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Puesto aparte para Dios
Tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo, la santificación significa en su sentido inicial: separación, puesta aparte para Dios (véase, por ejemplo, 1 Crónicas 23:13; Jeremías 1:5). Eso sugiere un desapego a la vida ordinaria a fin de que el creyente pertenezca a Dios para servirle y satisfacerle. En contraste con el vocablo “santificación” tenemos el de “profanación”.
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Regenerado (o renacido) por medio de la Palabra de Dios
El apóstol Pedro insiste sobre la acción de la Palabra: “Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad… siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre” (1 Pedro 1:22-23). Puesto que hace falta la obediencia, nuestra responsabilidad está implícita en tal purificación.
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“Si alguno está en Cristo, nueva creación es”
La primera mención de la nueva creación en el Nuevo Testamento es categórica: cada uno de aquellos que están “en Cristo” es una “nueva creación” (2 Corintios 5:17, traducción literal del texto original griego). No una nueva criatura, sino una nueva creación. El estilo del apóstol es muy vigoroso.
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Su objetivo
Oramos primeramente para que Dios sea glorificado. Cuando por la fe nos acercamos verdaderamente a Dios, el deseo de honrarlo crece en nosotros. Entonces, ligados a ese deseo, oramos para discernir y cumplir la voluntad de Dios. Orando aprendemos, no a imponer nuestro pensamiento a Dios, sino a someternos a él. Por medio de la oración buscamos lo que Dios desea y lo aceptamos para hacerlo.
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Sus resultados
Dios responde de dos maneras a la oración de sus hijos. Primero les da su paz y los libra de la angustia (Filipenses 4:7; 1 Samuel 1:15, 18; Salmo 34:17). Podemos echar sobre él toda nuestra carga porque él tiene cuidado de nosotros (1 Pedro 5:7). Luego, Dios nos concede lo que le pedimos si nuestra petición es conforme a su voluntad (1 Juan 5:14).
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Todas las cosas son hechas nuevas
La nueva creación no es un «remiendo» de la vieja. Las cosas viejas desaparecen y hacen lugar a las nuevas, las que son enteramente de Dios. Esto es verdad incluso respecto de Cristo. Él se humilló una vez en las circunstancias de la vieja creación, estando entre nosotros “según la carne” (Romanos 9:5).
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Todos culpables ante Dios
Escuchemos primeramente lo que la epístola a los Romanos dice respecto al perdón de los pecados, pues en esta epístola están expuestos los primeros principios del Evangelio. Después de haber declarado, desde la introducción, que el Evangelio es
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Tomarse tiempo para orar
Orar, y hacerlo regularmente, es algo difícil, tenemos que reconocerlo. “¿No habéis podido velar conmigo una hora?” (Mateo 26:40). Cuanto más pesada se nos haga la oración, más negligentes somos en cuanto a ella. El resultado es una decadencia de nuestra vida espiritual.
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Un cielo nuevo y una tierra nueva
La consumación de la nueva creación tendrá lugar en el estado eterno (Apocalipsis 21:1-8). Entonces “no habrá muerte, ni… llanto, ni clamor, ni dolor”. El pecado, el sufrimiento y la muerte no existirán más en la nueva creación. Todo el mal se encontrará bajo el juicio de Dios, en su lugar designado, por siempre separado y alejado de los rescatados.
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Vencer las dudas y las incertidumbres
La fe en Dios es primordial en las oraciones (Hebreos 11:6). ¿Entonces qué hacer en caso de duda? Una distinción se impone: existen dos tipos de duda. Una aleja de Dios, la otra conduce hacia él. El primer tipo es la duda por incredulidad, que rehúsa creer, ver su propia necesidad e ir hacia Jesús (Juan 5:40). Es un pecado que debe ser confesado y abandonado.
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Vivificados juntamente con Cristo
“Nos dio vida juntamente con Cristo” (Efesios 2:5 y Colosenses 2:13). Hemos sido vivificados juntamente con Cristo. Estábamos muertos en nuestros delitos y pecados (Efesios 2:1), estábamos muertos en pecados y en la incircuncisión de nuestra carne (Colosenses 2:13). Nos hacía falta nada menos que la vivificación para solucionar nuestro caso.
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