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¿Qué diferencia hay entre los dos casos?
Ahora bien, ¿cuál de estas dos familias le parece que estaba más salva? Tal vez diga que la segunda, cuyos miembros gozaban de la tranquilidad que les daba la confianza en Dios.
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¿Qué doctrina tienen estos cristianos?
Ellos tienen única y exclusivamente la doctrina de la Palabra de Dios. Reconocen que la Biblia (el Antiguo y el Nuevo Testamento) es en su totalidad la Revelación dada por Dios. Esta Palabra debe ser la única base de sus enseñanzas y la única guía para todos los asuntos de su vida.
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¿Qué había en el principio?
Los primeros cristianos se reunían en el nombre de Jesús según Su palabra: "Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos "(Mateo 18:20). En el transcurso de los siglos esta cita a menudo ha sido interpretada de una manera no conforme a la Palabra de Dios.
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¿Qué naturaleza satisfacer?
Hemos visto la convivencia de dos naturalezas que, debido a su diferencia de origen, tienen gustos completamente distintos; existen, pues, “las cosas de la carne” y “las cosas del “Espíritu” (v. 5). No olvidemos que estas dos naturalezas reclaman a diario ser satisfechas, conforme a sus respectivas necesidades.
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¿Quiénes son esos cristianos?
Son hombres y mujeres que han venido a la cruz con sus pecados; personas que han encontrado en Jesús el perdón, la paz y la vida eterna. En ellas el Espíritu de Dios ha producido una vida nueva, la vida de Dios, por medio de su Palabra. No sólo llevan el nombre de cristianos, sino que verdaderamente han nacido de nuevo.
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Reacción del hombre natural
La fe, sin embargo, se siente cómoda en su presencia. El dios de este mundo ciega los pensamientos de los incrédulos para que no les resplandezca esta gloria ni puedan gozar de ella, en tanto que la fe la recibe con felicidad. Tal es la historia de la gloria aquí en la tierra, entre los hombres.
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Renunciamientos
Renunciar a Egipto no es ociosidad; tampoco es un desperdicio quebrar un frasco de perfume sobre la cabeza de Jesús, aunque vemos que entre los hijos de los hombres –e incluso muy a menudo entre los santos de Dios– se juzga estas cosas de tal manera.
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Respuestas a las necesidades
Todo esto es muy peculiar y característico; sin embargo, no es sino parte de la gloria moral del hombre, del hombre perfecto, Jesús, en sus relaciones con el mundo. Él fue vencedor, hombre de dolores y bienhechor, estuvo en el mundo sin ser del mundo.
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Salgamos, pues, a él, fuera del campamento
En realidad no hemos sido llevados a cosas visibles, terrenales, ni a valores mundanos. El tiempo de servir en el Tabernáculo erigido por el hombre ha pasado. Las figuras han cedido su lugar a la realidad.
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¿Son mejores que otros?
No, estos cristianos en sí no son mejores. Alaban a Dios, quien por gracia los ha salvado, los guarda y restaura cuando han pecado. Saben que “la carne”, la vieja e incorregible mala naturaleza, todavía mora en ellos y que pueden deshonrar mucho a su Señor por falta de vigilancia.
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Su humanidad
Del Señor Jesús se ha dicho que «su humanidad fue perfectamente natural en su desarrollo». Es esta una declaración muy hermosa y verdadera. Si fuera preciso lo demostraría el versículo 52 del capítulo 2 de Lucas.
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Su persona, nuestro todo
«El privilegio de nuestra fe cristiana» –ha escrito alguien– «el secreto de su poder, consiste en esto: todo lo que ella posee, todo lo que ella ofrece, se halla resumido en una persona.
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Subo a mi Padre y a vuestro Padre
Como un testimonio más humilde aun de su plena fidelidad a todas sus promesas, el Salvador se encuentra con los suyos en Galilea, tal como les había prometido; y, como una expresión más completa de la misma fidelidad, los lleva al Padre, al cielo, como también les había prometido, enviándoles este mensaje: “Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios” (Juan 20:17).
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Sugerencia de Pedro
También en el capítulo 16 de Mateo vemos a Pedro manifestando un tierno afecto y un fuerte apego por su maestro: “Señor” –le dice– “ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca”, pero Jesús juzgó las palabras de Pedro solamente según su valor moral. Cuán duro, por cierto, es para nosotros actuar así cuando se nos trata de una manera tan agradable.
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Tiempo de guardar y tiempo de desechar
He aquí cómo nuestro Señor observaba la divina regla que dice “Hay tiempo de guardar, y tiempo de desechar”. Si la prodigalidad en el servicio para Dios y en la adoración a él no es estimada como desperdicio, las migajas mismas del alimento humano tampoco lo serán.
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“Todo aquel que es nacido de Dios… no puede pecar”
Observemos que con el “no puede pecar” no se trata de una cosa extraordinaria que sólo se realiza en unas pocas personas que, como se dice, «tienen fe por ello». Esta afirmación abarca a todos los que han nacido de nuevo: “Todo aquel que es nacido de Dios…”
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Un joven que se apoya en sus sentimientos
Veamos otro ejemplo. Un joven debe recibir una gran fortuna; para ello la única condición que se le exige es ser mayor de edad. Una mañana el padre le dice:
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Un ministerio de suma constancia
Quisiera destacar, además, que en los caracteres que el Señor Jesús revistió durante el curso de su ministerio (ya sea por una ocasión solamente o por un momento pasajero), vemos la misma perfección y la misma gloria moral que en la senda que atravesó cada día.
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Un pescador convencido de pecado
Pedro fue convencido de pecado en ocasión de la pesca milagrosa, o sea antes de la resurrección. Pedro el pescador vino a ser a sus propios ojos Pedro el pecador: Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador (Lucas 5:8).
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Una fe verdadera
Tal vez el lector diga: «¿Cómo puedo estar seguro de que tengo la verdadera fe?». A esta pregunta solo cabe responder de la siguiente manera: ¿Confía usted en el verdadero Salvador, es decir, en el bendito Hijo de Dios?
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Una ilustración doméstica
La siguiente historia nos podrá servir de ilustración: Una campesina que deseaba tener patitos, puso a una gallina a empollar huevos de pata; después de una semana se dio cuenta de que un enemigo de la clueca había destruido la mayor parte de los huevos. Entonces decidió reemplazarlos por huevos de gallina.
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Una joven y su problema
–Creo verdaderamente en él –me dijo con cierta tristeza una joven–; sin embargo, no me atrevo a decir que soy salva por temor a mentir. Esta joven era hija de un carnicero y su padre había ido aquel día a la feria.
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Una vida nueva
La fe en el Señor Jesús, “el cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación” (Romanos 4:25), nos asegura no solamente que estamos al abrigo del juicio, que no pereceremos, sino también que desde ahora tenemos la vida eterna.
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