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Jesús hace el bien
El Señor hizo el bien y prestó sin esperar de ello nada (Lucas 6:35). Daba sin que su izquierda supiese lo que hacía su derecha; jamás, en ninguna circunstancia, exigió de nadie servicio alguno en virtud de haber sanado o librado. El Hijo de Dios no permitió que le acompañase el hombre de quien había echado fuera los espíritus inmundos, llamado Legión.
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Jesús hombre y Dios
Y después, a medida que seguimos su rastro, vemos que Jesús conoció Getsemaní en su tiempo o en su verdadero carácter, como así también conoció el monte santo en su tiempo, hechos que respectivamente implicaron para su alma una estación de invierno y una de verano. Conoció el pozo de Sicar, como también el camino que le conducía por última vez a Jerusalén.
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Jesús huésped
Además de todo eso, le vemos, en ciertas ocasiones, sentado a la mesa de otros; mas esos momentos solo sirven para ilustrar nuevos rasgos de su perfección. Sentado a la mesa de los fariseos, donde le vemos de vez en cuando, no confiere a ese tipo de reunión el carácter de una escena de familia.
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Jesús, imagen de Dios
Tras la apostasía de Adán, Dios había quedado sin imagen aquí abajo; pero ahora tiene en Cristo una imagen de sí mismo más cabal y brillante que la que jamás Adán hubiera podido reflejar. Jesús dio a conocer lo que Dios era, no a una hermosa creación sino a un mundo arruinado e indigno; él representaba a Dios en gracia, diciendo:
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Jesús, nuestro modelo
Pero prosigamos. Así como Jesús no se excusó delante del juicio de los hombres durante el curso de su ministerio –como lo acabamos de ver– tampoco buscó la compasión del hombre en la hora de su “debilidad”, cuando las potestades de las tinieblas se desencadenaban contra él.
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Jesús pone el hombre a prueba
Finalmente, en sus relaciones con el hombre, las glorias morales que se dejan ver en el ministerio del Señor Jesús son ciertamente espléndidas y excelentes. Él se hallaba constantemente aliviando y sirviendo al hombre en todas las variedades de su miseria, a la vez que manifestaba la condición de este haciéndole ver que tenía una naturaleza perdida, rebelde y apóstata.
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Jesús saquea a Satanás
Así comienzan las relaciones de Jesús con Satanás. Después de esto, el Señor entra en la casa del enemigo y saquea sus bienes. Esta casa es el mundo, y allí el Señor, en su ministerio, es visto disipando las nubes diversas y densas del poder del enemigo.
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Jesús se acerca
Pero en el carácter de nuestro Señor hay otras combinaciones que debemos considerar. Alguien dijo de él: «Fue el hombre de mayor gracia, el más accesible que jamás hubo». Y, en efecto, vemos en su manera de ser una ternura y una bondad nunca vistas en otros hombres y, sin embargo, vemos que siempre fue “un extraño” en la tierra. ¡Cuán cierto es esto!
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Jesús vence a Satanás
En cuanto a Satanás, Jesús le encuentra primeramente, y en el momento oportuno, como tentador. En el desierto, el enemigo procuró impregnar a Jesús con aquellas corrupciones morales que con tanto éxito había logrado implantar en Adán y en la naturaleza humana. La victoria obtenida sobre el tentador era la introducción justa y necesaria a todos los trabajos y actos del Señor.
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La disciplina del Padre
Aunque sea un asunto distinto al que este folleto pretende presentar, quiero decir unas palabras respecto al gobierno del Padre sobre nosotros, sus amados hijos en Cristo y por Cristo. En su insondable amor por nosotros, el Padre se ve en el deber de castigarnos y azotarnos a menudo.
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La fe que entiende al Salvador
En el capítulo 1 de Marcos, muchos se ven beneficiados por el ministerio de gracia y de poder del Señor. Personas enfermas que padecían toda suerte de males acuden a él; multitudes le escuchan y reconocen la autoridad con que hablaba; un leproso viene a él con su mal, reconociéndole así como el Dios de Israel.
