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Actuar como el remanente
Todo esto es hermoso, y el Señor, en los días de su vida en la tierra, manifestó perfectamente este carácter del remanente. Y todo esto es aleccionador para nosotros, pues vivimos en un tiempo caracterizado por la confusión y de ninguna manera mejor que esos días de la cautividad o que los de Jesús.
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Actuar en el momento oportuno
Servir a la humanidad a costa de la verdad divina y de los principios de Dios, no es cristianismo, pese a que los que así hacen gocen de la reputación de «bienhechores».
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Aplicación actual
Hemos visto en el cuadro del leproso que fue hecho apto para estar en la presencia de Dios, el aspecto que nos habla de nuestra entrada en las moradas celestiales, en las glorias de la casa del Padre. Pero creemos que esta maravillosa figura puede ofrecer una aplicación más para el tiempo actual, y que encierra a la vez una lección importante.
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Buscar la intimidad con Jesús
Pero, repito, la fe está en su elemento junto a Jesús. ¿Podemos tratar a Jesús con temor o cavilación? ¿Podemos dudar de él? ¿Podríamos mantenernos a distancia de aquel que se sentó junto al pozo con la mujer de Sicar? ¿Acaso ella estuvo lejos de él? Seguramente, amados, deberíamos buscar intimidad con Jesús.
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Callarse o hablar
Y a medida que seguimos el rastro de esta bendita verdad, hallamos que está escrito: Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno (Colosenses 4:6).
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Comparación entre el Señor Jesús y Pablo
¡Maravillosa perfección! ¿Quién podría mantener ante sus ojos un objeto tan perfecto, tan irreprensible, tan exquisita y delicadamente puro, en los detalles más ordinarios y minuciosos de la vida humana? Pablo era incapaz de ello. Nadie que no fuera Jesús, el Dios-hombre, podría hacerlo.
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Comportamiento de Jesús en su niñez
La misma belleza y la misma propiedad las volvemos a encontrar en el hecho de que en el capítulo 2 de Lucas él ni enseña ni aprende, sino que tan solo escucha y hace preguntas. Enseñar habría estado fuera de lugar, por cuanto él era un niño que se hallaba en medio de sus ancianos.
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Cualidades morales de Jesús
El Señor no se dejaba arrastrar por la dulzura cuando se requería fidelidad; y, sin embargo, pasó por alto muchas circunstancias que habrían herido la sensibilidad humana y de las que el sentido moral del hombre habría juzgado correcto resentirse. Jesús no quiso ganar a sus discípulos con los pobres medios de una naturaleza amable.
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Cumplimiento de las promesas
¡Maestro perfecto!
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Dar al Señor
En el mismo libro del Eclesiastés, que antes citamos, leemos que hay “tiempo de guardar, y tiempo de desechar” (Eclesiastés 3:6). El Señor Jesús guardó y desechó cada cosa en su debido tiempo. En el servicio espiritual del corazón o de la mano de quien adora a Dios no hay desperdicio, por pródigo que parezca el modo de obrar, pues, como David, aquel dice al Señor:
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Debemos reflejar su luz
La luz de Dios brilla algunas veces ante nosotros a fin de que, según el poder que nos es dado, podamos discernirla, gozarla, valernos de ella y seguirla. No tanto para acusarnos o exigir algo de nosotros, sino que ella más bien brilla ante nosotros –como ya lo he dicho– a fin de que la reflejemos, si tenemos gracia.
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Dios complacido en su Hijo
La obra de Dios, como Creador, había sido rápidamente echada a perder en manos del hombre. El hombre cayó en la ruina, se corrompió, por lo cual está escrito: Se arrepintió Jehová de haber hecho hombre en la tierra (Génesis 6:6).
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Dos avecillas vivas y limpias
He aquí pues al leproso bajo la mirada del sacerdote, quien no encuentra sobre su cuerpo ni un solo lugar sin lepra. ¡Qué gozo, está curado! Usted que ha seguido hasta aquí el camino del leproso en su desgracia, ¿quiere prestar completa atención acerca de lo que debe hacer para su purificación?
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Dos invitaciones
La invitación encubría una intención premeditada. Tan pronto como el Señor hubo entrado en la casa, el dueño de esta hace el papel de fariseo y no el de dueño de casa, pues se asombra de que su invitado no se hubiera lavado antes de comer; y el carácter que asume así desde el principio se muestra en toda su fuerza hacia el final.
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El carácter de Pedro
El Señor, mientras ejercía su ministerio en medio de sus discípulos, mucho tuvo que ver con Pedro, más que con cualquiera de ellos, tanto antes como después de la obra del Calvario. Casi todo el último capítulo del evangelio de Juan está ocupado con Pedro.
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El corazón atraído por el Señor
En un sentido relevante, los discípulos conocían a Cristo personalmente. Era su persona, su presencia, él mismo lo que los atraía, y, sin duda, necesitamos más de ello.
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El corazón del Señor
¡Qué belleza tan variada y exquisita! ¿Podrá alguien sondear todos los caminos de Jesús? El buitre dirá que ellos están fuera del alcance de su vista, y, si ningún ojo humano es capaz de ver en su plenitud el conjunto de ese único objeto, ¿dónde está el carácter humano que, con sus sombras e imperfecciones, no contribuya a resaltar el esplendor de aquel?
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El cordero del sacrificio por la culpa
“Y tomará el sacerdote un cordero y lo ofrecerá por la culpa, con el log de aceite, y lo mecerá como ofrenda mecida delante de Jehová. Y degollará el cordero en el lugar donde se degüella el sacrificio por el pecado y el holocausto, en el lugar del santuario” (v. 12-13).
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El Hijo del Hombre glorificado
El derecho de Jesús a la gloria era un derecho moral. Él tenía un título moral para ser glorificado; ese título se hallaba en él mismo. En el capítulo 13 de Juan esta bendita verdad es puesta en evidencia en su debido lugar: “Ahora es glorificado el Hijo del Hombre”, dice el Señor inmediatamente después que Judas hubo abandonado la mesa (v.
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El log de aceite
Asimismo el sacerdote tomará del loga de aceite, y lo echará sobre la palma de su
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El sacerdote saldrá fuera
Acabamos de ver al leproso y a su amigo dándose prisa en el camino que los conduce al sacerdote; pero detengámonos un instante; no olvidemos que el enfermo no puede pasar los límites del campamento: está impuro. ¿Cómo podrá acercarse a la morada del sacerdote que habita en la casa de Dios, en el centro mismo del campamento? Mas ¡qué dicha!
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El sacrificio por el pecado, el holocausto y el presente de flor de harina
Agregar algo quizá podría estropear este cuadro que nos parece perfecto; pero descubrimos que faltan aún algunas pinceladas para completar su perfección. He aquí una: “Ofrecerá luego el sacerdote el sacrificio por el pecado, y hará expiación por el que se ha de purificar de su inmundicia” (v. 19). ¡Qué obra completa y perfecta realizó nuestro Salvador en la cruz del Calvario!
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El Señor siempre vence el mal con el bien
Pero el Señor no podía incurrir en tal desacierto; no podía ser “vencido por el mal”, sino que, al contrario, siempre vencía “con el bien el mal”, el mal que estaba en el hombre con el bien que estaba en Él.
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En Emaús y Betania
En Emaús se había despertado asimismo un deseo vehemente, pero las condiciones no eran las mismas. No era el deseo de un alma recién atraída, sino el de corazones ya restaurados. La incredulidad, sin embargo, vela la vista de los dos discípulos que volvían a su casa entristecidos, creyendo que sus esperanzas en el Señor se habían visto frustradas.
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