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Mensaje para todos

No perecerán jamás

Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. Yo y el Padre uno somos. (Juan 10:27-30)Un joven cristiano sincero me dijo un día:

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Cada Día las Escrituras

Juan: Capítulo 10

El redil, la puerta, el Buen Pastor En este evangelio no encontramos parábolas. El “Verbo” habla a los hombres en un lenguaje directo. En cambio, ¡cuán preciosas son las imágenes y las comparaciones que el Señor emplea para hacerse conocer!

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Pláticas sencillas

Juan: Capítulo 10

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Pláticas sencillas

El buen Pastor

En el versículo 11 el Señor se llama el buen Pastor, en contraste con los mercenarios, otro carácter de aquellos que pretendían apacentar las ovejas judías. “Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas. Mas el asalariado, y que no es el pastor, de quien no son propias las ovejas, ve venir al lobo y deja las ovejas y huye, y el lobo arrebata las ovejas y las dispersa.

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Pláticas sencillas

El pastor, las ovejas y el portero

Jesús empieza las enseñanzas de este maravilloso capítulo diciendo: De cierto, de cierto os digo: El que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que sube por otra parte, ese es ladrón y salteador. Mas el que entra por la puerta, el pastor de las ovejas es (v. 1-2).

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Jesús da a su Padre un motivo para que le ame

Hasta aquí Jesús ha presentado su amor hacia sus ovejas, amor que resulta para ellas el motivo para amarle. “Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero” (1 Juan 4:19). En el versículo 17 Jesús levanta sus ojos muy por encima de lo que concierne a sus ovejas y piensa en lo que su obra será para su Padre.

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Jesús en el pórtico de Salomón

“Celebrábase en Jerusalén la fiesta de la dedicación. Era invierno, y Jesús andaba en el templo por el pórtico de Salomón” (v. 22-23). Esta no era una de las fiestas instituidas por Moisés, de las cuales hablamos en el capítulo 7. El rey de Siria, Antíoco Epífanes, cruel perseguidor de los judíos, había profanado el templo de una manera ultrajante.

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Jesús, la puerta de las ovejas

“De cierto, de cierto os digo: Yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que antes de mí vinieron, ladrones son y salteadores; pero no los oyeron las ovejas. Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos” (v. 7-9).

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Los judíos aún quieren apedrear a Jesús

Siete veces el evangelio de Juan nos relata que los judíos procuraban matar a Jesús. El Espíritu de Dios indica así la gran persistencia de ellos en querer deshacerse de él (cap. 5:16, 18; 7:1, 30; 8:59; 10:31, 39; 11:53). “Los judíos volvieron a tomar piedras para apedrearle. Jesús les respondió: Muchas buenas obras os he mostrado de mi Padre; ¿por cuál de ellas me apedreáis?” (v. 31-32).

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Serán traídas otras ovejas

A partir de la mención hecha sobre la muerte de Jesús, se ve aparecer el cumplimiento de los consejos de Dios según los cuales los creyentes de todas las naciones serán llevados a poseer bendiciones celestiales y eternas. Jesús dice: También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquellas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor.

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