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En el Dios vivo están todos los recursos

Cuanto más nos fijamos en 1 Tesalonicenses 1:9, más resalta su profundidad, su plenitud y su poder maravilloso. Es semejante a penetrar con pico y pala en una mina inagotable. Nos hemos detenido por unos momentos en aquella cláusula tan fructífera y sugestiva: “Os volvisteis a Dios desde los ídolos” (NT interlineal griego-español). ¡Cuánto hay envuelto ahí!

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En un lugar del corazón del Padre

Pero hay otro punto sumamente importante.

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Entonces, ¿qué es el nuevo nacimiento?

Claramente vemos, pues, que la regeneración es un nuevo nacimiento; la comunicación de una nueva vida; la implantación de una nueva naturaleza; la formación de un nuevo hombre. La vieja naturaleza permanece con todas sus características, pero la nueva es introducida también con todas sus cualidades y tendencias.

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¿Existe un poder milagroso hoy?

Los que pretenden hoy día tener el poder milagroso, no se refieren solamente a las enseñanzas de Santiago 5:13-18; piensan que se hallan beneficiados por un movimiento del Espíritu de Dios que reproduce lo que tuvo lugar en Pentecostés como si se tratara de una especie de “lluvia en la estación tardía” (Zacarías 10:1).

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Éxodo 34:6-7

No quisiera terminar este artículo sin citar un pasaje que a menudo se cita erróneamente como la expresión de la gracia, y que en realidad es la manifestación del divino gobierno: “Y pasando Jehová por delante de él, proclamó: ¡Jehová! ¡Jehová!

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Falsas enseñanzas

Se entiende así cómo los partidarios de las sanidades están alejados de los pensamientos de Dios cuando nos dicen: «Ustedes no deben estar enfermos; pueden sanar enseguida si tienen fe». Este lenguaje equivale a decir: «Dios se equivoca respecto a vosotros; nosotros queremos restituiros la salud».

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Falsas ideas acerca de la conversión

Hemos procurado poner de relieve la absoluta necesidad que todos los seres humanos tienen de convertirse. La Biblia lo declara de tal forma que no queda ninguna duda para el que se somete a su santa autoridad. Si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos (Mateo 18:3).

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Introducción

El Enemigo siempre ha realizado múltiples esfuerzos para distraer a los creyentes del objeto que las Escrituras ponen ante ellos, a saber, la persona del Señor.

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Jacob

Solo citaremos un ejemplo más del libro del Génesis, de carácter sumamente práctico, en el cual se ven reunidas en el mismo individuo la acción conjunta de la gracia y el gobierno de una manera solemne e importante. Me refiero al patriarca Jacob. Toda la historia de este hombre –por demás instructiva– presenta una serie de eventos que ilustran nuestro tema.

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La absoluta necesidad de la conversión

El capítulo 1 de la primera epístola a los Tesalonicenses presenta una muy hermosa y notable descripción de lo que podemos llamar verdadera conversión. Esperamos que su estudio resulte de interés y de provecho para nuestras almas, pues nos proporciona una respuesta clara y precisa a la pregunta: «La conversión: ¿Qué es?». Este tema no es de poca importancia.

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La autoridad

Por último, la autoridad sobre la cual recibimos la salvación es el testimonio del Espíritu Santo en las Escrituras. Es “conforme a las Escrituras”. Esta es una muy sólida y reconfortante verdad. No es cuestión de nuestros sentimientos o experiencias o pruebas; es una simple cuestión de fe en la Palabra de Dios, producida en el corazón por el Espíritu de Dios.

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La base moral de la oración

La Escritura nos presenta la base moral de la oración en palabras tales como estas: “Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho” (Juan 15:7).

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La causa que provocó la restauración de Simón Pedro

Esta se nos presenta con particular fuerza por la pluma del inspirado evangelista Lucas: “Dijo también el Señor: Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo” (Lucas 22:31). Si a Satanás se le hubiera permitido hacer su voluntad, el pobre Simón habría quedado arruinado para siempre.

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La confesión de los pecados

Pero “si alguno hubiere pecado” ¿qué tiene que hacer? A esta pregunta el inspirado apóstol da una respuesta de las más claras y benditas: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9). La confesión es el medio por el cual la conciencia es libertada.

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La conversión no es cambiar de sistema religioso

La conversión tampoco consiste en cambiar de sistema religioso. Una persona puede dejar el judaísmo, el paganismo, el islamismo, el catolicismo y hacerse protestante sin por eso estar convertida.

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La conversión, ¿qué es?

Después de considerar la absoluta necesidad de la conversión y de ver, en alguna medida, lo que no es, tenemos que inquirir ahora qué es. Y, en esto, hemos de ceñirnos estrictamente a las infalibles enseñanzas de la Sagrada Escritura. No podemos aceptar nada menos ni cosa diferente de lo que muestra la Biblia.

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La gracia de Dios

En primer lugar, la gracia de Dios –Su libre y soberano favor– es la fuente de donde mana la salvación –la salvación en toda su extensión, en toda su profundidad, en el sentido más amplio de esta preciosa palabra–; salvación que desciende, como una cadena de oro, desde el seno de Dios hasta el más profundo abismo de la culpa y la condición arruinada del pecador, y que sube de nuevo al trono de

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La importunidad

Pero hay todavía otro muy importante rasgo moral de la verdadera oración en la enseñanza del Señor en Lucas 11, y es la “importunidad” o insistencia. El Señor nos dice que el hombre logra su objetivo simplemente por su gran insistencia. No se dio por vencido; tenía que llevar los tres panes.

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La oración eficaz

No olvidemos, por otra parte, que la oración y su otorgamiento están en relación:

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La oración incesante

La Palabra de Dios está llena de exhortaciones a la oración y ciertamente no debemos despreciarlas. Se ha dicho que la oración es la incesante respiración del nuevo hombre. “Orad sin cesar” dice el apóstol a los tesalonicenses en la primera epístola, capítulo 5:17.

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La Palabra de Dios como instrumento del nuevo nacimiento

Para entender, pues, qué quiso decir el Señor con la expresión “nacer de agua”, citaremos dos o tres pasajes de la Palabra. En Juan 1:11-13 leemos: “A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron.

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La Palabra es el remedio

Para escapar de las sutilezas del enemigo, autor de todo lo que es antiescritural en la cristiandad, permanezcamos aferrados con toda sencillez a la Palabra de Dios. Ella nos ocupa de Cristo y no de nosotros mismos; no ofrece al cristiano ningún lugar en este mundo, sino el de testigo de un Salvador despreciado y rechazado.

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La paz

En una palabra, el lector debe tratar de comprender, con la mayor precisión y fundamento bíblico, la diferencia entre vida y paz. La primera es el resultado de nuestra relación con la Persona de Cristo, mientras que la segunda es el resultado de creer en su obra consumada.

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La Persona de Cristo

La persona de Cristo –y su obra terminada– constituyen el único canal por el cual la salvación puede fluir hacia el pecador perdido y culpable. No es la Iglesia, con sus sacramentos, ni la religión, con sus ritos y ceremonias; nada que provenga del hombre o de sus hechos, cualquiera que sea su forma o apariencia, sino la muerte y resurrección de Cristo.

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