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The Mackintosh Treasury

La perfección en el carácter de nuestro servicio

“No he hallado tus obras perfectas (pepleromena) delante de Dios” (Apocalipsis 3:2). El lector debe advertir que la palabra original traducida perfecto en este pasaje, no es la misma que aparece en los pasajes que hemos estado considerando. A menudo se traduce como «lleno», «completo», «cumplido».

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La posición del cristiano

Este punto, en nuestro capítulo, se halla desarrollado de manera doble. No solo se nos dice lo que es la posición del cristiano, sino también lo que no es. Si alguna vez ha existido un hombre que pudiera jactarse de tener su propia justicia con la cual estar delante de Dios, ese ha sido Pablo.

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La predicación de Pablo en la sinagoga de Antioquía de Pisidia

Escuchemos un momento a nuestro apóstol mientras cumple su bendita comisión en la sinagoga de Antioquía de Pisidia. Por mucho que quisiéramos citar todo este precioso discurso, nuestro limitado espacio solo nos permite transcribir el poderoso llamamiento que hace al final.

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La realidad del infierno debe impulsarnos a hablar de Cristo diligentemente

¡Que el Espíritu de Dios imprima más y más en nuestros corazones la solemnidad de la eternidad y de las almas inmortales que descienden al infierno! Es deplorable nuestra falta de sentimientos respecto a estas tremendas realidades.

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La reforma de Josías

Vamos a considerar ahora la gran obra para la cual Josías fue levantado; pero antes de hacerlo, pedimos al lector que observe con particular atención las palabras que ya hemos citado:

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La responsabilidad de arrepentirse y creer a Dios se enseña en toda la Biblia

Pero, por otra parte, al lado de todo esto, y enseñado con igual fuerza y claridad, está la solemne e importante verdad de la responsabilidad del hombre. En la Creación, Dios se dirige al hombre como a un ser responsable, pues tal indudablemente lo es. Y además, su responsabilidad, en cada caso, es medida por la luz y los beneficios que le fueron dados.

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La resurrección en la predicación de los apóstoles

Escuchemos a Pedro en el día de Pentecostés, o más bien al Espíritu Santo, a quien el Salvador resucitado, ascendido y glorificado envió a la tierra: “Varones israelitas, oíd estas palabras: Jesús nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio de él, como vosotros mismos sabéis; a este, entregado por el determinado

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La resurrección en la predicación del apóstol Pablo

Escuchemos un momento el mensaje de Pablo en la sinagoga de Antioquía: “Varones hermanos, hijos del linaje de Abraham, y los que entre vosotros teméis a Dios, a vosotros es enviada la palabra de esta salvación. Porque los habitantes de Jerusalén y sus gobernantes, no conociendo a Jesús, ni las palabras de los profetas que se leen todos los días de reposo, las cumplieron al condenarle.

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La resurrección en las Epístolas

Volvamos nuestra atención por unos momentos a las Epístolas, y veamos la maravillosa manera en que el Espíritu Santo despliega y aplica el hecho de la resurrección. Pero antes de hacerlo, queremos llamar la atención del lector sobre un pasaje que lamentablemente es mal entendido y mal aplicado. El apóstol, al escribir a los corintios, dice:

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La segunda cruz

Es muy evidente que el Espíritu de Dios, en el evangelista Lucas, empieza su narración tocante al ladrón arrepentido en el momento justo en que un trabajo divino había comenzado realmente en su corazón. Mateo y Marcos lo presentan como un malhechor que blasfema. Difícilmente podamos concebir un nivel más bajo de depravación moral que el que se describe en estos dos evangelios.

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La tercera cruz

Vamos a considerar ahora, por un breve instante, la tercera cruz. ¿Qué vemos en ella? ¿Un pecador culpable? No simplemente eso. El ladrón arrepentido era eso. Ambos estaban en la misma condenación. Nadie tiene por qué ir al infierno simplemente porque es un pecador, puesto que “Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores”, aun al “primero” (1 Timoteo 1:15).

