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Estudio sobre el libro del Deuteronomio I
Primera parte
El libro del Deuteronomio tiene un carácter tan propio como cualquiera de las cuatro secciones anteriores del Pentateuco. Por su título podríamos suponer que este es una simple repetición de los anteriores, pero eso sería un error. Una cosa así no ocurre en la Palabra de Dios; Él nunca se repite. Dondequiera que le discernamos, sea en una página de la Sagrada Escritura o en el amplio campo de la creación, vemos una variedad infinita, una plenitud divina, un plan definido. Nuestra facultad para discernir y apreciar tales cosas será proporcional a nuestra espiritualidad. En esto, como en todo, es necesario que nuestros ojos estén ungidos con colirio celestial.
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Estudio sobre el libro del Deuteronomio II
Segunda parte
El libro del Deuteronomio tiene un carácter tan propio como cualquiera de las cuatro secciones anteriores del Pentateuco. Por su título podríamos suponer que este es una simple repetición de los anteriores, pero eso sería un error. Una cosa así no ocurre en la Palabra de Dios; Él nunca se repite. Dondequiera que le discernamos, sea en una página de la Sagrada Escritura o en el amplio campo de la creación, vemos una variedad infinita, una plenitud divina, un plan definido. Nuestra facultad para discernir y apreciar tales cosas será proporcional a nuestra espiritualidad. En esto, como en todo, es necesario que nuestros ojos estén ungidos con colirio celestial.
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Vida Cristiana
La canasta del adorador
Para llenar su canasta (Deuteronomio 26) es necesario:1. Haber “entrado en la tierra”: En Cristo podemos decir que hemos penetrado ya en el cielo; bendecidos “con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo”, porque “Dios... nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús” (Efesios 1:3; 2:4-6).
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Ahora… Israel… oye
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Retrospectiva del camino en el desierto
En los capítulos 1 a 4 encontramos el primero de los cuatro discursos que Moisés hizo al pueblo a este lado del Jordán. “Estas son las palabras que habló Moisés a todo Israel a este lado del Jordán en el desierto, en el Arabá frente al mar Rojo, entre Parán, Tofel, Labán, Hazerot y Dizahab. Once jornadas hay desde Horeb, camino del monte de Seir, hasta Cades-barnea” (v. 1-2).
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Volveos al norte
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El gobierno de Dios - Og, rey de Basán
Moisés continuó: “Volvimos, pues, y subimos camino de Basán, y nos salió al encuentro Og rey de Basán para pelear, él y todo su pueblo, en Edrei. Y me dijo Jehová: No tengas temor de él, porque en tu mano he entregado a él y a todo su pueblo, con su tierra; y harás con él como hiciste con Sehón rey amorreo, que habitaba en Hesbón.
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