Hechos

Versión Moderna 2025

8

1Y Saulo aconsentía con ellos en su muerte.2Y dieron sepultura a Esteban unos hombres piadosos; e hicieron gran lamentación sobre él.

3Saulo empero asolaba a la iglesia, yendo de casa en casa; y arrastrando a hombres y mujeres, los biba metiendo en la cárcel.4Aquellos pues que fueron dispersados, andaban por todas partes, predicando la palabra.5Y Felipe, descendiendo a la ciudad de cSamaria, les proclamó a dCristo.6Y las multitudes, de común acuerdo, prestaron atención a las cosas dichas por Felipe, al oír y ver los milagros que hacía.7Porque de muchos que tenían espíritus inmundos, éstos salían, clamando a gran voz; y muchos paralíticos y cojos fueron sanados.8Y había grande gozo en aquella ciudad.9Empero cierto hombre, llamado Simón, había estado en la ciudad antes de su llegada, ejerciendo la magia, y asombrando a la gente de Samaria, diciendo que él era un gran personaje,

10a quien todos ellos, desde el menor hasta el mayor, le eprestaban atención, diciendo: Este hombre es aquel poder de Dios que se llama Grande.11Y le eran adictos, por cuanto hacía mucho tiempo que los tenía asombrados con sus artes mágicas.12Mas cuando creyeron a Felipe, que les predicaba el evangelio del reino de Dios y el nombre de fJesucristo, fueron bautizados, así hombres como mujeres.13Y Simón mismo también creyó; y habiendo sido bautizado, allegóse a Felipe; y viendo las señales y los grandes milagros que se hacían, quedó asombrado.14Oyendo entonces los apóstoles que estaban en Jerusalén, que los de Samaria habían recibido la palabra de Dios, les enviaron a Pedro y a Juan;

15los cuales habiendo descendido allá, oraron por ellos, a fin de que recibiesen el Espíritu Santo:16porque hasta entonces no había caído sobre ninguno de ellos: tan solo habían sido bautizados gal nombre del Señor Jesús.17En seguida les impusieron las manos; y recibieron el Espíritu Santo.18Mas hcomo viese Simón, que por la imposición de las manos de los apóstoles, se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero,19diciendo: Dadme a mí también esta potestad, para que cualquiera a quien yo impusiere las manos, reciba el Espíritu Santo.20Mas Pedro le dijo: Tu dinero perezca contigo, por cuanto has creído que con dinero se alcanza el don de Dios.21No tienes parte ni suerte en este asunto; porque tu corazón no es irecto delante de Dios.22Arrepiéntete pues de esta tu maldad, y ruega al Señor, si por acaso se te perdone el pensamiento de tu corazón;23porque percibo que estás aún en hiel de amargura, y en cadenas de iniquidad.24Simón entonces respondió y dijo: ¡Rogad vosotros por mí al Señor, para que no me sobrevenga ninguna de las cosas que habéis dicho!25Ellos pues, habiendo testificado y hablado la palabra del Señor, se volvieron a Jerusalén; y en muchas de las aldeas de los Samaritanos anunciaron el evangelio.

26Pero un ángel del Señor habló a Felipe, diciendo: Levántate y vé hacia el mediodía, al camino que desciende de Jerusalén a Gaza: éste es un camino desierto.

27Y levantándose, se fué: y he aquí un hombre de Etiopía, eunuco, valido de Candace, reina de los Etíopes, y superintendente de todo su tesoro, el cual había ido a Jerusalén para adorar;28e iba de regreso, y sentado en su carro, leía el profeta Isaías.29Y el Espíritu dijo a Felipe: Acércate, y júntate a este jcarro.30Corriendo pues Felipe hacia él, le oyó leer a Isaías profeta; y dijo: Y bien, ¿entiendes tú lo que vas leyendo?31A lo que dijo él: ¿Pues cómo podré, a menos que alguno me kenseñe? Y convidó a Felipe que subiese y se sentase con él.32Y el pasaje de la Escritura que leía era éste: «lComo oveja, fue conducido al matadero; y como el cordero es mudo delante del que le trasquila, así él no abre su boca.33En su humillación mle fué quitado su derecho: ¿y quién declarará su generación? porque su vida es quitada de la tierra.»34Y respondiendo el eunuco a Felipe, dijo: Ruégote me digas ¿de quién dice el profeta esto? ¿de sí mismo, o de algún otro?35Y Felipe, abriendo su boca, y comenzando desde esta Escritura, le predicó el evangelio de Jesús.36Y prosiguiendo el camino, llegaron a cierta agua; y dijo el eunuco: ¡He aquí agua! ¿qué nimpide que sea bautizado?37[oY Felipe dijo: Si crees con todo tu corazón, bien puedes. Y él respondiendo, dice: ¡Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios! ]38Y mandó parar el carro: y descendieron ambos al agua, así Felipe como el eunuco: y le bautizó.39Y cuando subieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe: y el eunuco no le vió más. Y prosiguió su camino gozoso.40Pero Felipe fué hallado después en pAzoto; y pasando por el país, predicó el evangelio en todas las ciudades, hasta llegar a Cesarea.
  • aCp. 26:10. Comp. Lc. 23:51.
  • bGr. entregaba a.
  • cJn. 4:4, 25-42.
  • d=al Mesías.
  • eGr. eran adeptos. Ver. 6.
  • f=Jesús Cristo, o Jesús Mesías.
  • gCp. 10:48; 19:5; Ro. 6:3, 4; 1 Co. 1:13-15; 10:2.
  • hCp. 10:45, 46.
  • i=sincero.
  • j=carro militar.
  • kGr. guíe.
  • lIs. 53:7, 8.
  • m=su juicio le fue quitado.
  • n=estorba, o refrena.
  • oEste texto no se halla en la mayoría de los MSS. griegos.
  • p=Asdod. 1 S. 5:1.