Capítulo 7
Esdras el escriba
Unos cuarenta años transcurrieron entre los acontecimientos del capítulo 6 y los que empiezan en el capítulo 7 con el viaje de Esdras durante el reinado de Artajerjes. En contraste con los sacerdotes negligentes mencionados en el capítulo 2:61-62, Esdras es capaz de presentar una genealogía que se remonta hasta Aarón. Además, él es un “escriba diligente en la ley de Moisés”. Es una cosa muy deseable ser instruido en la divina Palabra. Pero no basta conocerla con la inteligencia y la memoria, como las materias enseñadas en las escuelas. Esa clase de conocimiento solo serviría para envanecer (1 Corintios 8:1; 13:2). También es necesario amar esa Palabra y a la Persona que ella presenta. ¡Vea a Esdras! Él
Había preparado su corazón para inquirir la ley de Jehová
(Esdras 7:10).
Y no solo para inquirir, sino también para “cumplirla”. Porque conocer, aun con el corazón, todavía no es suficiente si no se pone en práctica lo que la Biblia nos ha enseñado (Santiago 1:22). Solamente cuando esas condiciones son cumplidas, uno puede permitirse enseñar a los demás.
Con benevolencia y generosidad, el rey tomó todas las disposiciones necesarias para permitir que Esdras emprendiera su viaje y también se ocupara en el servicio de la casa de Jehová a su llegada.
Carta y orden de Artajerjes
Esdras guardó la Palabra de Dios y no negó Su nombre. Él y los hombres que se reúnen a su llamado van a hacer la experiencia de que tienen poca fuerza (son apenas 1.500), pero, al mismo tiempo, de que Dios puso ante ellos “una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar” (Apocalipsis 3:8). Artajerjes I, llamado Larga Mano, como sus predecesores Ciro y Darío es un instrumento preparado por Jehová para mantener abierta la puerta del regreso a Jerusalén ante el cautivo remanente de Judá. La carta del rey muestra que se preocupa por todo: primero, por el restablecimiento del culto en Jerusalén, con todo lo que es necesario para los sacrificios y el mantenimiento de los sacerdotes y de los levitas; luego, por el establecimiento de las autoridades: gobernadores y jueces; finalmente –cosa notable– da instrucciones a Esdras para que haga conocer a todos las leyes de su Dios (Esdras 7:25).
Como los repartimientos de las aguas, así está el corazón del rey en la mano de Jehová; a todo lo que quiere lo inclina
(Proverbios 21:1; véase también Proverbios 8:15-16).
Esdras bendice a Jehová como a aquel “que puso tal cosa en el corazón del rey”. Ejercitémonos como él en ver siempre “la mano”, sí, “la buena mano de Dios” (Esdras 7:6, 9, 28; 8:18, 31) en todo lo que nos ocurre.
