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La Iglesia del Dios viviente

Todos los creyentes son sacerdotes

Quizás sea necesario que reafirmemos aquí lo antes mencionado, es decir, que todos los creyentes son sacerdotes y tienen privilegios iguales y el mismo acceso a Dios “para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo” (1 Pedro 2:5, 9).

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La Iglesia del Dios viviente

Un error ultradispensacional

Algunos pretenden hoy en día que la verdadera Iglesia no empezó el día de Pentecostés, según Hechos 2, sino después del final de ese libro y del encarcelamiento de Pablo. Tenemos algo que decir respecto de esta enseñanza. El versículo 47 de Hechos 2 dice: El Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos.

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La Iglesia del Dios viviente

Un espíritu apropiado y algunas características morales

El Señor muestra aquí cuáles son las cualidades morales y el espíritu que han de caracterizar a los ciudadanos del reino de los cielos. Primero, Jesús puso un niño en medio de ellos como ejemplo. Por medio de ese niño les enseñó mansedumbre, humildad y pequeñez a sus propios ojos. Les instruyó en el sentido de que la verdadera grandeza consiste en humillarse como un niño pequeño.

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La Iglesia del Dios viviente

Un solo Cuerpo

Ante todo, quisiéramos reiterar lo que hemos declarado en el segundo fascículo: «Seis principios básicos» sobre el aspecto local de la Iglesia. Como cada asamblea local constituye un solo cuerpo compuesto por todos los verdaderos creyentes, cada asamblea local es la representación o expresión, en aquel lugar, de la Iglesia de Dios en su totalidad.

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La Iglesia del Dios viviente

Una comunión vigilada

No podemos dejar abierta la Cena del Señor a cualquier persona que desee participar, pues la cuestión de participar o no nunca debe ser decidida solo por el individuo. En 1 Corintios 5 el apóstol Pablo urge a la iglesia de Corinto a que reconozca su responsabilidad de limpiarse de la levadura que había entrado en medio de ella.

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La Iglesia del Dios viviente

Una persona viviente

En años posteriores, Pedro escribió a los creyentes acerca del Señor Jesucristo y dijo: Acercándoos a él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa (1 Pedro 2:4).

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La Iglesia del Dios viviente

Una representación de la Iglesia entera

Cada iglesia local o asamblea de creyentes solo es una parte del cuerpo de Cristo y ha de ser una representación exacta de la Iglesia en su totalidad. Debe expresar la Iglesia como un todo, al igual que una menuda gota de rocío refleja, en miniatura, el mismo firmamento que el poderoso océano.

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