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Los sacrificios por el pecado

Los sacrificios por el pecado y por la culpa no eran librados al discernimiento del israelita; eran ofrendas obligatorias cuando se había cometido alguna falta: “Cuando alguna persona pecare… traerá por su ofrenda…” (Levítico 4:2, 28).

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Pentecostés

Pentecostés se ubica en el centro de las siete fiestas, es el desenlace de las tres primeras. En cierto sentido las fiestas habrían podido terminar allí si el Espíritu de Dios no hubiera tenido en vista la restauración futura de Israel, tipificada por las tres últimas. Asimismo, en la vida del creyente, la restauración a veces es tan necesaria.

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Columnas y cortinas (colgaduras) (Éxodo 27:9-19)

Dimensiones: 100 codos de largo por 50 codos de ancho; 56 columnas para sostener 280 codos de cortinas; la puerta, al este, sostenida por cuatro columnas, tenía un ancho de 20 codos.

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Confesión y restauración

Numerosos versículos nos relatan cómo Job discutió y acusó a Dios, justificándose a sí mismo. Cinco versículos son suficientes para relatar la confesión que le abrió el camino a la bendición. “Yo conozco que todo lo puedes, y que no hay pensamiento que se esconda de ti” (v. 2). Puesto ante el poder del enemigo, Job debe reconocer que solo puede recurrir al poder de Dios.

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Dimensiones principales

Atrio: 100 codosa por 50 (Éxodo 27:9-12).

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El altar de bronce (Éxodo 27:1-8)

Es el primer objeto que se encontraba al entrar al atrio.

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El altar de oro - Éxodo 30:1-10

El altar de oro era de dimensiones mucho más reducidas que el altar de bronce, o sea un codo de ancho, un codo de largo (cuadrado) y dos codos de alto. Era de madera de acacia cubierta de oro puro y nos habla esencialmente de Cristo. Ubicado frente al velo (v. 6), está íntimamente ligado al arca y al propiciatorio.

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El arca - Éxodo 25:10-22

En las ordenanzas para el tabernáculo dadas por Dios a Moisés, en los capítulos 25 a 27, el arca ocupa el primer lugar. De igual manera, cuando Dios se nos revela, parte del santuario y sale hacia el atrio; nos presenta primeramente lo que es el objeto supremo de su corazón: la persona de Cristo.

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El candelero - Éxodo 25:31-40; 27:20-21; Levítico 24:1-4; Números 8:1-4

Contrariamente a los otros objetos del tabernáculo hechos de madera de acacia recubierta de oro, el candelero era totalmente de oro puro, forjado en una sola pieza. Él nos habla de lo que es esencialmente divino. Era de oro batido (“labrado a martillo”), recordando que aquel a quien representa –Cristo– pasó por el sufrimiento.

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El cinturón (Éxodo 28:4 y 8)

El cinturón ceñía el efod. Era de “obra primorosa” (Éxodo 28:8), subrayando que el servicio del Señor será perfectamente y para siempre cumplido con la fuerza de los lomos ceñidos. Como en otro tiempo en la tierra, Él no se cansa y no se fatiga. Vive siempre para interceder por nosotros.

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El efod (Éxodo 28:5-14)

El efod era la vestidura sacerdotal por excelencia. Como el velo, estaba tejido con azul, púrpura, carmesí (o escarlata) y lino fino, a lo que se añadía oro: “Y batieron láminas de oro, y cortaron hilos para tejerlos entre el azul, la púrpura, el carmesí y el lino, con labor primorosa” (Éxodo 39:3).

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El enebro

Después de la tensión del Carmelo, Elías tendría que haberse apresurado a retirarse. El cansancio, tanto físico como psíquico, requería un descanso.

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El manto de azul (Éxodo 28:31-35)

Cristo no es nuestro sacerdote en la tierra (Hebreos 8:4), sino en el cielo. Eso es lo que nos recuerda este manto enteramente de azul llevado bajo el efod. Todo en su oficio nos atrae hacia el cielo, donde se cumple actualmente su servicio (Hebreos 9:24).

