Lucas

Versión Moderna 2025

19

1Y Jesús, habiendo entrado, iba pasando por Jericó.2Y he aquí un hombre llamado Zaqueo, el cual era sujeto principal entre los publicanos, y era rico.3Y procuraba ver a Jesús, quién fuese; mas no podía, a causa del gentío, porque era pequeño de estatura.4Y, corriendo delante, se subió en un sicómoro para verle; porque había de pasar por allí.5Y cuando llegó Jesús al lugar, mirando hacia arriba, le dijo: Zaqueo, date prisa y desciende, porque hoy es necesario que me hospede en tu casa.6Y él bajó con prisa, y le recibió gozoso.7Y al ver esto, todos murmuraban, diciendo: ¡Ha ido a hospedarse con un ahombre pecador!8Mas Zaqueo se puso en pie, y dijo al Señor: He aquí, la mitad de mis bienes, Señor, la doy a los pobres; y bsi he defraudado a cualquiera con falsía, se lo devuelvo con los cuatro tantos.9Y Jesús le dijo: Hoy la salvación ha venido a esta casa; por cuanto éste también es hijo de Abraham.10Porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.11Y mientras escuchaban estas cosas, él prosiguió, y dijo una parábola, por estar cerca de Jerusalén; y porque ellos pensaban que el reino de Dios iba a ser manifestado inmediatamente.

12Dijo pues: cCierto hombre de ilustre nacimiento partió para un país lejano, a drecibir para sí un reino, y volver.13Y habiendo llamado diez siervos de los suyos, les dió diez minas, y les dijo: Negociad con esto hasta que yo venga.14Sus conciudadanos empero le odiaban: y enviaron tras él una embajada, diciendo: No queremos que éste reine sobre nosotros.15Y aconteció que a su regreso, habiendo recibido el reino, mandó llamar a sí a aquellos siervos, a quienes había dado el dinero, para saber lo que había negociado cada uno.16Vino, pues, el primero, diciendo: Señor, tu mina ha ganado diez minas.17Y le dijo: Muy bien, buen siervo: por cuanto has sido fiel en lo que es muy poco, ten autoridad sobre diez ciudades.18Y vino el segundo, diciendo: Tu mina, Señor, ha ganado cinco minas.19Y dijo asimismo a éste: Sé tú también sobre cinco ciudades.20Y vino otro, diciendo: Señor, he aquí tu mina, la cual he tenido guardada en un pañuelo.21Porque tuve miedo de ti, por cuanto eres un hombre austero; tomas lo que no depositaste, y siegas lo que no sembraste.22A éste le dice: ¡Por tu misma boca te juzgaré, siervo malvado! ¿Sabías que soy un hombre austero, que tomo lo que no deposité, y siego lo que no sembré?23¿por qué, pues, no diste mi dinero al banco, para que en viniendo yo, lo demandara con el logro?24Y dijo a los que estaban presentes: ¡Quitadle la mina, y dadla al que tiene las diez minas!25Y ellos dijeron: Señor, ya tiene diez minas.26Os digo que a todo aquel que tiene le será dado; mas al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado.27Empero en cuanto a aquellos mis enemigos, que no querían que yo reinase sobre ellos, traedlos acá, y degolladlos delante de mí.28eY dichas estas cosas, iba él delante, subiendo a Jerusalén.

29Y sucedió que al llegar cerca de Betfage y Betania, junto al monte que se llama fdel Olivar, envió a dos de los discípulos,30diciendo: Id a la aldea que está en frente, y al entrar en ella, hallaréis un pollino atado, en que ningún hombre aún se ha sentado: desatadle y traedle.31Y si alguien os preguntare: ¿Por qué le desatáis? diréis así: Porque el Señor tiene necesidad de él.32Fueron, pues, los enviados, y lo hallaron así como él les había dicho.33Y al desatar ellos el pollino, sus dueños les dijeron: ¿Por qué desatáis el pollino?34Y ellos dijeron: Porque el Señor tiene necesidad de él.35Y trajéronle a Jesús: y habiendo echado sus vestidos sobre el pollino, pusieron encima a Jesús.36Y caminando él así, tendían sus vestidos por el camino.37Y como iba ya acercándose a la bajada del Monte de los Olivos, toda la muchedumbre de los discípulos comenzaron a regocijarse y a alabar a Dios a gran voz, por todas las maravillas que habían visto;38diciendo: «g¡Bendito el Rey que viene en el nombre del Señor! ¡Paz en el cielo, y gloria en las alturas!»39Y algunos de los fariseos de entre el gentío le dijeron: ¡Maestro, reprende a tus discípulos!

40Mas él respondiendo, dijo: Os digo que si éstos callasen, las piedras clamarían.41Y cuando llegó cerca y vió la ciudad, lloró sobre ella,42diciendo: ¡Oh si hubieras conocido, tú, siquiera en este tu día, las cosas que hacen a tu paz! ¡mas ahora están encubiertas de tus ojos!43¡Porque vendrán días sobre ti, en que tus enemigos abrirán trincheras alrededor de ti, y te pondrán cerco, y te estrecharán por todas partes,44y te derribarán al suelo, y a tus hijos en medio de ti; y no dejarán en ti piedra sobre piedra: por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación!45hY entrando en el Templo, comenzó a echar fuera a los que vendían y compraban en él,

46diciéndoles: Está escrito: «iMi Casa será Casa de Oración»: jpero vosotros la habéis hecho cueva de ladrones.47Y enseñaba cada día en el Templo: mas los kjefes de los sacerdotes, y los escribas, y los hombres principales del pueblo procuraban acabar con él;

48y no podían hallar cosa alguna que pudieran hacer; porque todo el pueblo estaba lpendiente de él, escuchándole.
  • aCp. 5:30; Mt. 9:11; Comp. Gá. 2:15.
  • bCp. 3:13, 14; Ex. 22:1.
  • cMt. 25:14; Mr. 13:34.
  • dDt. 7:13, 14; 1 Co. 11:26; 2 Ti. 4:1; He. 9:26, 28; 10:37.
  • eMt. 21:1-9; Mr. 11:1-10; Jn. 19:12-19.
  • fCp. 21:37; Hch. 1:12.
  • gSal. 118:26.
  • hMt. 21:12, 13; Mr. 11:15-19; Comp. Jn. 2:13-32.
  • iIs. 56:7.
  • jJer. 7:11.
  • kCp. 3:2; 1 Cr. 24:3-18.
  • lGr. suspendido de sus labios.