Capítulo 12
Poder en la debilidad
“Un hombre en Cristo” es alguien que ya no anda “conforme a la carne” (Romanos 8:1), es decir, sobre quien la carne perdió sus derechos. “Nueva criatura es” (cap. 5:17). Su posición ante Dios es la de Cristo mismo y, por la fe, ya ocupa esa posición en el cielo. Pero Pablo fue arrebatado realmente hasta el cielo durante un momento inolvidable. Y ¿qué le ocurrió en el paraíso? Oyó el lenguaje del cielo, que no puede ser traducido a los idiomas de los hombres (v. 4). ¡Qué favor extraordinario! Pero esa experiencia única constituía un certero peligro para el apóstol. Para evitar que se enorgulleciera, le fue dado “un aguijón” en su “carne”: tal vez una penosa dolencia que tendía a volverle menos apreciable en su predicación oral (véase 10:1, 10; Gálatas 4:14). El apóstol ruega: Señor, quítamelo, si no mi servicio sufrirá por ello…
Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad,
fue la contestación del Señor. Contrariamente a las apariencias, ese aguijón era un resultado de esa gracia. Servía a Pablo para subyugar la naturaleza pecaminosa que estaba en él. Sí, para el que vive por la fe, las dolencias y las pruebas son valiosas, pues contribuyen a volver débil al hombre carnal para dejar que el poder de Dios se manifieste (v. 9-10; cap. 4:7).
Pablo desea tocar el corazón y la conciencia
¡Qué sentía el apóstol Pablo al oír las suposiciones que se hacían a su respecto, los motivos interesados y las astucias que se le atribuían! (v. 14, 16; cap. 7:2-3; comp. Hechos 20:33). Todo al contrario: por una conducta irreprochable, juntamente con sus compañeros de obra, no había dejado de andar “en las mismas pisadas” de Cristo (v. 18). Si responde largamente a esas calumnias, no es para justificarse, sino porque tiene en vista “la edificación” de sus amados corintios (v. 19; 1 Corintios 14:26, final). Efectivamente, no reconocer el ministerio del apóstol venía a ser lo mismo que rechazar también la autoridad de la divina Palabra que él anunciaba. Hoy en día ¡cuántos supuestos cristianos rechazan tal o cual parte de la Palabra, particularmente las epístolas de Pablo! Los versículos 20 y 21 muestran a qué pecados conduce esa negligencia y ese menosprecio.
Así, en este capítulo hallamos el más glorioso estado al cual puede ser elevado un cristiano… y la más miserable condición en la que puede caer… ¡Qué contraste entre esa elevación al tercer cielo y esa vil degradación carnal! ¡Y el cristiano es capaz de ambas cosas! ¡Qué lección y advertencia para cada creyente!
