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El tabernáculo
Éxodo 25 a 40
“Acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura”. Hebreos 10:22 Estas notas no constituyen un estudio completo del tabernáculo. Son solamente el resumen de algunas pláticas sobre tan notable figura, la que nos ayuda a comprender mejor las grandezas de la revelación del Nuevo Testamento. «Los objetos profundos e infinitos de nuestra fe se hacen cercanos y se tornan como palpables para nosotros por medio de las figuras». J.N. Darby
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El acceso al santuario
El tabernáculo nos ha hablado de la Casa de Dios y del conjunto de sus rescatados, representados por las tablas, las cortinas, los doce panes, las columnas y las cortinas (o colgaduras) del atrio, figuras –entonces incompletas– del misterio que debía ser plenamente revelado al apóstol Pablo: la Iglesia que es su Cuerpo (Efesios 3:5-6).
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El atrio
En principio, el atrio con su recinto nos habla del testimonio exterior y público que deben dar aquellos que componen la Casa de Dios, por oposición al tabernáculo propiamente dicho, el cual nos presenta el santuario y lo que se contempla en él.
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El lugar santísimo
Como la ciudad de Apocalipsis 21:16, el lugar santísimo era cúbico, manifestando así la perfección de Dios en todo. Era oscuro, pues, según 1 Reyes 8:12, Dios había dicho que “habitaría en la oscuridad”, manifestando de esa forma que aún no había sido plenamente revelado a los hombres.
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El lugar santo
Así como la puerta y el altar de bronce nos hablan del acceso al tabernáculo, abierto a cualquiera que quería venir con un sacrificio, el lugar santo nos presenta el privilegio exclusivo de los sacerdotes. Hoy, para ser sacerdote, es necesario ser hijo de Dios, nacido de nuevo. Y todo hijo de Dios es sacerdote (1 Pedro 2:5) (lo que no era el caso en Israel).
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El tabernáculo propiamente dicho - Éxodo 26
El tabernáculo, para poder ser transportado a través de las numerosas etapas del desierto, era desmontable en diversas partes, aunque no dejaba de constituir un todo. Antes de cada partida los levitas desmontaban el tabernáculo y, luego, lo transportaban, parte sobre sus hombros, parte en carros.
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Introducción
En Génesis vemos cómo Dios se dirige individualmente a ciertos hombres –a Abraham por ejemplo (cap. 9)– para requerirles que abandonen el medio en que están y se conviertan en peregrinos y extranjeros mientras esperan una “patria… mejor” (Hebreos 11:14-16).
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Las vestiduras del sumo sacerdote - Éxodo 28
Los capítulos 25 a 27 del Éxodo contienen las instrucciones de Dios a Moisés para la construcción del tabernáculo y presentan ante todo los objetos que nos hablan de la manifestación de Dios en Cristo. En el capítulo 30 sólo se halla la fuente de bronce –necesaria para que el hombre pueda acercarse– y el altar de oro.
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Columnas y cortinas (colgaduras) (Éxodo 27:9-19)
Dimensiones: 100 codos de largo por 50 codos de ancho; 56 columnas para sostener 280 codos de cortinas; la puerta, al este, sostenida por cuatro columnas, tenía un ancho de 20 codos.
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Dimensiones principales
Atrio: 100 codosa por 50 (Éxodo 27:9-12).
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El altar de bronce (Éxodo 27:1-8)
Es el primer objeto que se encontraba al entrar al atrio.
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El altar de oro - Éxodo 30:1-10
El altar de oro era de dimensiones mucho más reducidas que el altar de bronce, o sea un codo de ancho, un codo de largo (cuadrado) y dos codos de alto. Era de madera de acacia cubierta de oro puro y nos habla esencialmente de Cristo. Ubicado frente al velo (v. 6), está íntimamente ligado al arca y al propiciatorio.
