Capítulo 8
Lo que es indispensable antes de partir
La reunión tiene lugar junto al río Ahava. Para completar su tropa, Esdras está obligado a mandar a buscar a los levitas. “Los obreros (son) pocos” y “la mies es mucha” declaraba el Señor a sus discípulos (Mateo 9:37). Hoy es así todavía. Él considera a todos sus redimidos en la tierra y cuenta a los que están verdaderamente dispuestos a servirle.
¿Ahora está todo listo para la partida? No; ¡falta aun una cosa esencial! Así como un viajero no se pone en marcha sin haber estudiado el mapa, Esdras se preocupa por el camino que debe seguir. Y consulta a Jehová.
El camino derecho para nosotros, y para nuestros niños
(Esdras 8:21),
¿no es el de la entera obediencia a Dios? Cristo, el primero, lo allanó en este mundo (1 Pedro 2:21). De modo que la Biblia que nos muestra las perfectas huellas de ello, nos sirve –por decirlo así– de «carta de rutas». Sin embargo, a menudo erramos el verdadero y seguro camino porque nos extraviamos en las falsas pistas de nuestra propia voluntad. Humillación, dependencia, confianza en Dios más bien que en el hombre son otras tantas lecciones bendecidas que aprendemos en la compañía de Esdras… o mejor aun del Señor Jesús.
El viaje – Mala noticia a la llegada
En el tiempo de la primera vuelta a Jerusalén, Ciro había hecho entregar a los judíos repatriados algunos de los utensilios de la casa de Dios. Esdras y sus compañeros tampoco salieron con las manos vacías. El rey y los que le rodeaban, así como los israelitas que permanecieron en el exilio, hicieron dones para el santuario.
Con esas riquezas que podían tentar a los bandidos, la débil tropa sin escolta –pero protegida por la buena mano de Dios– llegó a Jerusalén. Su primer cuidado fue entregar el precioso depósito en manos de los sacerdotes responsables. Luego, “diligentemente”, como se les había encargado hacerlo (Esdras 7:17), ofrecen sacrificios.
Pensemos en los “talentos” que nos fueron confiados para el camino (Mateo 25:15). ¿Qué caso hacemos de todos esos dones recibidos del Señor: salud, inteligencia, memoria y, ante todo, su Palabra? A la llegada a la celestial ciudad todo será contado y pesado en la balanza del santuario (Esdras 8:33; véase también Lucas 12, fin del v. 48).
Pero, de repente, la vuelta de Esdras es ensombrecida por lo que él oye respecto del pueblo. Por eso es una escena de dolor y lágrimas a la cual asistimos ahora. “Ríos de agua descendieron de mis ojos, porque no guardaban tu ley” (Salmo 119:136).
