2 Reyes

Versión Moderna 2025

4

1Y cierta mujer de las mujeres de los hijos de los profetas, clamó a Eliseo, diciendo: Tu siervo mi marido es muerto (y sabes que tu siervo era temeroso de Jehová); y el aacreedor ha venido con el fin de llevarse mis dos hijos por siervos.2Entonces le dijo Eliseo: ¿Qué podré yo hacer por ti? Dime, ¿qué tienes en casa? Y ella respondió: Nada tiene tu sierva en casa sino una botija de aceite.3Y él dijo: Vé, pide prestadas, para tu uso, vasijas de afuera, de parte de todas tus vecinas, vasijas vacías; no dejes que sean pocas.4Luego vendrás, y cerrarás la puerta sobre ti y tus hijos, y vaciarás el aceite en todas aquellas vasijas; y en llenándose, las pondrás aparte.5Ella pues se retiró de él, y cerró la puerta sobre sí y sus hijos; ellos le llegaban las vasijas, y ella las iba llenando.6Y aconteció que estando ya todas llenas, dijo a su hijo: Alcánzame otra vasija más. Y él le respondió: No hay más vasija. Entonces se detuvo el aceite.7Luego ella fué, y se lo dijo al varón de Dios. Y él respondió: Vé, vende el aceite, y paga tus deudas; y tú y tus hijos viviréis de lo sobrante.8Y aconteció que un día pasó Eliseo hasta Sunem, donde había una mujer principal; y ella le hizo instancias para que comiese pan. Y sucedió después, siempre que pasaba, que se desviaba hacia allá para comer pan.

9Por lo cual ella dijo a su marido: He aquí, ya entiendo que éste que pasa de continuo cerca de nosotros es un santo varón de Dios.10Ruégote pues que hagamos un cuartito en lo alto, sobre la pared de la casa; y pongamos para él allí una cama, y una mesa, y una silla, y un candelero; y será que siempre que venga a nosotros, se recogerá en él.11Aconteció pues cierto día, que llegó allá, y recogiéndose en el cuarto, acostóse allí.12Luego dijo a Giezi, su criado: Llama a esta sunamita. Él pues la llamó; y ella se presentó delante de él.13Entonces Eliseo le dijo a él: Quiero que le digas a ella esto. He aquí que tú te has afanado por nosotros con todo este esmero; ¿qué hay pues que hacer por ti? ¿Has menester que yo hable por ti al rey, o al jefe del ejército? A lo cual ella respondió: En medio de mi propio pueblo yo habito.14Entonces él dijo: ¿Qué hay que hacer pues por ella? Y dijo Giezi: A la verdad que ella no tiene hijo, y su marido es ya viejo.15Él dijo pues: Llámala; y habiéndola llamado, ella se detuvo en la puerta.16Y él le dijo: A este tiempo bel año que viene tú abrazarás un hijo. Mas ella respondió: No, señor mío, varón de Dios, no digas mentira a tu sierva.17En efecto, concibió la mujer y dió a luz un hijo a ese tiempo, el año siguiente, como le había dicho Eliseo.18Y era ya bastante grande el niño, cuando sucedió un día que salió a su padre, a donde estaban los segadores.

19Y dijo a su padre: ¡Mi cabeza! ¡mi cabeza! Y él dijo al mozo: Álzale, llévale a su madre.20Alzóle pues, y le trajo a su madre; y él estuvo sentado sobre sus rodillas hasta el mediodía, cuando murió.21Entonces ella subió, y le acostó sobre la cama del varón de Dios; luego cerró sobre él la puerta, y salió.22En seguida clamó a su marido, diciendo: Ruégote que me mandes uno de los mozos, y una de las asnas, para que yo vaya corriendo al varón de Dios; y luego volveré.23Mas él dijo: ¿Por qué vas a ver a él hoy? no es nueva luna, ni es sábado. Pero ella respondió: Estará bien.24Hizo pues aparejar el asna, y dijo al mozo: ¡Arrea, y anda! no me detengas en el tránsito, sino cuando yo te lo diga.25Caminó pues, y vino al varón de Dios en el monte Carmelo. Mas cuando el varón de Dios la vió desde lejos, dijo a Giezi su criado: ¡He allí a esa Sunamita!

