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The Mackintosh Treasury
“Considerémonos unos a otros”
Y ahora, como conclusión, echemos un vistazo a la exhortación de Hebreos 10:24: “Considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras”.
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El Apóstol de nuestra profesión
Nos detendremos ahora unos momentos en la exhortación dirigida a los “hermanos santos, participantes del llamamiento celestial”. Como ya ha sido observado, no somos exhortados a ser “hermanos santos”, somos hechos tales.
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El evangelio de Lucas
Al comienzo del evangelio de Lucas tenemos el hermoso cuadro de un remanente en medio de una profesión vacía y sin corazón. Oímos las piadosas expresiones de los corazones de María, de Elisabet, de Zacarías y de Simeón. Vemos a Ana, la profetisa, que hablaba de Jesús a todos los que esperaban la redención en Jerusalén. Recuerdo haber oído decir a mi querido y venerado amigo J. N. D.
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El momento y la manera de celebrar la Cena del Señor
Solo agregaré unas palabras acerca del momento y la manera en que se ha de celebrar la Cena del Señor, tal como lo enseñan las Escrituras. Cuándo debe celebrarse
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Él presenta a Dios nuestros sacrificios de alabanza y acciones de gracias
En Hebreos 13:15 tenemos la tercera parte del servicio que el Señor cumple por nosotros en el santuario celestial: “Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre”.
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El reinado de Ezequías
En el capítulo 30 del segundo libro de Crónicas tenemos el reconfortante y alentador relato de la Pascua celebrada en los tiempos de Ezequías, cuando la unidad visible de la nación no existía más y cuando todo estaba en ruinas.
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El reinado de Josías
Ahora pasaremos a considerar el reinado del piadoso y devoto rey Josías, cuando la nación se hallaba en vísperas de su disolución. Aquí tenemos una muy notable y hermosa ilustración de nuestro tema.
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El Sumo Sacerdote de nuestra profesión
Examinemos ahora otra división importante de nuestro tema. Hemos de considerar al “sumo sacerdote de nuestra profesión”. Esto también está repleto de las más ricas bendiciones para cada uno de los hermanos santos. El mismo Bendito que, como Apóstol, descendió de Dios hasta nosotros para darle a conocer, ha vuelto a Dios para estar delante de él por nosotros.
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El título de “hermanos santos”
Pero antes de examinar los grandes temas que hemos de considerar, detengámonos un momento en el maravilloso título que el Espíritu Santo aplica a todos los creyentes, a todos los verdaderos cristianos. Él los llama “hermanos santos”. Este es ciertamente un título de gran dignidad moral. No dice que debemos ser santos. No; sino que lo somos.
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El valle de Acor
Es siempre conveniente que el cristiano pueda “dar respuesta” (1 Pedro 3:15, V. M.), de manera calma y firme, a la objeción que la incredulidad plantea contra las actuaciones del gobierno divino. La respuesta es la siguiente: “El Juez de toda la tierra, ¿no ha de hacer lo que es justo?” (Génesis 18:25).
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Enseñanzas para la Iglesia
El valle de Acor en la profecía Hay una muy interesante alusión al “valle de Acor” en Oseas 2, que podemos ver de paso, aunque no se conecte con la línea especial de verdad que hemos considerado en esta serie de artículos.
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Filadelfia
Este contraste continúa más extendido y más pronunciado en las dos últimas asambleas. En Filadelfia tenemos un hermosísimo cuadro de una compañía de verdaderos cristianos, humildes, sencillos y escasos de fuerzas, pero que han sido fieles a Cristo, han guardado su Palabra y no han negado su Nombre. Cristo y su Palabra son atesorados en el corazón y confesados en la vida práctica.
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La base del título de “hermanos santos”
Pero examinemos sobre qué base el apóstol funda este título de “hermanos santos”. Es de suma importancia tener en claro esta cuestión. Si no vemos que es enteramente independiente de nuestro estado, de nuestra marcha o de nuestro progreso, no podremos comprender ni nuestra posición ni sus resultados prácticos.
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La cautividad - Daniel
Pero –bendito sea por siempre el Dios de toda gracia– él jamás se deja a sí mismo sin testimonio (Hechos 14:17).
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La cena del Señor
Porque yo recibí del Señor lo que también os entregué: que el Señor Jesús, la misma noche en que fue entregado, tomó pan; y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed. Esto es mi cuerpo, que por vosotros es partido. Haced esto en memoria de mí.
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La Cena del Señor y su relación con la unidad del cuerpo de Cristo
Sin embargo, la cuestión de la preparación se comprenderá mejor en la medida que desarrollemos el asunto. Quiero, pues, establecer otro principio relacionado con la naturaleza de la Cena del Señor: ella supone el reconocimiento inteligente de la unidad del cuerpo de Cristo. “El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo?
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La Cena es la expresión de la unidad de todos los creyentes
Pero debo apresurarme y pasar a otros aspectos de este tema.
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La epístola de Judas
Pasemos ahora a considerar la epístola de Judas. Allí vemos a la cristiandad apóstata bajo todas sus terribles formas de iniquidad, así como en Malaquías habíamos visto al judaísmo apóstata. Pero nuestro objetivo no es ocuparnos de la cristiandad apóstata, sino del remanente cristiano.
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La mesa del Señor
Por lo cual, amados míos, huid de la idolatría. Como a sabios os lo digo; juzgad de lo que digo. La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo?
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La realidad presente
La verdad de la unidad del cuerpo y la de la presencia de Cristo en medio de la Asamblea, prometida a los dos o tres “reunidos en mi Nombre” (Mateo 18:20), son prácticamente desconocidas o abandonadas en los diversos sistemas o denominaciones religiosas que están en el terreno de independencia.
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La relación del “Primogénito” con los “muchos hermanos”
Pero debemos recordar aquí al lector que es de la mayor importancia ser claros y estar bien fundados en cuanto a la relación del “Primogénito” con los “muchos hermanos”. Esta es una gran verdad fundamental, respecto a la cual no debe haber ninguna vaguedad ni indecisión. La Escritura es clara y enfática sobre este gran punto cardinal. Pero hay muchos que no quieren oír la Escritura.
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Laodicea
No quisiera terminar sin decir unas palabras sobre Laodicea. Nada puede ser más vívido o notable que el contraste que existe, en todos los aspectos, entre Laodicea y Filadelfia. Laodicea representa el último período del cuerpo profesante cristiano. Está a punto de ser vomitada como algo intolerablemente nauseabundo para Cristo. No se trata aquí de crasa inmoralidad.
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Las circunstancias en que fue instituida la Cena del Señor
Habiendo tratado lo que considero que es, por lejos, el punto más importante de nuestro tema, pasaré a considerar, en segundo lugar, las circunstancias en que fue instituida la Cena del Señor. Estas circunstancias fueron particularmente solemnes e instructivas.
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Las personas para quienes fue instituida la Cena del Señor
Vamos a considerar ahora, en tercer lugar, las personas para quienes –y para quienes solamente– se instituyó la Cena del Señor. Fue instituida para la Iglesia de Dios, para la familia de los redimidos.
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