2 Pedro
2 Pedro

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 3

Burladores de los postreros días

Pedro no teme las repeticiones. No se cansa de recordar las mismas verdades para que los hijos de Dios las memoricen (v. 1; cap. 1:12-13; Filipenses 3:1; Judas 17). En lo que nos concierne, no nos cansemos de volver a leerlas y meditarlas. Por tercera vez el apóstol alude al diluvio. En contraste con los que “ignoran voluntariamente” toda advertencia (Efesios 4:18), los amados del Señor no deben ignorar Sus intenciones. “El fin del mundo” que muchos evocan, sea con espanto o con ligereza, tendrá lugar solamente en el momento escogido por él. El cielo y la tierra que existen ahora serán destruidos. Solo la paciencia de Dios, que tiene en vista la salvación de los pecadores, ha detenido el juicio hasta ahora. Dios no quiere que ninguno perezca (Ezequiel 33:11). Y esa paciencia se ejerce aun a favor de los burladores que la discuten y la agravian. La humanidad está empeñada en una implacable «cuenta atrás». Llegará el momento –el último– en el que las promesas tan a menudo oídas se volverán realidad. Los acontecimientos terminarán por dar la razón a la esperanza de los hijos de Dios, para confusión de los burladores y de los impíos. Entonces será demasiado tarde para proceder “al arrepentimiento” (final del v. 9). Amigo lector, ¿ya lo hizo usted?

Futuro del planeta y consecuencias prácticas actuales

Estas últimas exhortaciones no están fundadas, como las precedentes, sobre las “preciosas y grandísimas promesas” (cap. 1:4), sino sobre la inestabilidad de todo lo que llena la presente escena. Hagamos de vez en cuando el inventario de los bienes terrenales a los que estamos más apegados y escribamos debajo: “todas estas cosas han de ser deshechas…”. Así seremos guardados de apegarnos a ellas. El hecho de saber estas cosas de antemano debería estimularnos a una santa conducta (o manera de vivir); otra expresión característica de Pedro (véase la primera epístola cap. 1:15, 17-18; 2:12; 3:1-2, 16). Nada impulsa tanto a la separación del mal y del mundo como el pensamiento del inminente retorno del Señor. Lo mismo sucede en cuanto a la evangelización, porque su venida marcará el fin de su paciencia para salvación (v. 15). Esforcémonos para ser hallados tal como Cristo quiere encontrarnos a su retorno (v. 14): “irreprensibles para el día de Cristo” (Filipenses 1:10), habiendo hecho algún progreso en la gracia y en Su conocimiento (v. 18).

El apóstol había cumplido con su servicio y ahora está preparado para “abandonar el cuerpo”. Nos da cita en ese día de eternidad que nuestra fe saluda y anticipa al dar gloria desde ahora a nuestro Señor y Salvador Jesucristo.