26Ruégote que vayas corriendo a recibirla, y le dirás: ¿Te va bien a ti? ¿le va bien a tu marido? ¿le va bien al niño? Y ella contestó: ¡Bien!27Pero luego que llegó al varón de Dios en el monte Carmelo, ella le trabó de los pies. Entonces llegóse Giezi para echarla; mas díjole el varón de Dios: ¡Suéltala! porque su alma está acongojada dentro de ella, y Jehová me tiene encubierta la causa, y no me la ha revelado.28Entonces ella dijo: ¿Acaso pedí yo un hijo a mi señor? ¿No te dije: No me engañes?29Con lo cual él dijo a Giezi: Ciñe tus lomos, y toma mi báculo en tu mano, y véte. Si alguno te encontrare, no le csaludes; y si alguno te saludare, no le respondas: y pondrás mi báculo sobre el rostro del niño.30Empero la madre del niño le dijo: ¡Vive Jehová, y vive tu alma, que no me apartaré de ti! Levantóse pues, y la siguió.31Mas Giezi pasó delante de ellos, y puso el báculo sobre el rostro del muchacho; pero no hubo voz, ni quien diese atención; por lo cual tornó a encontrarle, y se lo avisó, diciendo: ¡No ha despertado el niño!32Llegó entonces Eliseo a la casa, y ¡he aquí al niño muerto, tendido sobre su misma cama!33Y entrado que hubo, dcerró la puerta sobre ellos dos, y oró a Jehová.34Subió después encima de la cama, y acostóse sobre el niño, y puso su boca sobre la boca de él, y sus ojos sobre sus ojos, y sus manos sobre sus manos, y etendióse así sobre él. Y entró en calor la carne del niño.35Luego volvió y anduvo por la casa, para acá y para allá. Subió entonces, y tendióse sobre él: y estornudó el muchacho siete veces; y abrió el muchacho los ojos.36Llamando pues Eliseo a Giezi le dijo: Llama a esta Sunamita. Y habiéndola llamado, ella vino a él; y dijo Eliseo: ¡Alza a tu hijo!37Entonces ella entró dentro, y cayó a sus pies, postrándose en tierra; luego alzó a su hijo y salió.38Y Eliseo se volvió a Gilgal. Había entonces hambre en el país; y estando los hijos de los profetas fsentados delante de él, dijo a su criado: Pon la olla grande, y cuece potaje para los hijos de los profetas.

39Salió entonces alguno al campo para coger verduras; y hallando una vid silvestre, cogió de ella calabazas silvestres, cuantas cupiesen en el doblez de su ropa: y vino, y rajándolas, las echó en la olla del potaje; pues no sabían lo que eran.40Sirvieron pues a los hombres para que comiesen; pero sucedió que mientras comían del potaje, todos ellos alzaron el grito, diciendo: g¡Hay muerte en la olla, oh varón de Dios! Y no lo pudieron comer.41Mas él dijo: Traed harina: hy la echó en la olla. Entonces dijo: Sirve a la gente para que coma; y no hubo ya mal en la olla.42Y llegó iun hombre de Baal-salisa que trajo al varón de Dios panes de primicias (veinte panes de cebada, con espigas de trigo nuevo), en su alforja. Y él dijo: Dáselo a la gente, para que coma.

43Mas respondió su asistente: j¡Qué! ¿tengo de poner esto delante de cien hombres? A lo que dijo Eliseo: Dáselo a la gente para que coma; porque así dice Jehová: kComerán, y les sobrará.44Él pues lo puso delante de ellos, y comieron; y les sobró, conforme a la palabra de Jehová.
  • aEx. 22:25; Lv. 25:39; Mt. 18:25.
  • bGn. 18:10; 1 S. 1:11, 20.
  • cLc. 10:4.
  • dMt. 6:6; 1 R. 17:20.
  • eHch. 20:10.
  • f=bajo su enseñanza. Cp. 6:1; Lc. 10:39; Hch. 22:3.
  • gEx. 10:17.
  • hEx. 15:25; Jer. 9:6.
  • i1 S. 9:4, 7; 1 Co. 9:11; Gá. 6:6.
  • jLc. 9:13; Jn. 6:9.
  • kLc. 9:17; Jn. 6:11; Mt. 14:20.