer en su obra consumada.

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La Persona de Cristo

La persona de Cristo –y su obra terminada– constituyen el único canal por el cual la salvación puede fluir hacia el pecador perdido y culpable. No es la Iglesia, con sus sacramentos, ni la religión, con sus ritos y ceremonias; nada que provenga del hombre o de sus hechos, cualquiera que sea su forma o apariencia, sino la muerte y resurrección de Cristo.

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La primera resurrección

Estas tres fases constituyen “la primera resurrección” o “la resurrección de entre los muertos”. La resurrección de los muertos –los que no han creído– no ocurrirá sino después del milenio (Apocalipsis 20:5), con vistas al juicio final. Por eso este suceso no se llama segunda resurrección, sino “la muerte segunda” (Apocalipsis 20:11-15).

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La restauración de Pedro

Si hacemos un cuidadoso estudio de estos versículos encontraremos en ellos tres diferentes etapas en la restauración de un creyente: la restauración de la conciencia, la del corazón y la de la posición.

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La verdadera obra del Espíritu Santo

Este Espíritu, más que nunca contristado en la cristiandad, no puede actuar como si la Iglesia fuera fiel. Efectuar los actos de potestad del principio sería aprobar el desorden, la revuelta contra Dios y la insumisión al dueño de la Asamblea.

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La vida

Tomemos el caso del más vil pecador, que hasta el día de hoy ha vivido cometiendo las peores atrocidades.

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Las condiciones morales para orar

Vamos a considerar ahora, a la luz de la Palabra de Dios, las condiciones morales o los atributos de la oración. Nada es más precioso que tener la autoridad de las Escrituras para todo acto de nuestra vida cristiana práctica. La Escritura debe ser nuestro único, gran y supremo árbitro en todas nuestras dificultades; no lo olvidemos jamás.

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Levántate y sube a Bet-el

Las palabras “Levántate y sube a Bet-el” (Génesis 35:1) encierran una gran verdad práctica respecto de la cual deseamos llamar la atención del lector.

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Los rechazos que enfrentó el perfecto obrero

No hubo un solo servidor de Dios en este mundo que no haya sufrido rechazos de una u otra forma. Y el único perfecto obrero no constituye una excepción a la regla. Jesús sufrió el desprecio y el desengaño. Si no hubiese experimentado estas cosas, no podría compadecerse de aquellos que tienen que enfrentarlas en cada etapa de su carrera.

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Los recursos que el perfecto obrero halló en Dios

Vamos a considerar ahora los recursos que el perfecto obrero halló en Dios.

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Moisés

Consideremos a Moisés. Habló imprudentemente con sus labios en las aguas de Meriba (Números 20). Y ¿cuál fue el resultado?: El decreto gubernamental de Jehová le prohibió la entrada a la tierra prometida.

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Nicodemo debía dejar atrás muchas cosas

Pero Nicodemo, como muchos otros, debía dejar atrás muchas cosas antes de llegar verdaderamente al conocimiento de Jesús; debía desprenderse de una pesada carga de maquinaria religiosa antes de aprender la divina simplicidad del plan de salvación de Dios. Debía descender de la cumbre del saber rabínico y de la religión tradicional, y aprender el alfabeto del Evangelio en la escuela de Cristo.

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¿Nos reconoceremos en el cielo?

A veces los cristianos se preguntan si reconoceremos en el cielo a aquellos que nos tomaron la delantera. Personalmente, no lo dudo; pero reconoceremos también a los que no habíamos conocido en este mundo, de la misma manera que los discípulos reconocieron en el monte de la transfiguración a Moisés y a Elías en gloria, mientras que éstos no hacían más que hablar con Jesús.

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Orar con perseverancia

Todo lo que precede nos conduce naturalmente a otra de estas condiciones morales de la oración, que nos han ocupado hasta aquí. Leamos Lucas 18:1-8. “También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar, diciendo: Había en una ciudad un juez, que ni temía a Dios, ni respetaba a hombre.

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Otros resultados del nuevo nacimiento

Habiendo dicho lo suficiente como para advertir a aquellos que estén en peligro de caer bajo la influencia de dicha línea de argumentación, pasaré a considerar otro aspecto de los resultados de la regeneración: la disciplina en la casa del Padre.

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Palabras inefables

No hay un cuarto cielo, de modo que el paraíso es el lugar más alto, es el cielo de Dios, “el paraíso de Dios” (Apocalipsis 2:7). Allí fue arrebatado el apóstol Pablo. ¿Cómo? Sólo Dios lo sabe; pero Pablo estaba seguro de que podía estar allí tanto como alma separada del cuerpo como en el cuerpo.

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Paraíso y gloria

Notemos además que el paraíso no es la gloria. No cabe la menor duda de que la gloria está allí donde Cristo se encuentre; pero nosotros sólo podremos entrar en la gloria como seres completos; tendremos cuerpo y alma reunidos, y no nos hallaremos en un estado intermedio. Generalmente nos hacemos una falsa idea de la gloria al considerarla como un lugar. La gloria es una manifestación.

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Pedir con fe

En Mateo 21:22 encontramos otra condición moral esencial para la oración efectiva. “Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis”. ¡Esta es una afirmación verdaderamente maravillosa! Le abre a la fe la tesorería del cielo. No hay ningún límite. Nuestro bendito Señor nos asegura que vamos a recibir lo que pidamos con fe sencilla.

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Peticiones específicas

Leamos en Lucas 11: “¿Quién de vosotros que tenga un amigo, va a él a medianoche y le dice: Amigo, préstame tres panes, porque un amigo mío ha venido a mí de viaje, y no tengo qué ponerle delante; y aquel, respondiendo desde adentro, le dice: No me molestes; la puerta ya está cerrada, y mis niños están conmigo en cama; no puedo levantarme, y dártelos?

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Primera carta - En busca de las almas

Querido amigo A.:

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¿Qué es la regeneración?

Muchos se figuran que es un cambio operado en la vieja naturaleza por el influjo del Espíritu Santo. Se cree que este cambio o mejoría se va produciendo de forma gradual hasta que la vieja naturaleza quede completamente exterminada. Esta idea involucra dos errores: (a) En cuanto a la verdadera condición de la vieja naturaleza y (b) respecto de la personalidad del Espíritu Santo.

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¿Qué nos otorga la conversión?

Consideraremos ahora lo que podríamos llamar el lado positivo del gran tema de la conversión. Hemos visto que consiste en volverse de los ídolos, es decir, de todos aquellos objetos que gobernaban nuestro corazón y ocupaban nuestros afectos: las vanidades e insensateces, los deseos y placeres que formaban parte de toda nuestra existencia en los días de nuestra oscuridad y ceguera.

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Quinta carta - La obra de literatura

Querido amigo A.:

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