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Los juicios guerreros y la destrucción de la bestia
Juan ve
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Los seis primeros sellos de juicio
Cronología de los juicios
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Los siete atributos de Cristo
La introducción del libro (v. 1-8) concluye con la revelación de cuatro títulos de gloria de Cristo, agregados a los tres mencionados en el saludo (v. 5), para completar la plenitud de los atributos de nuestro Salvador
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Nacido de nuevo
En efecto, Dios no se contenta con borrar los pecados cometidos por nuestra vieja naturaleza –a la que su Palabra llama “la carne”, y que no puede producir otra cosa que el mal– sino que nos da otra vida, otra naturaleza. Hay un nuevo nacimiento operado por la Palabra –simbolizada por el agua– y por el Espíritu Santo.
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Naturaleza de la ciudad:
Después de esta aproximación general, descubrimos la naturaleza muy preciosa de cada una de las partes de la ciudad. En el orden, la descripción cubre primero el muro, la ciudad misma, los doce cimientos del muro, las doce puertas y la calle de la ciudad.
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¿No forman estos cristianos una nueva denominación?
Al volver a lo que se ha oído desde el principio, estos creyentes no forman una nueva denominación, sino que desean llevar a cabo en obediencia a la Palabra y a la voluntad de Dios, la unidad de los hijos de Dios en el vínculo de la paz (véase Efesios 4:3).
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Pérgamo
He aquí un cuadro conmovedor de los caracteres proféticos de la Iglesia cuando un mundo enemigo se convierte en su protector. Declarándose también cristiano (en el año 313), el emperador romano Constantino reconoció la religión cristiana. Un poco más tarde, el emperador Teodosio (año 392) la declaró única religión oficial del imperio romano.
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Plan del libro del Apocalipsis
La división del libro en tres partes aparece en la instrucción dada al apóstol Juan: “Escribe las cosas que has visto, y las que son, y las que han de ser después de estas” (cap. 1:19).
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¿Por qué no tienen un nombre distintivo?
Una designación particular es absolutamente condenada por la Biblia: “Porque diciendo el uno: Yo ciertamente soy de Pablo; y el otro: Yo soy de Apolos, ¿no sois carnales? ¿Qué, pues, es Pablo, y qué es Apolos? Servidores por medio de los cuales habéis creído” (1 Corintios 3:4-5). “Y a los discípulos se les llamó cristianos por primera vez en Antioquía” (Hechos 11:26).
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¿Qué doctrina tienen estos cristianos?
Ellos tienen única y exclusivamente la doctrina de la Palabra de Dios. Reconocen que la Biblia (el Antiguo y el Nuevo Testamento) es en su totalidad la Revelación dada por Dios. Esta Palabra debe ser la única base de sus enseñanzas y la única guía para todos los asuntos de su vida.
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¿Qué había en el principio?
Los primeros cristianos se reunían en el nombre de Jesús según Su palabra: "Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos "(Mateo 18:20). En el transcurso de los siglos esta cita a menudo ha sido interpretada de una manera no conforme a la Palabra de Dios.
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¿Quiénes son esos cristianos?
Son hombres y mujeres que han venido a la cruz con sus pecados; personas que han encontrado en Jesús el perdón, la paz y la vida eterna. En ellas el Espíritu de Dios ha producido una vida nueva, la vida de Dios, por medio de su Palabra. No sólo llevan el nombre de cristianos, sino que verdaderamente han nacido de nuevo.
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Relaciones exteriores
Ahora la Iglesia es vista en relación con el mundo milenario.
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Resumen de la posición de la Iglesia
La parte profética del libro del Apocalipsis se termina con esta visión de la Iglesia. Objeto de un propósito divino eterno, la Iglesia es edificada por Cristo para pertenecerle por siempre. Celestial y divina en su origen y su destino, la Iglesia refleja, por sus caracteres y sus bendiciones, las glorias variadas del Cordero, ya en el reino milenario y en la eternidad.
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Salgamos, pues, a él, fuera del campamento
En realidad no hemos sido llevados a cosas visibles, terrenales, ni a valores mundanos. El tiempo de servir en el Tabernáculo erigido por el hombre ha pasado. Las figuras han cedido su lugar a la realidad.
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Saludo de parte de las personas divinas
Juan anuncia la gracia y la paz a las siete asambleas de Asia, de parte de las tres Personas de la Divinidad:
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Sardis
Sardis, ciudad principal del reino de Lidia, antiguamente era una ciudad próspera. Creso, uno de los reyes que fundó su capital, fue el símbolo de la riqueza. En tiempos del apóstol Juan, la ciudad cayó en el olvido. El nombre de Sardis significa probablemente «un residuo»; es tal vez una alusión profética a los reformadores que debían salir de la masa infiel de Tiatira.
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Satanás atado
Esta cuarta visión del apóstol describe la suerte temporal de Satanás durante el milenio. A pesar de su rol mayor en la rebelión universal de los hombres contra Dios y contra Cristo, el nombre de Satanás y su acción no habían sido mencionados hasta allí.
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¿Son mejores que otros?
No, estos cristianos en sí no son mejores. Alaban a Dios, quien por gracia los ha salvado, los guarda y restaura cuando han pecado. Saben que “la carne”, la vieja e incorregible mala naturaleza, todavía mora en ellos y que pueden deshonrar mucho a su Señor por falta de vigilancia.
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Tiatira
En Tiatira, la cuarta asamblea, el Espíritu Santo describe la continuación y el final de la historia de la Iglesia, tal como fue formada en tiempo de los apóstoles. Su término, “hasta el fin” (v. 26), es el retorno del Señor. En Tiatira, por primera vez en una asamblea, el regreso del Señor es presentado.
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Una bienaventuranza
Debido a la inminencia de los acontecimientos futuros, una bienaventuranza (o una felicidad) es prometida al que lee, a los que oyen y guardan las palabras de esta profecía. Es necesario acostumbrarnos a leer la Palabra, a escucharla atentamente cuando nos es presentada, y luego guardarla, es decir, someternos a ella, de manera que tenga una influencia poderosa en nuestras almas.
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Una vida nueva
La fe en el Señor Jesús, “el cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación” (Romanos 4:25), nos asegura no solamente que estamos al abrigo del juicio, que no pereceremos, sino también que desde ahora tenemos la vida eterna.
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Vista exterior de la ciudad
El apóstol oye las mismas palabras que había oído anteriormente (cap. 17:1; 21:9), pronunciadas por uno de los siete ángeles que tenían las siete copas de juicio. La primera vez era para ver la ciudad terrenal y escuchar la sentencia de juicio de la segunda Babilonia, la ramera. Ahora se trata de la ciudad celestial, la esposa del Cordero.
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