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The Mackintosh Treasury
La perfección en cuanto a la conciencia
Creemos que el primer gran aspecto de la perfección cristiana se encuentra en el capítulo 9 de la epístola a los Hebreos, y puede denominarse perfección en cuanto a la conciencia: “Lo cual es símbolo para el tiempo presente, según el cual se presentan ofrendas y sacrificios que no pueden hacer perfecto (teleiosai), en cuanto a la conciencia, al que practica ese culto” (Hebreos
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La perfección en el andar
Se define en Mateo 5:48: “Sed, pues, vosotros perfectos (teleioi), como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto”. Ahora bien, uno puede preguntar: ¿Cómo podemos ser perfectos como nuestro Padre que está en los cielos? ¿Cómo podemos alcanzar un fin tan elevado, una norma tan alta?
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La perfección en el carácter de nuestro servicio
“No he hallado tus obras perfectas (pepleromena) delante de Dios” (Apocalipsis 3:2). El lector debe advertir que la palabra original traducida perfecto en este pasaje, no es la misma que aparece en los pasajes que hemos estado considerando. A menudo se traduce como «lleno», «completo», «cumplido».
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La posición del cristiano
Este punto, en nuestro capítulo, se halla desarrollado de manera doble. No solo se nos dice lo que es la posición del cristiano, sino también lo que no es. Si alguna vez ha existido un hombre que pudiera jactarse de tener su propia justicia con la cual estar delante de Dios, ese ha sido Pablo.
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La predicación de Pablo en la sinagoga de Antioquía de Pisidia
Escuchemos un momento a nuestro apóstol mientras cumple su bendita comisión en la sinagoga de Antioquía de Pisidia. Por mucho que quisiéramos citar todo este precioso discurso, nuestro limitado espacio solo nos permite transcribir el poderoso llamamiento que hace al final.
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La realidad del infierno debe impulsarnos a hablar de Cristo diligentemente
¡Que el Espíritu de Dios imprima más y más en nuestros corazones la solemnidad de la eternidad y de las almas inmortales que descienden al infierno! Es deplorable nuestra falta de sentimientos respecto a estas tremendas realidades.
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La reforma de Josías
Vamos a considerar ahora la gran obra para la cual Josías fue levantado; pero antes de hacerlo, pedimos al lector que observe con particular atención las palabras que ya hemos citado:
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La responsabilidad de arrepentirse y creer a Dios se enseña en toda la Biblia
Pero, por otra parte, al lado de todo esto, y enseñado con igual fuerza y claridad, está la solemne e importante verdad de la responsabilidad del hombre. En la Creación, Dios se dirige al hombre como a un ser responsable, pues tal indudablemente lo es. Y además, su responsabilidad, en cada caso, es medida por la luz y los beneficios que le fueron dados.
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La resurrección en la predicación de los apóstoles
Escuchemos a Pedro en el día de Pentecostés, o más bien al Espíritu Santo, a quien el Salvador resucitado, ascendido y glorificado envió a la tierra: “Varones israelitas, oíd estas palabras: Jesús nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio de él, como vosotros mismos sabéis; a este, entregado por el determinado
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La resurrección en la predicación del apóstol Pablo
Escuchemos un momento el mensaje de Pablo en la sinagoga de Antioquía: “Varones hermanos, hijos del linaje de Abraham, y los que entre vosotros teméis a Dios, a vosotros es enviada la palabra de esta salvación. Porque los habitantes de Jerusalén y sus gobernantes, no conociendo a Jesús, ni las palabras de los profetas que se leen todos los días de reposo, las cumplieron al condenarle.
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La resurrección en las Epístolas
Volvamos nuestra atención por unos momentos a las Epístolas, y veamos la maravillosa manera en que el Espíritu Santo despliega y aplica el hecho de la resurrección. Pero antes de hacerlo, queremos llamar la atención del lector sobre un pasaje que lamentablemente es mal entendido y mal aplicado. El apóstol, al escribir a los corintios, dice:
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La santificación
Esta presencia del Espíritu Santo en el creyente impone una separación práctica del mal. ¿“Ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo” (1 Corintios 6:19-20).
