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La gloria soberana y la humillación
En nuestro Redentor contemplamos la gloria y la humillación, aspectos de su vida que nos son necesarios. Aquel que se sentó junto al pozo de Sicar es el mismo que ahora está sentado en el cielo:
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La humillación del Señor
Pero Jesús sabía también “vivir humildemente”. Contemplémosle ante los samaritanos en el capítulo 9 de Lucas.
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La inteligencia de la mujer sirofenicia
Esto, sin embargo, no hará mella en el hombre, como ya lo dijimos. Él se sentirá bien mientras se ocupe en sí mismo, sin importarle en absoluto la gloria de Dios. Tal es el hombre. Pero qué bello cuadro tenemos cuando, a través de la fe, el corazón de un pobre pecador es transformado, pudiendo así regocijarse en la gloria de Dios.
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La intercesión
Hablar a Dios de los demás Exhorto ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres (1 Timoteo 2:1).
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La meta de Cristo es glorificar a Dios
La plenitud de la obra de Cristo supera nuestros pensamientos y, sin embargo, ésa es ciertamente su gloria. Él nos asiste en todas nuestras necesidades, pero al mismo tiempo nos presenta a Dios y su verdad. Él curaba a los enfermos, pero también predicaba el reino.
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La omnisciencia del Señor
Notemos, además, que el Señor no juzgaba a los demás en relación consigo mismo (falta muy común en la que todos incurrimos). Nosotros naturalmente juzgamos a los demás según cómo nos tratan y el beneficio que podemos sacar de ellos es la medida con la que medimos su carácter y su valor. Mas el Señor no actuaba así. Dios es un Dios de conocimiento, y pesa las acciones.
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La petición
Hablar a Dios de nuestras necesidades
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La relación del Señor con Dios
El ministerio del Señor, al igual que su carácter, nos presenta una combinación notable de las mismas glorias morales. Hay tres aspectos en lo que toca al ministerio, según este se relacione con Dios, con Satanás o con los hombres.
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Los agradecimientos
Dar gracias a Dios Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias (Colosenses 4:2).
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Maneras de hablar
Gran variedad de tono y de manera de proceder se manifiesta en las diversas circunstancias de la vida del Señor. Y toda esta variedad, por minúscula o grande que fuese, constituía una parte de la fragancia que subía ante Dios.
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Meditar la Palabra de Dios
Ciertamente, la lectura y la meditación de la Escritura es uno de los recursos más grandes dados al cristiano para su vida de oración. Leer la Biblia y orar son dos acciones que van juntas, como la inspiración y la espiración de nuestros pulmones (Jacob: Génesis 31:13; 32:9. Moisés: Éxodo 33:12-13; Números 7:89. David: 2 Samuel 7:27. Daniel: Daniel 9:2-3. Habacuc: Habacuc 3:2.
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Necesidades del Señor
Mas aquel que así se sustentaba con el cumplimiento de la voluntad divina, también conocía el cansancio, el hambre y la sed. Esto lo vemos en el capítulo 4 de Juan, al que acabamos de aludir, como también en el capítulo 4 de Marcos, con la diferencia de que, mientras en el segundo el Señor halla alivio y descanso por medio del sueño, en el primero prescinde de este natural restablecimiento.
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Obedecer y complacer al Señor Jesús
El apóstol Juan relaciona claramente la respuesta a la oración con el hecho de guardar los mandamientos del Señor (1 Juan 3:22). Para tener una respuesta, es verdad que no debemos apoyarnos en nuestra obediencia sino únicamente en la gracia de Dios. Sin embargo, si no buscamos agradar al Señor, si nos negamos a obedecerlo, Dios no responderá a nuestras oraciones (Isaías 59:1-2).
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Ocasiones de reprender
Pero, además, en su ministerio con relación al hombre, le vemos frecuentemente asumiendo el carácter de reprensor, algo muy necesario en medio de una familia humana caída. Mas su manera de reprender brilla con una excelencia tal que es digna de nuestra admiración.
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Orientar nuestro corazón hacia Dios
A veces, cuando oramos, la presencia de Dios se hace real y llega a ser una fuente de paz, de ánimo y de gozo. Pero otras veces nuestras oraciones nos parecen rutinarias, frías, sin vida. Dios nos parece lejano. Los fieles del Antiguo Testamento vivieron las mismas experiencias. Pero no por ello cesaron de orar, sino que se lo dijeron al Señor (Salmo 10:1; 13:1). Ahí está el remedio.
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Paz a vosotros
Ya sea la voz de Jesús o la voz de sus ángeles la que nos dice: “No temáis” (Mateo 14:27; Marcos 5:36; Lucas 5:10, etc.), estas palabras mantienen su vigor tanto después de la resurrección de Jesús como antes de la cruz. Previamente a morir, él había hablado a sus discípulos de darles su paz; y, tras su muerte, vemos que hizo efectiva su palabra de la manera más enfática.
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Pedro censurado
Todo esto tiene para nosotros una aplicación personal, individual. Esto nos concierne personalmente. Pedro por sí mismo conoce a su Maestro: es el mismo para él antes y después de su resurrección. Jesús, en el capítulo 16 de Mateo, le reprende, pero pocos días después le lleva consigo al monte santo, con plena libertad de corazón, como si nada hubiese pasado.
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Pedro restaurado
Ahora bien, al principio del capítulo 21 de Juan hallamos a Pedro en la condición moral en que le habían dejado la oración y la mirada del Señor. La fe de Pedro no había desfallecido.
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Perfecta harmonización
Es la conjunción o combinación de virtudes lo que constituye la gloria moral. Jesús sabía –según la expresión del apóstol– “vivir humildemente” y “tener abundancia”; sabía cómo emplear mejor los momentos de prosperidad, por decirlo así, y también las ocasiones de depresión, pues, en su tránsito por este mundo, supo lo que eran esas experiencias.
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Permanecer en la dependencia del Señor
Otro obstáculo para nuestra vida de oración es esa profunda tendencia a ser independientes. Cuando todo va bien, fácilmente nos volvemos negligentes para orar. Nos alejamos de Dios, queremos vivir por nuestra cuenta, y en consecuencia llega el fracaso, un fracaso que durará hasta que nos volvamos nuevamente al Señor. ¡Tenemos necesidad de él para todo!
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Pobreza material del Señor
Las expresiones del apóstol: “como pobres, mas enriqueciendo a muchos; como no teniendo nada, mas poseyéndolo todo”, expresiones elevadas y maravillosas, se manifestaron en el Señor de una manera muy particular y personal.
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Reacción del hombre natural
La fe, sin embargo, se siente cómoda en su presencia. El dios de este mundo ciega los pensamientos de los incrédulos para que no les resplandezca esta gloria ni puedan gozar de ella, en tanto que la fe la recibe con felicidad. Tal es la historia de la gloria aquí en la tierra, entre los hombres.
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Renunciamientos
Renunciar a Egipto no es ociosidad; tampoco es un desperdicio quebrar un frasco de perfume sobre la cabeza de Jesús, aunque vemos que entre los hijos de los hombres –e incluso muy a menudo entre los santos de Dios– se juzga estas cosas de tal manera.
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Respuestas a las necesidades
Todo esto es muy peculiar y característico; sin embargo, no es sino parte de la gloria moral del hombre, del hombre perfecto, Jesús, en sus relaciones con el mundo. Él fue vencedor, hombre de dolores y bienhechor, estuvo en el mundo sin ser del mundo.
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