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El pecado

Las hierbas amargas de la Pascua simbolizan la contrición del alma que siente la amargura de haber causado, con sus pecados, el sufrimiento de Cristo. En relación con la Cena, somos exhortados a juzgarnos a nosotros mismos. Pero aquí se trata de un ejercicio más profundo todavía. Para Israel, este ejercicio está predicho y detallado en Zacarías 12:10-14 e Isaías 53.

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El poder

El que ha sido rescatado por Cristo tiene naturalmente el deseo de vivir para su Señor. Desgraciadamente, no tarda en experimentar que en sí no tiene ninguna fuerza para llevar una vida santa y pura, de manera que el bien que quiere, no lo practica; el mal que no quiere, lo hace (Romanos 7:19).

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El propiciatorio

En la Pascua, la sangre que estaba en las puertas era el fundamento de la salvación. Dios veía la sangre y podía salvar al pueblo. En el día de la expiación, la sangre llevada al santuario permitía a Dios mantener las relaciones con su pueblo. Pero la sangre de animales jamás podía quitar los pecados (Hebreos 10:1-4).

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El real sacerdocio

Estos capítulos del Levítico nos mostraron cómo los israelitas llevaban ofrendas a Dios. Ahora, los creyentes somos piedras vivas; somos edificados como casa espiritual, como sacerdocio santo para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo.

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El recuerdo

Pero la Cena es más especialmente el recuerdo del Señor: Haced esto en memoria de mí.

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El sacrificio de la cruz

Si bien el amado Hijo del Padre vino como hombre a este mundo, no fue solamente para llevar una vida perfecta, toda ella para gloria de Dios, sino para cumplir por medio de su muerte la obra de nuestra salvación. Ningún hombre podía pagar el rescate por otros, estando él mismo ya condenado. Sólo Jesús podía pagarlo, y vino para hacerlo.

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El sello

“Dios… nos ha sellado” (2 Corintios 1:21-22). “Fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa”; el Espíritu Santo “con el cual fuisteis sellados para el día de la redención” (Efesios 1:13; 4:30). Dios ha puesto así su Espíritu sobre nosotros como un sello, una marca indeleble de que procedemos de Él y somos suyos por los siglos.

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El Tabernáculo de reunión fuera del campamento

El campamento del pueblo conducido por Moisés había estado bajo los cuidados de la gracia divina desde la salida de Egipto hasta el Sinaí. A continuación ese pueblo había recibido la ley moral (Éxodo 19 al 24) y se había comprometido a cumplirla.

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El vínculo

El Espíritu une a los creyentes en un solo cuerpo con Cristo (1 Corintios 12:13). Por medio de Cristo “los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre” (Efesios 2:18). En el Señor somos “juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu” (Efesios 2:22).

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Elementos de la ofrenda vegetal

La flor de harina

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¿En qué consiste el culto?

Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.

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¿Esto no acarrea desorden?

“Dios no es Dios de confusión, sino de paz” (1 Corintios 14:33). Los creyentes que son conscientes de su debilidad y se ponen bajo la dirección del Espíritu Santo experimentan cuán fiel es el Señor a su promesa: “Allí estoy yo en medio de ellos”.

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Hebreos 13:13-14

En el principio, la Iglesia estaba constituida por un pequeño número de creyentes que tenía la belleza moral de la misma. Y, si queremos percatarnos realmente de lo que es la situación actual y sacar las consecuencias de ello, precisamos nada menos que volver a ese principio de la Historia de la Iglesia tal como nos lo describen los primeros capítulos del libro de los Hechos.

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Introducción

El tema propuesto hoy para nuestra meditación interesa en alto grado a nuestra 

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Jeremías 15

Podremos ser útiles a alguien que se halle en un lugar como Tiatira y que verdaderamente posea la vida de Dios, pero podría ser que fuésemos en contra del pensamiento de Dios si le constriñésemos a dejar ese lugar; no sabemos cuál sea el propósito de Dios respecto a eso.

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Justificado, hijo muy amado

El creyente, lavado de sus pecados, nacido de nuevo, se encuentra a partir de entonces en una posición muy segura. Es liberado de la culpabilidad que pesaba sobre él, pero, más aún, es justificado positivamente, declarado justo.

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La caída, la muerte, el juicio

La criatura sólo puede estar en una relación de dependencia respecto a su creador. La Biblia nos dice que al primer hombre Dios sólo le prohibió una cosa. Puesto en Edén, un jardín de delicias, Adán disponía libremente de todo, salvo del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal, del cual no debía comer bajo pena de muerte.

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La celebración de los cristianos

Los judíos celebraban la pascua en recuerdo de la liberación de Egipto. Solo el israelita de nacimiento, debidamente circuncidado, era admitido para comer el cordero asado al fuego. Si un extranjero quería participar de esta comida, debía ser circuncidado y aceptar todo lo que marcaba la posición de separación de Israel.

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La disciplina

Existen diversas responsabilidades en relación con la Cena. Primeramente la de participar de ella. Luego la de juzgarse a sí mismo y discernir el cuerpo. La de no traer levadura que manche a la iglesia, a “toda la masa”. Finalmente la responsabilidad de la iglesia en cuanto a limpiarse “de la vieja levadura”, a quitar “a ese perverso de entre vosotros”.

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La distracción

¡Qué poderosa es esta arma en las manos del enemigo para hacernos perder los beneficios del culto y de la reunión de oración!

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La expiación

Durante tres horas las tinieblas envolvieron la tierra y, en el aislamiento de esta obscuridad, el Salvador padeció todo lo que merecían los pecados de los cuales voluntariamente se había hecho cargo. Dice proféticamente:

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La expresión de la unidad del Cuerpo

Vale la pena leer cuidadosamente todo el pasaje de 1 Corintios 10:14-22 y considerarlo con el contexto anterior y posterior. Desde el capítulo 8, el apóstol condena la idolatría y las cosas sacrificadas a los ídolos. Después de varios paréntesis, vuelve a ella más particularmente en nuestro versículo 14: “Por tanto, amados míos, huid de la idolatría”.

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La fe que recibe el don de Dios

«¿Y qué debo hacer –preguntará usted– para obtener su perdón?» ¿Qué hacer? Nada. No podemos hacer nada; sólo tenemos que creer. La gracia es un don libre que no requiere nada a cambio (Romanos 4:3-5). «Hacer» es el vocablo del hombre orgulloso, quien no quiere convenir en que su incapacidad es total y querría añadir algo de él mismo a la obra perfecta de Dios.

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La fiesta de los Tabernáculos a través de los tiempos

Al llegar a Canaán, muy pronto Israel olvidó que había sido extranjero en Egipto y peregrino en el desierto. En realidad, solo tres veces encontramos la fiesta de los Tabernáculos celebrada según la ordenanza.

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