Ester
Ester

J. Koechlin - 2000

El título de esta colección proviene de Hechos 17:11, donde los bereanos «escudriñaban cada día las Escrituras». Su objetivo es acompañar la lectura diaria y consecutiva de la Biblia con breves explicaciones y exhortaciones prácticas que ayuden a sacar mayor provecho de la Palabra de Dios.

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Capítulo 8

Un nuevo decreto circula en Persia

Ahora el curso de las cosas está invertido. Solo Dios puede dar vuelta así una situación. Pero la muerte de Amán está lejos de haberlo arreglado todo. El rey, atado por su propio sello, no tiene el poder de anular simplemente su funesto decreto. Lo que hace –y es todavía Dios quien le inclina hacia esta sabiduría– es confiar a Ester y Mardoqueo el cuidado de deshacer la conspiración de Amán. Los enemigos no serán desarmados. En cambio, los judíos van a ser autorizados y hasta alentados a defenderse y a destruirlos. El creyente tiene enemigos que procuran oprimirle. Aunque su jefe, Satanás, fue vencido por la obra de Cristo en la cruz (lo mismo que Amán fue colgado en la horca que él había preparado), el poder de obrar contra los hijos de Dios todavía no les ha sido quitado. Pero ahora estos últimos reciben la posibilidad de combatirlos eficazmente.

Cada uno de nosotros conoce por demás a esos enemigos. Si los tratamos con miramientos, ellos no andarán con contemplaciones con nosotros. Usemos, pues, los medios de la fe para anular sus esfuerzos, inclusive reuniéndonos para la oración en común (véase v. 11). Fortalezcámonos en el Señor y en el poder de su fuerza (Efesios 6:10).

Mardoqueo engrandecido

El tiempo de quedarse humildemente a la puerta del rey pasó para Mardoqueo. Asuero, poseedor del poder supremo, le confirió gloria, majestad, honor y poder. Es una figura de la elevación del Señor Jesucristo cuando, como lo dijo un poeta: «Le veremos surgir deslumbrante de gloria, Hijo del hombre nimbado con aureola de oro» (comp. Ester 8:15). Repasemos brevemente el curso de la vida de Mardoqueo y sus semejanzas con el camino de Jesús: cuidó de la joven de Israel, así como Cristo constantemente veló por su pueblo; fue fiel servidor del rey y, sin embargo, rehusó inclinarse ante el amalecita, así como Jesús no reconoció el menor derecho al Tentador. Pero Cristo, a causa de esa perfección y de su amor por su pueblo, tuvo que conocer en realidad el infame madero, cuya sombra solo pasó sobre Mardoqueo.

Después de los sufrimientos vienen las glorias. Sí, a través del versículo 15 del capítulo 8 y de los versículos 3-4 del capítulo 9 contemplamos con adoración el triunfo de Jesús, al que acompañará la destrucción o la sumisión de todos sus enemigos (véase Salmo 66:3-4).

Los diez hijos de Amán, de quienes el padre se sentía tan orgulloso (Ester 5:11) perecen a su turno. “No será nombrada para siempre la descendencia de los malignos” (Isaías 14:20).