Capítulo 2
Cristo, ejemplo perfecto de humildad
Para hallar el camino hacia todos los corazones, para “ganar” a un hermano y apaciguar una disensión, existe solo un secreto: el renunciamiento a sí mismo. Podremos aprenderlo al contemplar y adorar a nuestro incomparable Modelo. Según sus propias palabras, “cualquiera que se enaltece, será humillado (por Dios); y el que se humilla, será enaltecido (por Dios)” (Lucas 14:11; 18:14). Dos historias exactamente opuestas se pueden resumir en esta frase: la del primer Adán, desobediente hasta la muerte, seguido por su descendencia ambiciosa y rebelde; y la de Cristo Jesús, quien por amor se despojó de su gloria divina, se humilló lo máximo haciéndose hombre y luego murió por nosotros en la cruz.
La forma de un hombre, la condición de un siervo y la muerte ignominiosa de un malhechor son las tres etapas de ese maravilloso sendero. Sí, con toda justicia, Dios tenía consigo mismo el compromiso de exaltarle hasta lo sumo y de honrarle con un nombre soberano. Bajo ese nombre de Jesús, tan glorioso y dulce a la vez, el cual tomó para obedecer, servir, sufrir y morir, será reconocido como Señor y recibirá el homenaje universal.
Amigo lector, ¿qué valor tiene ese Nombre para su corazón?
Ejemplos de dedicación
Como modelo de obediencia (v. 8), el Señor tiene el derecho de exigir la nuestra en todo “sin murmuraciones y contiendas” (v. 14). La ausencia del apóstol no eximía a los filipenses de la obediencia (v. 12). Al contrario, ya que él no estaba más con ellos, debían velar por sí mismos para no malograr su carrera cristiana. Del mismo modo un joven creyente, cuando abandona el techo paterno, no por esa razón deja de estar sujeto al Señor,sino que es responsable de su propio andar. Los luminares o estrellas son objetos celestes que brillan en la noche y permiten a los hombres orientarse. Tales son los cristianos en la noche de este mundo.
La palabra griega traducida por “ocupaos en” tiene el sentido preciso de cultivar. Implica, pues, una paciente sucesión de operaciones, tales como arrancar malas hierbas (pensamientos impuros, prácticas deshonestas, mentiras, etc.). Esta tarea no podemos efectuarla con nuestras propias fuerzas (v. 13). Incluso el querer, el deseo, es producido en nosotros por el Señor. ¡Qué hermoso testimonio resulta de ello! (v. 14-16).
Veamos en este capítulo los diferentes ejemplos de abnegación, comenzando por el más elevado, el de Cristo, luego el de Pablo asociado con los filipenses (v. 16-17), el de Timoteo (v. 20) y el de Epafrodito (v. 25-26, 30). En cambio, cuán triste resuena el versículo 21. ¿A quién deseamos parecernos?
