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Jesús hombre y Dios
Y después, a medida que seguimos su rastro, vemos que Jesús conoció Getsemaní en su tiempo o en su verdadero carácter, como así también conoció el monte santo en su tiempo, hechos que respectivamente implicaron para su alma una estación de invierno y una de verano. Conoció el pozo de Sicar, como también el camino que le conducía por última vez a Jerusalén.
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Jesús huésped
Además de todo eso, le vemos, en ciertas ocasiones, sentado a la mesa de otros; mas esos momentos solo sirven para ilustrar nuevos rasgos de su perfección. Sentado a la mesa de los fariseos, donde le vemos de vez en cuando, no confiere a ese tipo de reunión el carácter de una escena de familia.
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Jesús, imagen de Dios
Tras la apostasía de Adán, Dios había quedado sin imagen aquí abajo; pero ahora tiene en Cristo una imagen de sí mismo más cabal y brillante que la que jamás Adán hubiera podido reflejar. Jesús dio a conocer lo que Dios era, no a una hermosa creación sino a un mundo arruinado e indigno; él representaba a Dios en gracia, diciendo:
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Jesús nos libera de la culpabilidad
Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad (1 Juan 1:9).
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Jesús nos libera de la ley como medio de ser justificado
El fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree (Romanos 10:4).
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Jesús nos libera de nosotros mismos
Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallar (Mateo 16:24-25).
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Jesús nos libera del mal
La ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte (Romanos 8:2).
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Jesús nos libera del mundo y de Satanás
Esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe (1 Juan 5:4). “Resistid al diablo, y huirá de vosotros” (Santiago 4:7).
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Jesús nos libera para conocer a Dios como nuestro Padre y a Jesús como nuestro Señor
Por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre! Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios… (Gálatas 4:6-7).
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Jesús nos libera para estar al servicio de los demás
A libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros (Gálatas 5:13).
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Jesús nos libera para hacer el bien
El Dios de paz… os haga aptos en toda obra buena para que hagáis su voluntad, haciendo él en vosotros lo que es agradable delante de él por Jesucristo; al cual sea la gloria por los siglos de los siglos (Hebreos 13:20-21).
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Jesús nos libera para ser conducidos por el Espíritu
Donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad (2 Corintios 3:17)
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Jesús, nuestro modelo
Pero prosigamos. Así como Jesús no se excusó delante del juicio de los hombres durante el curso de su ministerio –como lo acabamos de ver– tampoco buscó la compasión del hombre en la hora de su “debilidad”, cuando las potestades de las tinieblas se desencadenaban contra él.
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Jesús pone el hombre a prueba
Finalmente, en sus relaciones con el hombre, las glorias morales que se dejan ver en el ministerio del Señor Jesús son ciertamente espléndidas y excelentes. Él se hallaba constantemente aliviando y sirviendo al hombre en todas las variedades de su miseria, a la vez que manifestaba la condición de este haciéndole ver que tenía una naturaleza perdida, rebelde y apóstata.
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Jesús saquea a Satanás
Así comienzan las relaciones de Jesús con Satanás. Después de esto, el Señor entra en la casa del enemigo y saquea sus bienes. Esta casa es el mundo, y allí el Señor, en su ministerio, es visto disipando las nubes diversas y densas del poder del enemigo.
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Jesús se acerca
Pero en el carácter de nuestro Señor hay otras combinaciones que debemos considerar. Alguien dijo de él: «Fue el hombre de mayor gracia, el más accesible que jamás hubo». Y, en efecto, vemos en su manera de ser una ternura y una bondad nunca vistas en otros hombres y, sin embargo, vemos que siempre fue “un extraño” en la tierra. ¡Cuán cierto es esto!
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Jesús vence a Satanás
En cuanto a Satanás, Jesús le encuentra primeramente, y en el momento oportuno, como tentador. En el desierto, el enemigo procuró impregnar a Jesús con aquellas corrupciones morales que con tanto éxito había logrado implantar en Adán y en la naturaleza humana. La victoria obtenida sobre el tentador era la introducción justa y necesaria a todos los trabajos y actos del Señor.
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La alabanza y la adoración
Centrarse sólo en Dios Ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre (Hebreos 13:15).
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La confesión y la humillación
Hablar a Dios de nuestros pecados Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad (1 Juan 1:9).
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La espera en Dios
Abrir nuestro corazón a Dios Bueno es Jehová a los que en él esperan, al alma que le busca. Bueno es esperar en silencio la salvación de Jehová (Lamentaciones 3:25-26).
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La fe que entiende al Salvador
En el capítulo 1 de Marcos, muchos se ven beneficiados por el ministerio de gracia y de poder del Señor. Personas enfermas que padecían toda suerte de males acuden a él; multitudes le escuchan y reconocen la autoridad con que hablaba; un leproso viene a él con su mal, reconociéndole así como el Dios de Israel.
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La fe recompensada
Así como nuestro Maestro respondió con gozo al pedido del más osado en cuanto a la fe, nunca rehusó contestar la petición del débil.
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La gavilla mecida
Hay más aun en cuanto a esta perfección. Jesús nos es presentado también bajo otros aspectos diferentes. A veces es el menospreciado y desdeñado, acechado y aborrecido por los adversarios, obligado a retirarse –por decirlo así– a fin de res guardar su vida de las intenciones y tentativas de ellos.
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La gloria moral debe preceder el reino
Y lo mismo vemos en el capítulo 12 de Juan: el Señor nos hace saber que la manifestación de la gloria moral debe preceder al reino. Él sin duda pronto ha de resplandecer en la gloria del trono; los gentiles vendrán entonces a Sion y verán al Rey en su hermosura; pero, antes de que eso pueda tener lugar, la gloria moral debe ser manifestada en toda su plenitud y pureza.
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