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El arca - Éxodo 25:10-22
En las ordenanzas para el tabernáculo dadas por Dios a Moisés, en los capítulos 25 a 27, el arca ocupa el primer lugar. De igual manera, cuando Dios se nos revela, parte del santuario y sale hacia el atrio; nos presenta primeramente lo que es el objeto supremo de su corazón: la persona de Cristo.
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El candelero - Éxodo 25:31-40; 27:20-21; Levítico 24:1-4; Números 8:1-4
Contrariamente a los otros objetos del tabernáculo hechos de madera de acacia recubierta de oro, el candelero era totalmente de oro puro, forjado en una sola pieza. Él nos habla de lo que es esencialmente divino. Era de oro batido (“labrado a martillo”), recordando que aquel a quien representa –Cristo– pasó por el sufrimiento.
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El cinturón (Éxodo 28:4 y 8)
El cinturón ceñía el efod. Era de “obra primorosa” (Éxodo 28:8), subrayando que el servicio del Señor será perfectamente y para siempre cumplido con la fuerza de los lomos ceñidos. Como en otro tiempo en la tierra, Él no se cansa y no se fatiga. Vive siempre para interceder por nosotros.
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El efod (Éxodo 28:5-14)
El efod era la vestidura sacerdotal por excelencia. Como el velo, estaba tejido con azul, púrpura, carmesí (o escarlata) y lino fino, a lo que se añadía oro: “Y batieron láminas de oro, y cortaron hilos para tejerlos entre el azul, la púrpura, el carmesí y el lino, con labor primorosa” (Éxodo 39:3).
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El manto de azul (Éxodo 28:31-35)
Cristo no es nuestro sacerdote en la tierra (Hebreos 8:4), sino en el cielo. Eso es lo que nos recuerda este manto enteramente de azul llevado bajo el efod. Todo en su oficio nos atrae hacia el cielo, donde se cumple actualmente su servicio (Hebreos 9:24).
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El propiciatorio - Éxodo 25:17-21
El arca era un cofre y tenía una tapa llamada propiciatorio. El término hebreo traducido por propiciatorio deriva de “cubrir o cubierta”.
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El velo - Éxodo 26:31-35
Según Hebreos 10:20, el velo que separaba el lugar santo del lugar santísimo representa a Cristo venido en carne.
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La fuente de bronce (Éxodo 30:17-21; 38:8)
La fuente de bronce, cuyas dimensiones no nos han sido dadas, estaba situada entre el altar de bronce y el tabernáculo. No servía para ofrecer sacrificios, sino para lavarse en ella, lo que Aarón y sus hijos debían hacer cada vez que entraban en el tabernáculo de reunión o se acercaban al altar para ofrecer un sacrificio.
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La mesa de los panes de la proposición - Éxodo 25:23-30; Levítico 24:5-9
La mesa, de pequeñas dimensiones (dos codos de largo, un codo de ancho y uno y medio de alto) era de madera de acacia (o de sittim), cubierta con una lámina de oro puro. Era, evidentemente, una figura de Cristo llevando a su pueblo ante Dios.
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La mitra y la lámina de oro (Éxodo 28:36-38)
Sobre la mitra (o tiara) de lino estaba colocada una lámina de oro puro, puesta con un cordón de azul, la cual tenía grabadas las palabras: “SANTIDAD A JEHOVÁ”. Los israelitas traían a Dios las ofrendas según sus instrucciones. ¿Por qué, pues, se nos habla de “la iniquidad de las cosas santas que santificaren los hijos de Israel, en todas sus santas dádivas”? (v.38, V. M.).
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La puerta (Éxodo 27:16)
Dimensiones: 20 codos de ancho por 5 de alto: 100 codos cuadrados, o sea la misma superficie que los velos de entrada al santuario; éstos tenían 10 codos por 10: 100 codos cuadrados.
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La túnica de lino (Éxodo 28:39)
“Tal sumo sacerdote nos convenía: santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores” (Hebreos 7:26). Así fue el Señor Jesús en todo su andar aquí abajo y ése es el carácter que aún hoy lleva en el cielo, base moral de todo su sacerdocio. (Es lo que nos presenta el lino de esta túnica).
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