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The Mackintosh Treasury

El ministerio de Cristo en el presente

Y ahora pasaremos del ministerio que Cristo llevó a cabo por nosotros en el pasado al que está haciendo hoy por nosotros continuamente en la presencia de Dios. Este servicio nos es presentado, de una manera sumamente bendita, en la primera parte del capítulo 13 de Juan. La misma gracia preciosa resplandece aquí como en todo lo que hemos estado considerando.

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El remanente judío

Mateo 24:1-44 forma parte de uno de los discursos más profundos y de mayor alcance que hayan entrado jamás en oídos humanos; es un discurso que abarca el destino del remanente judío, la historia del cristianismo y el juicio de las naciones. Ya hemos echado un vistazo al último de dichos puntos.

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Introducción

El lector atento del Nuevo Testamento hallará ante sus ojos, tres hechos solemnes y de mucho peso: primero, que el Hijo de Dios vino a este mundo y luego se fue nuevamente al cielo; segundo, que el Espíritu Santo ha descendido a esta tierra y está aquí todavía; y, tercero, que el Señor Jesús vendrá de nuevo.

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La acción de nuestro Señor con respecto a los suyos en el mundo

Consideremos primero la acción misma. Debemos tener en cuenta que lo que se nos presenta aquí no es “el lavamiento de la regeneración” (Tito 3:5). Esta obra pertenece a la primera etapa del servicio de Cristo a favor de nosotros.

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La compasión de Jesús: se estremeció, se conmovió y lloró

Ya nos hemos dado cuenta de los tres temas prominentes que nos son presentados en Juan 11: el camino de nuestro Señor con el Padre; su profunda conmiseración de nosotros; su gracia al vincularnos con él, en la medida de lo posible, en toda su bendita obra. Él caminó siempre con Dios, en comunión reposada e inquebrantable.

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La comunión, la adoración y el servicio ejemplificados en Lázaro, María y Marta

El párrafo inicial del capítulo 12 de Juan nos presenta una escena del más profundo interés y llena de la más preciosa instrucción. Creemos que lo mejor que podemos hacer es citar toda esta preciosa porción, para provecho espiritual del lector. Después de todo, no hay nada como el verdadero lenguaje de la Sagrada Escritura.

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La cristiandad

¡Qué variedad de pensamientos y sentimientos se despiertan en el alma al solo sonido del vocablo «cristiandad»! Es un vocablo terrible pues nos pone delante esa vasta multitud de profesantes bautizados que se llaman a sí mismos la iglesia de Dios, pero no lo son; se llaman el cristianismo, pero no lo son. La cristiandad es una anomalía oscura y terrible. No es una cosa ni otra.

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La doble vertiente del hecho

Confiando en que hemos dejado bien probado el hecho de la venida del Señor, vamos ahora a poner ante el lector la doble vertiente de tal hecho: la que concierne al pueblo de Dios y la que concierne al mundo.

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La fe no se apoya en las cosas visibles

Meditemos ahora por unos breves momentos en el tema tan interesante de la compasión de Cristo hacia los suyos, ejemplificado de un modo tan conmovedor en su modo de actuar con la querida familia de Betania.

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La fuente de la acción del Señor con respecto a los suyos

Pasemos ahora a la fuente de esta acción. Esta fuente se nos presenta con conmovedora dulzura y poder en el primer versículo del capítulo 13 de Juan: “Como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin (o hasta el extremo)”.

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La gloria de Dios sobre todas las cosas

Da gran descanso al corazón saber que quien se encarga de nosotros, en toda nuestra debilidad, nuestra necesidad y las exigencias de nuestro camino, de principio a fin, procuró antes que nada asegurar, en todos los aspectos, la gloria de Dios. Ese fue su objetivo primordial en todas las cosas.

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La incredulidad y la fe

En la respuesta que dio nuestro Señor a Marta, tenemos una de las declaraciones más preciosas que jamás hayan llegado al oído humano: ¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios? (Juan 11:40)

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La medida de la acción de Cristo por nosotros y en nosotros

Por último, diremos algunas palabras sobre la medida de la acción presente de Cristo por nosotros y en nosotros. Este es un punto de inestimable valor e importancia.

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La obra de Cristo como el único lugar de reposo para la conciencia

Al considerar este gran tema, dos cosas reclaman nuestra atención: Primero:  Lo que Cristo hizo por nosotros, o sea, su obra en la cruz. Segundo: Lo que Cristo está haciendo por nosotros, o sea, su obra presente.

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La obra presente de Cristo por nosotros

Jesús vive por nosotros a la diestra de Dios. Su intervención activa a favor nuestro no cesa nunca ni por un momento. Él traspasó los cielos en virtud de la expiación consumada, y allí continúa siempre intercediendo eficazmente por nosotros delante de nuestro Dios.

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La palabra de Cristo como guía plenamente suficiente para nuestro camino

Si la obra de Cristo es suficiente para la conciencia, y su adorable Persona es suficiente para el corazón, entonces, con toda seguridad, su Palabra preciosa es suficiente para el camino.

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La primera aparición de Cristo: “Se presentó una vez para siempre por (lit.: para) el sacrificio de sí mismo”

Primero, pues, fijémonos por unos momentos en la Expiación, que nos es presentada aquí en sus dos grandes aspectos: uno, hacia Dios; el otro, hacia nosotros. El apóstol declara que Cristo apareció Para quitar de en medio el pecado (Hebreos 9:26)

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“La venida” y “El día”

Volvamos por un momento a las dos epístolas a los Tesalonicenses. Como hemos hecho notar, estos cristianos fueron convertidos a la bienaventurada esperanza del regreso del Señor. Se les enseñó a esperarle cada día.

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Las diez vírgenes

Llegamos a la sección solemne del discurso de nuestro Señor en la cual presenta el reino de los cielos bajo el símil de “diez vírgenes”. La instrucción contenida en esta tan importante parábola es de aplicación más amplia que la del siervo al cual nos referimos anteriormente, pues abarca toda la gama de la profesión cristiana y no está limitada al ministerio, dentro o fuera de la casa.

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Las dos resurrecciones

Es posible que algunos de nuestros lectores se alarmen al leer el título de este artículo. Acostumbrados, desde la más tierna infancia, a considerar este tema mediante las pautas doctrinales y las confesiones de fe de la cristiandad, la idea de dos resurrecciones no se les habrá ocurrido jamás.

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Los dos estremecimientos del Señor

Conmueve hondamente notar los dos estremecimientos de nuestro Señor cuando iba hacia la tumba de su amigo. El primer estremecimiento fue causado al ver llorando a los enlutados que le rodeaban: “Jesús entonces, al verla llorando, y a los judíos que la acompañaban, también llorando, se estremeció en espíritu y se conmovió”.

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Los talentos

Nos queda por considerar la porción del discurso de nuestro Señor en la cual, de nuevo, trata el tema de la responsabilidad ministerial durante su ausencia.

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Lucas 12:40

Esto nos conduce a la tercera porción de la Escritura donde también aparece nuestro solemne lema. “Vosotros, pues, también, estad preparados, porque a la hora que no penséis, el Hijo del Hombre vendrá” (Lucas 12:40). Si la salvación está “preparada” para ser revelada y si el juicio está “preparado” para ser ejecutado, ¿qué nos corresponde, sino estar también “preparados”?

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Mateo 25:10

Pero mientras ellas [las vírgenes insensatas] iban a comprar, vino el esposo; y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta.

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