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La Iglesia del Dios viviente
Una persona viviente
En años posteriores, Pedro escribió a los creyentes acerca del Señor Jesucristo y dijo: Acercándoos a él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa (1 Pedro 2:4).
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La Iglesia del Dios viviente
Una representación de la Iglesia entera
Cada iglesia local o asamblea de creyentes solo es una parte del cuerpo de Cristo y ha de ser una representación exacta de la Iglesia en su totalidad. Debe expresar la Iglesia como un todo, al igual que una menuda gota de rocío refleja, en miniatura, el mismo firmamento que el poderoso océano.
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Una toma de posición que deriva de tales caracteres
Esos caracteres implican tomar una posición que a menudo es mal comprendida y mal juzgada, aun por los otros cristianos. Ella no tiene valor si no es dictada por la obediencia, en humildad, y en un profundo amor por la Iglesia entera.
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The Mackintosh Treasury
“Viva”
Tenemos primero el vocablo “viva”. “Allegándoos a él, como a piedra viva, rechazada en verdad de los hombres, mas para con Dios escogida y preciosa, vosotros también, como piedras vivas, sois edificados” (1 Pedro 2:4-5, V. M.).
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Volver a “lo que era desde el principio”
¿Qué es lo que llevó –a partir de 1830 (en el tiempo del Despertar)– a nuestros amados hermanos a salir “fuera del campamento” de la cristiandad? ¿No era para salir hacia Cristo, llevando su vituperio? (Hebreos 13:13).
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¡Y el mar ya no existía más!
¡Cuántas cosas se encierran en esta expresión de Apocalipsis 21:1! Si ahora faltara el mar, ninguna vida podría subsistir en la tierra, salvo un milagro de Dios. Ni hombre, ni animal, ni planta podrían vivir en ella.
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Y limpiará Dios toda lágrima de los ojos de ellos
Ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron. Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas (Apocalipsis 21:4-5).
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Yahveh
Yahveh, traducido por Jehová (el Eterno) se encuentra unas seis mil quinientas veces en el Antiguo Testamento. La esencia misma de Dios es, en el original, designada por el tetragrama sagrado YHVH, nombre que los judíos ni siquiera pronunciaban; para escribirlo, los rabinos debían lavarse y tomar cada vez una pluma nueva.
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