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La fe recompensada
Así como nuestro Maestro respondió con gozo al pedido del más osado en cuanto a la fe, nunca rehusó contestar la petición del débil.
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La gavilla mecida
Hay más aun en cuanto a esta perfección. Jesús nos es presentado también bajo otros aspectos diferentes. A veces es el menospreciado y desdeñado, acechado y aborrecido por los adversarios, obligado a retirarse –por decirlo así– a fin de res guardar su vida de las intenciones y tentativas de ellos.
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La gloria moral debe preceder el reino
Y lo mismo vemos en el capítulo 12 de Juan: el Señor nos hace saber que la manifestación de la gloria moral debe preceder al reino. Él sin duda pronto ha de resplandecer en la gloria del trono; los gentiles vendrán entonces a Sion y verán al Rey en su hermosura; pero, antes de que eso pueda tener lugar, la gloria moral debe ser manifestada en toda su plenitud y pureza.
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La gloria soberana y la humillación
En nuestro Redentor contemplamos la gloria y la humillación, aspectos de su vida que nos son necesarios. Aquel que se sentó junto al pozo de Sicar es el mismo que ahora está sentado en el cielo:
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La humillación del Señor
Pero Jesús sabía también “vivir humildemente”. Contemplémosle ante los samaritanos en el capítulo 9 de Lucas.
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La incertidumbre viene de la incredulidad
Probablemente alguien diga: «Yo no soy indiferente al bienestar de mi alma; pero mi problema es la incertidumbre. Siguiendo el ejemplo, podría decir que estoy entre los viajeros de segunda clase».
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La inteligencia de la mujer sirofenicia
Esto, sin embargo, no hará mella en el hombre, como ya lo dijimos. Él se sentirá bien mientras se ocupe en sí mismo, sin importarle en absoluto la gloria de Dios. Tal es el hombre. Pero qué bello cuadro tenemos cuando, a través de la fe, el corazón de un pobre pecador es transformado, pudiendo así regocijarse en la gloria de Dios.
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La luna y el lago
Permítame, para concluir, que me valga de otro ejemplo. En una hermosa noche de luna llena, dos hombres están mirando atentamente una laguna en cuyas aguas se ve reflejada la luna. Uno de ellos le dice a su amigo: –¡Qué brillante y redonda está la luna esta noche! ¡Qué silenciosa y majestuosamente sigue su curso!
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La meta de Cristo es glorificar a Dios
La plenitud de la obra de Cristo supera nuestros pensamientos y, sin embargo, ésa es ciertamente su gloria. Él nos asiste en todas nuestras necesidades, pero al mismo tiempo nos presenta a Dios y su verdad. Él curaba a los enfermos, pero también predicaba el reino.
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La omnisciencia del Señor
Notemos, además, que el Señor no juzgaba a los demás en relación consigo mismo (falta muy común en la que todos incurrimos). Nosotros naturalmente juzgamos a los demás según cómo nos tratan y el beneficio que podemos sacar de ellos es la medida con la que medimos su carácter y su valor. Mas el Señor no actuaba así. Dios es un Dios de conocimiento, y pesa las acciones.
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La relación del Señor con Dios
El ministerio del Señor, al igual que su carácter, nos presenta una combinación notable de las mismas glorias morales. Hay tres aspectos en lo que toca al ministerio, según este se relacione con Dios, con Satanás o con los hombres.
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Lazos familiares
Veamos el siguiente ejemplo: Su hijo le ha desobedecido. El semblante del niño manifiesta que ha hecho algo que no debía. Media hora antes disfrutaba paseando con usted en el jardín, admirando lo que usted admiraba, alegrándose con aquello con que usted se alegraba. En otras palabras, estaba en comunión con usted; sus sentimientos y gustos eran iguales a los suyos.
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Liberación de la antigua posición en Adán
En las epístolas de Pablo, el Espíritu Santo nos presenta la completa liberación del creyente de su antigua posición en Adán, y nos da a conocer su nueva posición: completamente justificado y perfectamente aceptado en Cristo.
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