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The Mackintosh Treasury

La Persona de Cristo

La persona de Cristo –y su obra terminada– constituyen el único canal por el cual la salvación puede fluir hacia el pecador perdido y culpable. No es la Iglesia, con sus sacramentos, ni la religión, con sus ritos y ceremonias; nada que provenga del hombre o de sus hechos, cualquiera que sea su forma o apariencia, sino la muerte y resurrección de Cristo.

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La plena restauración

Para darse cuenta de la manera en la cual el alma de David fue restaurada, es necesario considerar el Salmo 51. Otros salmos hacen alusión a las mismas circunstancias, pero no citaremos más que este salmo 51, cuyo título es: “Salmo de David, cuando después que se llegó a Betsabé, vino a él Natán el profeta”.

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La restauración de Pedro

Si hacemos un cuidadoso estudio de estos versículos encontraremos en ellos tres diferentes etapas en la restauración de un creyente: la restauración de la conciencia, la del corazón y la de la posición.

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La vida

Tomemos el caso del más vil pecador, que hasta el día de hoy ha vivido cometiendo las peores atrocidades.

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La vida de los creyentes muestra, en su conjunto, caracteres muy diferentes

Se ve a creyentes, o cristianos, que empiezan mal su carrera, pero al aprender a juzgarse bajo la disciplina, terminan bien su curso, y a veces de una manera gloriosa. Este fue el caso de Jacob, cuyos días fueron “pocos y malos” (Génesis 47:9), pero cuya vida termina con plena visión de la gloria (cap. 49).

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Las condiciones morales para orar

Vamos a considerar ahora, a la luz de la Palabra de Dios, las condiciones morales o los atributos de la oración. Nada es más precioso que tener la autoridad de las Escrituras para todo acto de nuestra vida cristiana práctica. La Escritura debe ser nuestro único, gran y supremo árbitro en todas nuestras dificultades; no lo olvidemos jamás.

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Levántate y sube a Bet-el

Las palabras “Levántate y sube a Bet-el” (Génesis 35:1) encierran una gran verdad práctica respecto de la cual deseamos llamar la atención del lector.

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Los que deben dar el ejemplo tienen más responsabilidad

Por su pecado, un sumo sacerdote debía ofrendar un becerro (v. 3), un príncipe o jefe debía ofrecer un macho cabrío (v. 22-23) y una persona cualquiera del pueblo solo tenía que ofrecer una cabra o un cordero (v. 27-28, 32). Quienes deben dar el ejemplo tienen una responsabilidad más grande, expresada por la importancia del animal ofrendado.

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Los rechazos que enfrentó el perfecto obrero

No hubo un solo servidor de Dios en este mundo que no haya sufrido rechazos de una u otra forma. Y el único perfecto obrero no constituye una excepción a la regla. Jesús sufrió el desprecio y el desengaño. Si no hubiese experimentado estas cosas, no podría compadecerse de aquellos que tienen que enfrentarlas en cada etapa de su carrera.

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Los recursos que el perfecto obrero halló en Dios

Vamos a considerar ahora los recursos que el perfecto obrero halló en Dios.

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Mi pecado mancha el testimonio del Señor Jesús

Por mi pecado yo hago comprender a todos los que me ven (Dios, los ángeles, el diablo y sus ángeles, los creyentes y el mundo) que no tomo en cuenta a Dios, que más bien hago caso al diablo y que no me he dejado separar enteramente del mundo por la cruz del Señor Jesús (Gálatas 6:14).

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Mi pecado me aleja de los hijos de Dios

Este es otro punto importante: Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad; pero si andamos en luz, como él esta en luz, tenemos comunión los unos con los otros (1 Juan 1:6-7).

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Mi pecado me coloca bajo la disciplina de la asamblea

En la Palabra de Dios encontramos varias formas de disciplina ejercidas por la asamblea o iglesia local reunida en el Nombre del Señor Jesús. Esto comienza con formas de actuar de carácter pastoral, como la de restaurar a un hermano que ha sido sorprendido en alguna falta (Gálatas 6:1).

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Mi pecado ofende a Dios

Este es un punto poco considerado. No olvidemos que el pecado ha entrado en el mundo porque el hombre ha creído en las mentiras del diablo y no en las declaraciones de su Dios y Creador. El diablo sugirió que Dios había mentido, no queriendo el bien del hombre.

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Moisés

Consideremos a Moisés. Habló imprudentemente con sus labios en las aguas de Meriba (Números 20). Y ¿cuál fue el resultado?: El decreto gubernamental de Jehová le prohibió la entrada a la tierra prometida.

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Nicodemo debía dejar atrás muchas cosas

Pero Nicodemo, como muchos otros, debía dejar atrás muchas cosas antes de llegar verdaderamente al conocimiento de Jesús; debía desprenderse de una pesada carga de maquinaria religiosa antes de aprender la divina simplicidad del plan de salvación de Dios. Debía descender de la cumbre del saber rabínico y de la religión tradicional, y aprender el alfabeto del Evangelio en la escuela de Cristo.

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Orar con perseverancia

Todo lo que precede nos conduce naturalmente a otra de estas condiciones morales de la oración, que nos han ocupado hasta aquí. Leamos Lucas 18:1-8. “También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar, diciendo: Había en una ciudad un juez, que ni temía a Dios, ni respetaba a hombre.

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Otros resultados del nuevo nacimiento

Habiendo dicho lo suficiente como para advertir a aquellos que estén en peligro de caer bajo la influencia de dicha línea de argumentación, pasaré a considerar otro aspecto de los resultados de la regeneración: la disciplina en la casa del Padre.

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Pedir con fe

En Mateo 21:22 encontramos otra condición moral esencial para la oración efectiva. “Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis”. ¡Esta es una afirmación verdaderamente maravillosa! Le abre a la fe la tesorería del cielo. No hay ningún límite. Nuestro bendito Señor nos asegura que vamos a recibir lo que pidamos con fe sencilla.

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Peticiones específicas

Leamos en Lucas 11: “¿Quién de vosotros que tenga un amigo, va a él a medianoche y le dice: Amigo, préstame tres panes, porque un amigo mío ha venido a mí de viaje, y no tengo qué ponerle delante; y aquel, respondiendo desde adentro, le dice: No me molestes; la puerta ya está cerrada, y mis niños están conmigo en cama; no puedo levantarme, y dártelos?

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Prélogo del editor

La disciplina en la Iglesia es una necesidad a causa del Santo y Verdadero (Apocalipsis 3:7), quien está en medio de su pueblo. Él, como lo leemos en Habacuc 1:13, es muy limpio de ojos para ver el mal y no puede soportar el agravio. Allí donde el Santo tiene su habitación no es posible permitir que continúe una situación en la que el pecado no sea juzgado.

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Primera carta - En busca de las almas

Querido amigo A.:

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¿Qué es la regeneración?

Muchos se figuran que es un cambio operado en la vieja naturaleza por el influjo del Espíritu Santo. Se cree que este cambio o mejoría se va produciendo de forma gradual hasta que la vieja naturaleza quede completamente exterminada. Esta idea involucra dos errores: (a) En cuanto a la verdadera condición de la vieja naturaleza y (b) respecto de la personalidad del Espíritu Santo.

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¿Qué nos otorga la conversión?

Consideraremos ahora lo que podríamos llamar el lado positivo del gran tema de la conversión. Hemos visto que consiste en volverse de los ídolos, es decir, de todos aquellos objetos que gobernaban nuestro corazón y ocupaban nuestros afectos: las vanidades e insensateces, los deseos y placeres que formaban parte de toda nuestra existencia en los días de nuestra oscuridad y ceguera.

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