Mateo
Versión Moderna 2025
6
1Guardaos de hacer vuestra ajusticia delante de los hombres, con el fin de ser mirados por ellos: de otra manera no tenéis galardón de vuestro Padre que está en los cielos.2Mas tú, cuando haces limosna, no hagas tocar trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las plazas, de modo que tengan gloria de los hombres. En verdad os digo: Ya tienen su galardón.3Mas cuando tú haces limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha;4de modo que tu limosna sea en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto, te recompensará.5Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas; porque ellos aman bestar en pie orando en las sinagogas, y en las esquinas de las calles, para ser vistos por los hombres. En verdad os digo: Ya tienen su galardón.6Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y habiendo cerrado tu puerta, ora a tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre que ve en lo secreto, te recompensará.7Y orando, no useis de vanas repeticiones, como los gentiles; porque ellos piensan que por su mucho hablar serán oídos.8No os hagáis, pues, semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe de lo que tenéis necesidad, antes que le pidáis.9Vosotros, pues, orad así:10Venga tu reino. Sea hecha tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.11Danos hoy nuestro pan de cada día.12Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores.13Y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal. Porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, para siempre. Amén.14Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial:15pero si no perdonáis a los hombres sus ofensas, vuestro Padre tampoco os perdonará vuestras ofensas.16Y cuando ayunéis, no seáis como los hipócritas, de rostro austero; porque ellos demudan su rostro, de modo que sean vistos por los hombres ayunando. En verdad os digo: Ya tienen su galardón.17Mas tú, cuando ayunes, unge tu cabeza y lava tu rostro,18de modo que no seas visto por los hombres ayunando, sino por tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre que ve en lo secreto, te recompensará.19No os alleguéis tesoros sobre la tierra, donde la polilla y el orín los consumen, y donde los ladrones los minan y hurtan:20sino antes, acumulad tesoros en el cielo, donde ni polilla ni orín consumen, y donde ladrones no minan, ni hurtan:21porque en donde estuviere vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.22La lumbrera del cuerpo es el ojo; si, pues, tu ojo fuere sencillo, todo tu cuerpo estará lleno de luz;23mas si tu ojo fuere malo, todo tu cuerpo será tenebroso: si, pues, la luz que en ti hay son tinieblas, aquellas tinieblas ¡cuán grandes no serán!24Ninguno puede servir a dos señores, porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y a cMammoná.25Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, sobre lo que habéis de comer, o lo que habéis de beber; ni tampoco por vuestro cuerpo, sobre lo que habéis de vestir. ¿La vida no es más que el alimento, y el cuerpo que el vestido?26Mirad las aves del cielo, cómo ellas no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta: ¿no valéis vosotros mucho más que ellas?27¿Y quién de vosotros, por mucho que se afane, podrá añadir un dinstante al tiempo de su evida?28Y en cuanto al vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan, ni hilan;29mas yo os digo que ni aun Salomón en toda su gloria fué vestido como uno de ellos.30Y si Dios viste así a la hierba del campo, que hoy es, y mañana es echada en el horno, ¿cuánto más a vosotros, hombres de poca fe?31Por tanto no os afanéis, diciendo: ¿Qué comeremos? ¿o qué beberemos? ¿o con qué nos vestiremos?32porque flos gentiles buscan ansiosamente todas estas cosas; y vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas ellas.33Mas buscad primeramente el reino de Dios, y su justicia; y todas estas cosas os serán dadas por añadidura.34Por tanto no os afanéis por el día de mañana; que el día de mañana se afanará por las cosas de sí mismo. Le basta al día el mal suyo.