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Pláticas sencillas

Un espíritu inmundo difícil de echar fuera

Cuando Jesús bajó del monte encontró a los discípulos que había dejado, rodeados de una multitud y a los escribas que discutían con ellos. La gente asombrada probablemente por la ausencia de Jesús con tres de sus discípulos, corrió a saludarlo.

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Pláticas sencillas

Un hombre amable

 Viendo a Jesús que salía por el camino, un hombre corrió y echándose de rodillas ante él, le dijo: “Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna? Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino solo uno, Dios” (v. 17-18).

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Pláticas sencillas

Una curación en día de reposo

Jesús entró nuevamente en la sinagoga un día sábado, donde encontró a un hombre que tenía la mano seca. Los asistentes observaban si lo curaría, para poder acusarlo. Conociendo sus pensamientos, Jesús mandó al lisiado que se levantara delante de todos, y mirándolos dijo: ¿Es lícito en los días de reposo hacer bien, o hacer mal; salvar la vida, o quitarla? (v. 4).

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Pláticas sencillas

Una nueva travesía

Jesús hizo subir a sus discípulos a una barca para que fueran delante de él a la otra ribera, mientras despedía a la multitud. Ahora sí podía enviarla de regreso, después de haber saciado “a sus pobres… de pan”, como dice el Salmo 132:15. El Señor nunca despide vacíos a quienes se acercan a él; y ellos se habían reunido junto a él (v. 33).

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