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Cristo intervino entrando en la muerte

Pero Cristo intervino: entró en la muerte. ¡Qué verdad más maravillosa! El Príncipe de la vida penetró allí. Entonces, ¿qué es la muerte para el creyente?

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Cristo le da una nueva importancia a la resurrección

En cuanto al Nuevo Testamento, es fácil comprobar que está lleno de esta verdad, la cual es consecuencia de la obra del Señor, quien “quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio” (2 Timoteo 1:10). Él introdujo la vida eterna, la cual pone al alma y al cuerpo más allá de la muerte y su poder.

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Cristo padeció el juicio

Cristo soportó plenamente el juicio de Dios antes de que llegara el día del juicio. Sufrió la muerte como paga del pecado, pese a ser inocente. Así la muerte dejó por completo de sembrar el terror en el alma del creyente.

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El estado intermedio

El estado del alma después de la muerte no es más que un estado intermedio, digno del mayor aprecio, desde luego, para el cristiano, pero que no deja de ser transitorio, no definitivo. Por esto, la Escritura habla relativamente poco de dicho estado, aunque nos informa acerca de las bendiciones que se desprenden de él.

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El paraíso

“De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:43). Estas palabras, dirigidas al ladrón que se convirtió en la cruz, nos llevan a hablar del lugar donde se hallan las almas después de la muerte.

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El paraíso es el tercer cielo

En la cruz, donde el Señor llevó a cabo la expiación o perdón, él ya no presenta el lugar invisible bajo la forma de una parábola o un símil. Lo abrió en todo su esplendor a los ojos del pobre ladrón convertido: “Hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:43).

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Está dicho que el creyente duerme

No se dice que el creyente muere, sino que duerme: 1 Tesalonicenses 4:13-15; Mateo 27:52; Juan 11:11-12; 1 Corintios 11:30; 15:20, 51. No se puede hablar de la muerte de un hombre que, tal vez en el momento de ser depositado en la fosa, podría volver a la vida.

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Está dicho que el incrédulo muere

El estado intermedio del cual hablamos está compuesto de dos elementos. El cuerpo muere y el alma vive. Para el cristiano, la muerte del cuerpo se llama sueño. El Antiguo Testamento usa constantemente esta palabra para referirse a la muerte. “Durmió con sus padres”, tal era el término acostumbrado para definir la muerte, fuera de los buenos o fuera de los reyes malvados de Israel.

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Han surgido muchas ideas falsas

No nos extrañemos de los errores que cometen estos hombres cuando nos hablan del «sueño del alma» después de la muerte, o de su «desarrollo gradual» después de salir del cuerpo, o de su «paso de esfera en esfera hasta su perfección final».

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La esperanza del creyente a través del duelo

En 1 Tesalonicenses 4:13-18 el apóstol Pablo dice: “Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él.

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La incredulidad es la base de tales errores

La incredulidad acerca de la divina inspiración de las Escrituras es, como ya lo dijimos, la base de todos esos errores. Éstos forman parte de la apostasía predicha por la misma Palabra de Dios, cuyo desenlace final va acercándose.

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“La paga del pecado es muerte”

Pero eso no es todo. El hombre lleno de vida en este mundo se hunde en la muerte. ¿Por qué? Porque el pecado se introdujo en el mundo, y el pecado despertó la conciencia. Aun más, con el pecado vino el juicio de Dios. La paga del pecado es la muerte, terror para la conciencia. Es el poder de Satanás sobre el hombre, por cuanto Satanás tiene el dominio de la muerte.

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La primera resurrección

Estas tres fases constituyen “la primera resurrección” o “la resurrección de entre los muertos”. La resurrección de los muertos –los que no han creído– no ocurrirá sino después del milenio (Apocalipsis 20:5), con vistas al juicio final. Por eso este suceso no se llama segunda resurrección, sino “la muerte segunda” (Apocalipsis 20:11-15).

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¿Nos reconoceremos en el cielo?

A veces los cristianos se preguntan si reconoceremos en el cielo a aquellos que nos tomaron la delantera. Personalmente, no lo dudo; pero reconoceremos también a los que no habíamos conocido en este mundo, de la misma manera que los discípulos reconocieron en el monte de la transfiguración a Moisés y a Elías en gloria, mientras que éstos no hacían más que hablar con Jesús.

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Palabras inefables

No hay un cuarto cielo, de modo que el paraíso es el lugar más alto, es el cielo de Dios, “el paraíso de Dios” (Apocalipsis 2:7). Allí fue arrebatado el apóstol Pablo. ¿Cómo? Sólo Dios lo sabe; pero Pablo estaba seguro de que podía estar allí tanto como alma separada del cuerpo como en el cuerpo.

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Paraíso y gloria

Notemos además que el paraíso no es la gloria. No cabe la menor duda de que la gloria está allí donde Cristo se encuentre; pero nosotros sólo podremos entrar en la gloria como seres completos; tendremos cuerpo y alma reunidos, y no nos hallaremos en un estado intermedio. Generalmente nos hacemos una falsa idea de la gloria al considerarla como un lugar. La gloria es una manifestación.

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