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El propiciatorio - Éxodo 25:17-21

El arca era un cofre y tenía una tapa llamada propiciatorio. El término hebreo traducido por propiciatorio deriva de “cubrir o cubierta”.

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El velo - Éxodo 26:31-35

Según Hebreos 10:20, el velo que separaba el lugar santo del lugar santísimo representa a Cristo venido en carne.

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Elimelec y Noemí

Un hambre sobrevino en la tierra de Canaán, prueba permitida por Dios con un propósito conocido por él. ¡La actitud de la fe sería buscar la razón de esta disciplina, arrepentirse, someterse! (1 Reyes 8:35). Pero Elimelec y los suyos no lo entendían así. Querían evadir la prueba que Dios permitía y se fueron a los campos de Moab, más allá de las fronteras fijadas por Dios, para “morar” allí.

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Eliú

Durante las largas conversaciones de Job y sus amigos, Eliú, mucho más joven, escuchaba (cap. 32:11-12). Sus rasgos característicos eran la paciencia, la modestia, la humildad; no discutía; no halagaba; no se parcializaba, mas estaba movido por un espíritu de rectitud. No dio prueba de suficiencia, sino que supo ponerse al nivel del pobre que sufría (cap.

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Horeb

En la soledad del monte de Dios, en la cueva donde Moisés posiblemente estuvo refugiado cuando Dios paso delante de él (Éxodo 33:22), la palabra divina se dirigió al siervo desalentado: ¿Qué haces aquí, Elías?

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Job bendecido

La Palabra nos dice que Job era un hombre perfecto y recto, que temía a Dios y se apartaba del mal. Dios mismo lo llama “mi siervo”. Fue bendecido en su familia: parece que sus siete hijos y sus tres hijas tenían buena armonía entre ellos. Tenía éxito en sus empresas: su ganado se multiplicaba, sus cultivos prosperaban.

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Job probado

Las pruebas iban a caer sobre Job. Sería despojado de sus bienes y profundamente tocado en sus afectos por medio de la muerte de sus diez hijos. Pero su actitud permanecería intachable: “Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito”. Luego fue tocado en su cuerpo, la enfermedad cayó sobre él, “una sarna maligna desde la planta del pie hasta la coronilla de la cabeza”.

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La fuente de bronce (Éxodo 30:17-21; 38:8)

La fuente de bronce, cuyas dimensiones no nos han sido dadas, estaba situada entre el altar de bronce y el tabernáculo. No servía para ofrecer sacrificios, sino para lavarse en ella, lo que Aarón y sus hijos debían hacer cada vez que entraban en el tabernáculo de reunión o se acercaban al altar para ofrecer un sacrificio.

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La mesa de los panes de la proposición - Éxodo 25:23-30; Levítico 24:5-9

La mesa, de pequeñas dimensiones (dos codos de largo, un codo de ancho y uno y medio de alto) era de madera de acacia (o de sittim), cubierta con una lámina de oro puro. Era, evidentemente, una figura de Cristo llevando a su pueblo ante Dios.

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La mitra y la lámina de oro (Éxodo 28:36-38)

Sobre la mitra (o tiara) de lino estaba colocada una lámina de oro puro, puesta con un cordón de azul, la cual tenía grabadas las palabras: “SANTIDAD A JEHOVÁ”. Los israelitas traían a Dios las ofrendas según sus instrucciones. ¿Por qué, pues, se nos habla de “la iniquidad de las cosas santas que santificaren los hijos de Israel, en todas sus santas dádivas”? (v.38, V. M.).

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La presencia de Dios

En veintinueve capítulos Job y sus amigos discutieron y cuestionaron. En seis capítulos Eliú habló de parte de Dios a Job. Y solo cuatro capítulos bastaron al Señor para llevar a cabo la obra maestra que perseguía en el corazón de Job: “¿Qué enseñador semejante a él?” (cap. 36:22).

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