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La culpabilidad de los pueblos idólatras

Para convencer de pecado a un hombre puede ser necesario un tiempo bastante largo. Por eso el apóstol empieza por describir el triste estado de los pueblos idólatras y depravados (Romanos 1:18-32).

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La culpabilidad del hombre moderno

Después de haber visto cómo el apóstol considera a todos los hombres de entonces, debemos notar que la culpabilidad del hombre moderno está vinculada a los tres casos considerados.

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La espera en Dios

Abrir nuestro corazón a Dios Bueno es Jehová a los que en él esperan, al alma que le busca. Bueno es esperar en silencio la salvación de Jehová (Lamentaciones 3:25-26).

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La finalidad de la redención

Por preciosa que sea la redención, ella no es un fin en sí misma. Es más bien un medio para que el Señor pueda acabar en nosotros su propósito de amor.

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La futura redención de Israel

En el libro de Isaías, la redención es presentada como venidera. Israel está aplastado por las naciones, visto como un “gusano”, pero Dios se presenta a él como su “Redentor… el Santo de Israel”, “Jehová de los ejércitos”, “el Fuerte de Jacob” (Isaías 41:14; 47:4; 49:26).

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La intercesión

Hablar a Dios de los demás Exhorto ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres (1 Timoteo 2:1).

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La justicia de Dios

El apóstol comienza proclamando que la justicia de Dios se ha manifestado. Al declarar que el hombre es pecador, Dios ya había demostrado su justicia y que Él no podía hacer ningún compromiso con el pecado. Pero ahora, esta justicia es manifestada con brillo incomparable por la obra de Jesucristo.

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La justificación de vida

Hasta ahora hemos visto la justificación en relación con nuestros pecados (los actos cometidos). Otro aspecto de este tema es el que se refiere a “la justificación de vida” (Romanos 5:18) en relación con el pecado, es decir, con la raíz del mal en nosotros.

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La justificación por medio de la fe

La fe es el eslabón que nos une al Señor Jesús y que nos hace partícipes de las bendiciones que su muerte proporciona. La fe, pues, es necesaria; únicamente los creyentes son justificados. En ese sentido, somos “justificados… por la fe” (Romanos 5:1).

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La justificación por medio de la sangre

La justicia de Dios así manifestada se despliega para “todos” los hombres. La gracia de Dios es ofrecida a todos. Es uno de sus aspectos maravillosos. Ella pone a todos los hombres en el mismo nivel, por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios (Romanos 3:23).

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La liberación del dominio de Satanás

Satanás es el jefe de este mundo. Para él, todos los medios son buenos para reinar sobre el hombre. Utiliza tanto las obligaciones religiosas como las mundanas detrás de las cuales se esconde. “No manejes, ni gustes, ni aun toques” (Colosenses 2:21) o, por el contrario, siguiendo “la corriente de este mundo” (Efesios 2:2; véase también Colosenses 2:8).

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La liberación respecto de la ley y del mundo

La obra redentora de Cristo es presentada igualmente en la epístola a los Gálatas: Cristo nos redimió de la maldición de la ley (Gálatas 3:13).

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La mala naturaleza continúa existiendo

Según la Escritura, la mala naturaleza no se desarraiga después de la conversión; sigue existiendo. Sin embargo, también es cierto que no seremos juzgados. Somos justificados por la ofrenda del cuerpo de Jesucristo, hecha una sola vez. Entonces ¿podemos pecar a nuestro capricho?

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La necesidad de reconciliación

La ruptura era total entre Dios y el hombre pecador. ¿Cómo restablecer la relación? El Evangelio responde: por medio de la reconciliación. Pero ¿quién debe ser reconciliado? Por cierto el hombre, puesto que su voluntad se opone a Dios. La Escritura no habla de que Dios deba reconciliarse, pues él es amor y no cambia. Nada puede detener su designio de amor, ni siquiera el pecado del hombre.

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La necesidad del nuevo nacimiento

Nicodemo formaba parte de aquellos que estaban convencidos de que Jesús era un maestro venido de Dios. Mientras algunos se contentaban con creer superficialmente, él dio un paso más y mostró su inquietud al procurar informarse personalmente mediante la enseñanza del Señor (Juan 2:23-25 y 3:1-2). Nicodemo era un jefe de los judíos, un “maestro de Israel”.

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La petición

Hablar a Dios de nuestras necesidades

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La puerca lavada

Otro puede decirme: «¿Cómo se compagina esto con lo que se halla escrito en 2 Pedro 2:22?» (“Pero les ha acontecido lo del verdadero proverbio: El perro vuelve a su vómito, y la puerca lavada a revolcarse en el cieno”). No está dicho que la oveja vuelva a revolcarse en el cieno, sino la puerca lavada.

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La reconciliación de todas las cosas

Al principio de la epístola a los Colosenses, la Escritura despliega en pocas palabras la excelencia de la persona del Señor y la extensión de su obra: Agradó al Padre que en él habitase toda plenitud, y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas (Colosenses 1:19-20).

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La reconciliación del creyente

Dios ha hecho lo necesario para que nuestra reconciliación sea posible sobre una base de santidad. En cada uno de nosotros debe cumplirse una obra, puesto que para Dios éramos “extraños y enemigos” en todos nuestros pensamientos. Hace falta, pues, un cambio fundamental en nuestras disposiciones. Nuestro corazón debe volverse hacia Dios.

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La redención de nuestros cuerpos

La redención hecha por Cristo tiene resultados eternos (Hebreos 9:12) que solo son visibles por medio de la fe. Satanás, aunque fue vencido en la cruz, todavía ejerce su dominio sobre el mundo y la creación aún gime bajo la “esclavitud de corrupción” (Romanos 8:21).

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La redención por la victoria o por el pago de un rescate

El Antiguo Testamento habla frecuentemente de la redención, en particular en los libros del Éxodo, de Rut y de Isaías. A menudo ella consiste en una liberación que se obtiene por una victoria o por un pago. En efecto, para liberar a un prisionero de guerra, hacía falta vencer a aquel que le tenía en su poder, mientras que, para liberar a un esclavo, se necesitaba pagar el rescate.

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La salvación diaria

Estamos en un mundo lleno de seducciones. En lo interior, la carne quiere obrar; en lo exterior, el diablo nos tiende toda clase de trampas. ¡Cuántos peligros rodean al creyente! Tenemos necesidad de ser salvados de ellos cada día; precisamos una salvación prácticamente continua. Felizmente, la Escritura habla con claridad de esta salvación presente.

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La salvación en el Antiguo Testamento

La salvación es mencionada muy frecuentemente en la historia del pueblo de Israel.

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La salvación futura

Nos queda por considerar otro grupo de pasajes que hablan de la salvación como de una cosa que esperamos (Hebreos 9:28; Romanos 13:11). Efectivamente, todavía debemos ser salvos de la ira de Dios en su sentido terrenal, es decir, salvos de los juicios apocalípticos. También debemos ser salvos de la muerte física de nuestro cuerpo. Todo esto forma parte de la esperanza cristiana.

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