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Siempre he creído en Jesús; pero no puedo decir que soy salvo
Hay una gran diferencia entre creer acerca de Jesucristo y verdaderamente creer en Él. Aun creer que Él murió en la cruz por los pecadores no lo salvará. Debe creer que murió por usted –por sus pecados– y aceptarlo como su Salvador personal. Una historia ilustra la diferencia:
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Soy demasiado pecador para ser salvo
No cabe duda de que usted es un gran pecador, y quizás incluso peor de lo que se imagina. Dios todo lo sabe con respecto a usted. Desde su niñez, cuidó de usted y le amó más que lo hacen los propios padres. A pesar de su pecado, Dios tiene los brazos abiertos para acogerle.
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Su objetivo
Oramos primeramente para que Dios sea glorificado. Cuando por la fe nos acercamos verdaderamente a Dios, el deseo de honrarlo crece en nosotros. Entonces, ligados a ese deseo, oramos para discernir y cumplir la voluntad de Dios. Orando aprendemos, no a imponer nuestro pensamiento a Dios, sino a someternos a él. Por medio de la oración buscamos lo que Dios desea y lo aceptamos para hacerlo.
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Sus resultados
Dios responde de dos maneras a la oración de sus hijos. Primero les da su paz y los libra de la angustia (Filipenses 4:7; 1 Samuel 1:15, 18; Salmo 34:17). Podemos echar sobre él toda nuestra carga porque él tiene cuidado de nosotros (1 Pedro 5:7). Luego, Dios nos concede lo que le pedimos si nuestra petición es conforme a su voluntad (1 Juan 5:14).
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Todavía hay mucho tiempo para ser salvo
Pensar que uno tiene mucho tiempo para ser salvo, no tiene fundamento, pues, cada año, miles de personas mueren repentinamente, sea de muerte natural o por asesinato. Los derrames cerebrales destruyen instantáneamente la mente de muchos miles más. Si usted muere en sus pecados, ¿qué excusa tendrá cuando esté delante de Dios, ante el gran trono blanco? (Apocalipsis 20:11-15).
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Tomarse tiempo para orar
Orar, y hacerlo regularmente, es algo difícil, tenemos que reconocerlo. “¿No habéis podido velar conmigo una hora?” (Mateo 26:40). Cuanto más pesada se nos haga la oración, más negligentes somos en cuanto a ella. El resultado es una decadencia de nuestra vida espiritual.
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Vencer las dudas y las incertidumbres
La fe en Dios es primordial en las oraciones (Hebreos 11:6). ¿Entonces qué hacer en caso de duda? Una distinción se impone: existen dos tipos de duda. Una aleja de Dios, la otra conduce hacia él. El primer tipo es la duda por incredulidad, que rehúsa creer, ver su propia necesidad e ir hacia Jesús (Juan 5:40). Es un pecado que debe ser confesado y abandonado.
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