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La tradición

Querido lector, ¿qué debemos hacer entonces? ¿Adónde debemos recurrir? Si la Biblia no es el manual divino y, por tanto, no es plenamente suficiente, ¿qué queda? Algunos nos sugerirán que recurramos a la tradición. ¡Ay, qué guía miserable!

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La unidad del cuerpo en la práctica

En este punto nos parece apropiado formular la siguiente pregunta: ¿Cuál debería ser la actitud de los cristianos respecto de la gran verdad fundamental de la unidad del cuerpo? No puede cuestionarse que se trata de una verdad claramente establecida en el Nuevo Testamento.

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La verdad de la unidad del cuerpo de Cristo

Creemos que es sumamente importante insistir en este principio: que solo podemos creer una doctrina sobre la base de que está revelada en la Palabra de Dios. De esta forma creemos todas las grandes verdades del cristianismo. Todo lo que conocemos y creemos en el orden espiritual, celestial o divino es porque está revelado en la Palabra de Dios. ¿Cómo sé que soy un pecador?

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Las apariencias externas no impiden que la verdad de la unidad pueda ponerse en práctica

Y ahora, querido lector cristiano, veamos la aplicación de todo esto para nuestro tiempo. ¿Cree de todo corazón, conforme a la autoridad divina, en la doctrina de la unidad del cuerpo de Cristo? ¿Cree que existe ese cuerpo hoy día sobre la tierra, unido a su Cabeza divina y viva en el cielo por el Espíritu Santo?

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Las otras dos cruces

Dos malhechores

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“Las Sagradas Escrituras”

Vayamos ahora a 2 Timoteo 3:14-17.

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Limpieza de la idolatría

Es bueno que recordemos esto. Lo que Dios planta, se arraiga profundamente, y a menudo crece lentamente. Josías “comenzó a buscar a Dios” cuatro años antes de comenzar su obra en público. Primero tenía que haber una base firme de auténtica piedad personal, para luego poder construir sobre ella el servicio activo. Esto era sumamente necesario. Josías tenía que hacer un gran trabajo.

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Lo que implica estar en Cristo

¿Está usted en Cristo? ¿Cree en su Nombre? ¿Ha depositado toda su confianza en él? Si es así, tiene “vida eterna”, es una “nueva criatura”, “las cosas viejas pasaron”. Dios no ve el menor rastro de lo viejo en nosotros. “Todo se ha hecho nuevo. Y todas las cosas son de Dios” (2 Corintios 5:17-18, V. M.). Usted puede decir que no siente que todas las cosas viejas hayan pasado.

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Lo que implica tener vida eterna

Solo nos queda ahora por ponderar la última cláusula de la fructífera porción de la Escritura que ha sido objeto de nuestra consideración (Juan 3:16). Expresa el resultado positivo, en cada caso, de la fe sencilla en el Hijo de Dios. Declara, del modo más sencillo y claro, que todo el que cree en el Señor Jesucristo es poseedor de vida eterna.

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Los apóstoles y la gran comisión

Volvámonos un momento a los Hechos de los Apóstoles, y veamos cómo los embajadores de Cristo cumplieron la segunda parte de Su bendita comisión. Oigamos al apóstol de la circuncisión dirigiéndose a los judíos en el día de Pentecostés. No citaremos todo el pasaje; sino solo la breve aplicación final:

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Los dos Adanes

Pero puede que el lector todavía encuentre dificultades y escollos en torno a este tema tan importante. Quizás todavía no consiga comprender lo que significa la expresión “en la carne”. Si es así, le recordamos que la Escritura habla de dos hombres: “El primer hombre” y “el segundo hombre” (1 Corintios 15:47). Estos dos hombres se presentan como las cabezas de dos razas distintas.

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Los que rechazan el mensaje del Evangelio

Pero ¿qué sucede con los que rechazan este glorioso mensaje, los que cierran sus oídos y apartan sus corazones de él? Esta es una pregunta solemne. ¿Quién puede contestarla? ¿Quién puede intentar expresar el destino eterno de los que mueren en sus pecados, como de hecho habrán de morir todos aquellos que rechazan la única base de perdón divina?

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Los términos de la gran comisión: arrepentimiento y perdón de pecados

“Y les dijo: Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos.

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