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“Todo aquel que es nacido de Dios… no puede pecar”

Observemos que con el “no puede pecar” no se trata de una cosa extraordinaria que sólo se realiza en unas pocas personas que, como se dice, «tienen fe por ello». Esta afirmación abarca a todos los que han nacido de nuevo: “Todo aquel que es nacido de Dios…”

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¿Todos los hombres serán perdonados?

Todos los hombres podrían ser perdonados (ver 2.5), pero no todos lo serán, sino únicamente los que creen en Cristo. Leemos: •   “Para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16).

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¿Tuvo alguna parte la personalidad del escritor en la redacción de la Biblia?

Sí, y una parte importante. El estilo del apóstol Juan (sencillo pero profundo) es diferente del de Pablo (racional y lógico), y este, a su vez, se distingue del de Pedro. Pablo había sido instruido por el famoso rabino Gamaliel. Pedro había sido un simple pescador de Galilea, sin educación formal. Sin embargo, Dios utilizó a ambos para llevar a cabo sus propósitos.

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¿Tuvo Cristo que soportar el juicio divino para efectuar la expiación?

Sí. Algunos han enseñado que la expiación simplemente significa que Cristo «participó de la condición de pecado del hombre caído» o que «se identificó con la condición mala del hombre». Pero afirmar esto es pasar por alto que el “castigo” de nuestra paz fue sobre él (Isaías 53:5), y que la “espada” de Dios cayó contra su compañero (Zacarías 13:7).

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Un joven que se apoya en sus sentimientos

Veamos otro ejemplo. Un joven debe recibir una gran fortuna; para ello la única condición que se le exige es ser mayor de edad. Una mañana el padre le dice:

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Un orden de cosas completo

¿Puede haber sistema más admirable y completo? Lo abarca todo. La satisfacción y el pretendido gozo que contiene son suficientes para que la gran e inconstante masa de la humanidad se halle siempre en actividad y goce de una relativa alegría. Los corazones se apresuran a buscar lo que los pueda satisfacer, los espíritus se hallan atareados.

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Una fe verdadera

Tal vez el lector diga: «¿Cómo puedo estar seguro de que tengo la verdadera fe?». A esta pregunta solo cabe responder de la siguiente manera: ¿Confía usted en el verdadero Salvador, es decir, en el bendito Hijo de Dios?

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Una ilustración doméstica

La siguiente historia nos podrá servir de ilustración: Una campesina que deseaba tener patitos, puso a una gallina a empollar huevos de pata; después de una semana se dio cuenta de que un enemigo de la clueca había destruido la mayor parte de los huevos. Entonces decidió reemplazarlos por huevos de gallina.

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Una joven y su problema

–Creo verdaderamente en él –me dijo con cierta tristeza una joven–; sin embargo, no me atrevo a decir que soy salva por temor a mentir. Esta joven era hija de un carnicero y su padre había ido aquel día a la feria.

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Una posición clara

Así son las cosas: cuando un alma ha llegado realmente al conocimiento de Dios, o más bien, a ser conocida por Dios, se siente atraída hacia las cosas celestiales por su unión con Cristo. No tiene ningún deseo de participar en el sistema u orden de cosas del mundo, y bien puede pensar: ¿cómo podría yo retornar a tan débiles y miserables principios?

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Una tienda y un altar

Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba. Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena, morando en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa; porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios

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