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Las dos santificaciones
En el Antiguo Testamento, la santificación abarca a las cosas y a las personas, mientras que en el Nuevo Testamento está limitada a estas últimas. La santificación de las personas posee dos significados diferentes que conviene clarificar para evitar las falsas interpretaciones que son corrientes a este respecto.
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Lleno del Espíritu
El día de Pentecostés, los discípulos no recibieron simplemente el Espíritu para que morara en ellos, sino que “fueron todos llenos del Espíritu Santo” (Hechos 2:4). Cuando un creyente está lleno del Espíritu, la carne en él permanece inactiva, y nada puede oponerse a Su poder. Esto lo vemos en Esteban, quien estaba “lleno de fe y del Espíritu Santo”, “lleno de gracia y de poder”.
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Los que deben dar el ejemplo tienen más responsabilidad
Por su pecado, un sumo sacerdote debía ofrendar un becerro (v. 3), un príncipe o jefe debía ofrecer un macho cabrío (v. 22-23) y una persona cualquiera del pueblo solo tenía que ofrecer una cabra o un cordero (v. 27-28, 32). Quienes deben dar el ejemplo tienen una responsabilidad más grande, expresada por la importancia del animal ofrendado.
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Mi pecado mancha el testimonio del Señor Jesús
Por mi pecado yo hago comprender a todos los que me ven (Dios, los ángeles, el diablo y sus ángeles, los creyentes y el mundo) que no tomo en cuenta a Dios, que más bien hago caso al diablo y que no me he dejado separar enteramente del mundo por la cruz del Señor Jesús (Gálatas 6:14).
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Mi pecado me aleja de los hijos de Dios
Este es otro punto importante: Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad; pero si andamos en luz, como él esta en luz, tenemos comunión los unos con los otros (1 Juan 1:6-7).
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Mi pecado me coloca bajo la disciplina de la asamblea
En la Palabra de Dios encontramos varias formas de disciplina ejercidas por la asamblea o iglesia local reunida en el Nombre del Señor Jesús. Esto comienza con formas de actuar de carácter pastoral, como la de restaurar a un hermano que ha sido sorprendido en alguna falta (Gálatas 6:1).
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Mi pecado ofende a Dios
Este es un punto poco considerado. No olvidemos que el pecado ha entrado en el mundo porque el hombre ha creído en las mentiras del diablo y no en las declaraciones de su Dios y Creador. El diablo sugirió que Dios había mentido, no queriendo el bien del hombre.
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Muertos en cuanto a Dios y vivificados por él
La epístola a los Efesios revela nuestra verdadera condición: “Estabais muertos en vuestros delitos y pecados” (Efesios 2:1). El versículo siguiente muestra que, no obstante este estado de muerte, andábamos activamente en esos delitos y pecados. Ello es así porque la muerte de la que se trata aquí es la muerte con relación a Dios.
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Nacer de agua y del Espíritu
Después de haber mostrado a Nicodemo la absoluta necesidad del nuevo nacimiento, el Señor precisa por qué medios se lo obtiene: El que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios (Juan 3:5).
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Nacer del Espíritu y ser la morada del Espíritu
En Ezequiel 36 y 37 se formulan profecías que conciernen al nuevo nacimiento y a la vivificación que se cumplirán en el remanente de Israel a fin de prepararlo para la bendición milenaria. En esos dos capítulos también se trata el don del Espíritu Santo. “Pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra” (cap.
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Nacido de Dios
En su primera epístola, el apóstol Juan siempre se remonta a los principios esenciales. Afirma: “Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios” (1 Juan 3:9). No se menciona ni el medio empleado –la Palabra de Dios– ni el agente –el Espíritu Santo– que efectúa el trabajo en el alma.
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“Ni la circuncisión… ni la incircuncisión, sino una nueva creación”
La epístola a los Gálatas insiste en la posición de los creyentes, refiriéndose para ello a su unidad en Cristo: “Todos vosotros sois uno en Cristo Jesús”, “ni la circuncisión vale nada, ni la incircuncisión, sino una nueva creación” (Gálatas 3:28; 6:15).
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Nuestro alejamiento de Dios
Para comprender lo que es la reconciliación, resulta necesario comprender primeramente todo el drama de nuestro alejamiento de Dios. En Colosenses 1:21, la reconciliación es efectivamente mencionada como lo opuesto al hecho de que éramos extraños y enemigos en nuestra mente. La palabra griega que aquí es traducida por “extraños” podría igualmente serlo por «alejados» de Dios.
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Pregunta 1
Cuando hablamos de la nueva creación, ¿tenemos razón de dar al término “creado” el mismo sentido literal que aquel que atribuimos a la creación en Génesis 1?
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Pregunta 1
¿Cuál es la diferencia entre la purificación por la sangre de Cristo (1 Juan 1:7) y la purificación por la Palabra de Dios? “La sangre es la vida” (Deuteronomio 12:23). La sangre de Cristo es su vida santa entregada a fin de morir por nosotros. Por ese medio somos judicialmente purificados ante Dios. Es un hecho exterior a nosotros.
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Pregunta 1
Con frecuencia, los creyentes son llamados “santos” en el Nuevo Testamento. El uso popular de la palabra “santo”, ¿corresponde al uso de la Sagrada Escritura? No, se trata de dos sentidos diferentes. Incluso sería útil emplear dos vocablos diferentes si estos existieran.
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Pregunta 1
El apóstol Pablo exhortaba a los filipenses a ocuparse en su propia “salvación con temor y temblor” (Filipenses 2:12). ¿Qué significa este pasaje?
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Pregunta 1
El apóstol Pablo explica que la exclusión de los judíos “es la reconciliación del mundo” (Romanos 11:15). ¿Qué significa esta expresión?
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Pregunta 1
Puesto que existe un aspecto futuro de la redención, ¿es correcto afirmar que hemos sido rescatados? ¿No deberíamos decir, más bien, que vamos a serlo?
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Pregunta 1
¿Cómo conciliar la afirmación del apóstol Pablo que “el hombre es justificado por fe sin las obras de ley” (Romanos 3:28), con la del apóstol Santiago, según la cual “el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe”? (Santiago 2:24).
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Pregunta 1
A veces se oye decir que todos los hombres son perdonados. ¿Es correcto este pensamiento?
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Pregunta 2
Las siguientes expresiones: “nacido de nuevo”, “nacido de agua y del Espíritu”, “nacido de Dios”, ¿son todas equivalentes?
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Pregunta 2
Ciertas personas pretenden estar enteramente santificadas en la práctica, completamente liberadas del pecado. ¿Confirma la Palabra de Dios estas afirmaciones?
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Pregunta 2
El día de Pentecostés, el apóstol Pedro exhortó a la muchedumbre diciendo: “Sed salvos de esta perversa generación” (Hechos 2:40). ¿A qué aspecto de la salvación se refería?
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