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La segunda cruz
Es muy evidente que el Espíritu de Dios, en el evangelista Lucas, empieza su narración tocante al ladrón arrepentido en el momento justo en que un trabajo divino había comenzado realmente en su corazón. Mateo y Marcos lo presentan como un malhechor que blasfema. Difícilmente podamos concebir un nivel más bajo de depravación moral que el que se describe en estos dos evangelios.
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La tercera cruz
Vamos a considerar ahora, por un breve instante, la tercera cruz. ¿Qué vemos en ella? ¿Un pecador culpable? No simplemente eso. El ladrón arrepentido era eso. Ambos estaban en la misma condenación. Nadie tiene por qué ir al infierno simplemente porque es un pecador, puesto que “Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores”, aun al “primero” (1 Timoteo 1:15).
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La tradición
Querido lector, ¿qué debemos hacer entonces? ¿Adónde debemos recurrir? Si la Biblia no es el manual divino y, por tanto, no es plenamente suficiente, ¿qué queda? Algunos nos sugerirán que recurramos a la tradición. ¡Ay, qué guía miserable!
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La unción
Dios nos ha ungido con el Espíritu como con un aceite de consagración para servirle, para conocer las cosas profundas de Dios, para recibir y comunicar sus pensamientos (2 Corintios 1:21; 1 Corintios 2:10-15; 1 Juan 2:20, 27).
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La unidad del cuerpo en la práctica
En este punto nos parece apropiado formular la siguiente pregunta: ¿Cuál debería ser la actitud de los cristianos respecto de la gran verdad fundamental de la unidad del cuerpo? No puede cuestionarse que se trata de una verdad claramente establecida en el Nuevo Testamento.
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La verdad de la unidad del cuerpo de Cristo
Creemos que es sumamente importante insistir en este principio: que solo podemos creer una doctrina sobre la base de que está revelada en la Palabra de Dios. De esta forma creemos todas las grandes verdades del cristianismo. Todo lo que conocemos y creemos en el orden espiritual, celestial o divino es porque está revelado en la Palabra de Dios. ¿Cómo sé que soy un pecador?
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Las apariencias externas no impiden que la verdad de la unidad pueda ponerse en práctica
Y ahora, querido lector cristiano, veamos la aplicación de todo esto para nuestro tiempo. ¿Cree de todo corazón, conforme a la autoridad divina, en la doctrina de la unidad del cuerpo de Cristo? ¿Cree que existe ese cuerpo hoy día sobre la tierra, unido a su Cabeza divina y viva en el cielo por el Espíritu Santo?
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Las arras
Dios “nos ha dado las arras del Espíritu en nuestros corazones”. “Dios, quien nos ha dado las arras del Espíritu” (2 Corintios 1:22; 5:5). El Espíritu Santo de la promesa “que es las arras de nuestra herencia” (Efesios 1:14). El Espíritu Santo, en nuestros corazones, es a la vez una garantía y un anticipo de nuestras futuras bendiciones en la gloria.
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Las otras dos cruces
Dos malhechores
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“Las Sagradas Escrituras”
Vayamos ahora a 2 Timoteo 3:14-17.
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Limpieza de la idolatría
Es bueno que recordemos esto. Lo que Dios planta, se arraiga profundamente, y a menudo crece lentamente. Josías “comenzó a buscar a Dios” cuatro años antes de comenzar su obra en público. Primero tenía que haber una base firme de auténtica piedad personal, para luego poder construir sobre ella el servicio activo. Esto era sumamente necesario. Josías tenía que hacer un gran trabajo.
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Lo que implica estar en Cristo
¿Está usted en Cristo? ¿Cree en su Nombre? ¿Ha depositado toda su confianza en él? Si es así, tiene “vida eterna”, es una “nueva criatura”, “las cosas viejas pasaron”. Dios no ve el menor rastro de lo viejo en nosotros. “Todo se ha hecho nuevo. Y todas las cosas son de Dios” (2 Corintios 5:17-18, V. M.). Usted puede decir que no siente que todas las cosas viejas hayan pasado.
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