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Mateo 26
ESTE CAPÍTULO NOS REMITE a los últimos días de la vida del Señor en la tierra. Los primeros versículos nos muestran el palacio del sumo sacerdote, lleno de astucia y planes para asesinarlo. En los versículos 6 a 13, nos alejamos de esta atroz maldad de las altas esferas para contemplar una acción de amor y devoción en un hogar humilde, donde vivía parte del remanente piadoso.
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Pláticas sencillas
Mateo: Capítulo 26
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Pláticas sencillas
El arresto de Jesús
¡Qué contraste entre la escena en que la gloria de Jesús brillaba en medio de las nubes de sombra de muerte, donde sus perfecciones triunfaban en la obediencia, y la que es presentada en estos versículos, donde vemos a Judas, esclavo del poder de Satanás, cumpliendo el más infame crimen por treinta piezas de plata!
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Getsemaní
Cuando llegó a Getsemaní, Jesús dijo a sus discípulos: “Sentaos aquí, entre tanto que voy allí y oro” (v. 36). Jesús sentía la necesidad de retirarse para desahogar su corazón delante de su Padre en esa hora solemne. Sin embargo, tomó consigo a los tres discípulos que habían asistido a la escena de la transfiguración, Pedro, Juan y Santiago, para buscar en ellos alguna simpatía.
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Jesús anuncia su crucifixión
“Cuando hubo acabado Jesús todas estas palabras, dijo a sus discípulos: Sabéis que dentro de dos días se celebra la pascua, y el Hijo del Hombre será entregado para ser crucificado”.
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Jesús en casa de Simón el leproso
Desde hacía varios días Jesús recorría el camino de Jerusalén a Betania para pasar la noche allí (Juan 12:1; Mateo 21:17; Marcos 11:11-12, 19-20, 27). En ese lugar su corazón encontraba un refugio apacible, disfrutaba del afecto de Lázaro y de sus hermanas. Notamos que allí también encontraba a un tal Simón, llamado “el leproso”, a quien sin duda Jesús había sanado de la lepra.
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Judas vende a su Maestro
Judas también asistía a esta escena conmovedora. Pero su corazón, endurecido por el amor al dinero y fingiendo piedad por los pobres, lo había hecho absolutamente extraño a lo que sucedía.
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La comparecencia ante Caifás
Mientras Judas conducía su banda para prender a Jesús, los escribas y los ancianos reunidos en casa de Caifás, el sumo sacerdote, esperaban el resultado de esta criminal expedición. Llegaron, pues, los que prendieron a Jesús, acompañados por la multitud, y llevaron al Señor a Caifás, que presidía el siniestro consejo. Detrás del cortejo iba Pedro, siguiendo de lejos.
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La institución de la Cena
Mientras estaban sentados a la mesa, Jesús, preocupado por los suyos, instituyó el memorial de su muerte. Estaban comiendo la última pascua.
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La negación de Pedro
Mientras Jesús estaba ante Caifás, otra escena tenía lugar en el patio donde se hallaba Pedro. Una criada se le acercó, diciendo: “Tú también estabas con Jesús el galileo. Mas él negó delante de todos, diciendo: No sé lo que dices”. Luego le vio otra criada, y dirigiéndose a los que estaban presentes, les dijo: “También este estaba con Jesús el nazareno.
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La reunión en casa de Caifás
Los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo, reunidos en la casa del sumo sacerdote Caifás, tuvieron consejo para prender con engaño a Jesús y darle muerte. Con todo, no durante la fiesta, porque temían a las multitudes que acudían a Jerusalén para la Pascua.
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La última pascua
Llegado el momento de celebrar la pascua, los discípulos preguntaron a Jesús dónde quería que la prepararan. Él les dijo: “Id a la ciudad a cierto hombre, y decidle: El Maestro dice: Mi tiempo está cerca; en tu casa celebraré la pascua con mis discípulos. Y los discípulos hicieron como Jesús les mandó, y prepararon la pascua” (v. 18-19).
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Una advertencia a los discípulos
Para ir al monte de los Olivos era necesario salir de la ciudad, descender hasta el torrente de Cedrón y subir la colina enfrente de Jerusalén. En vez de dejarse agobiar por el peso de todo lo que le esperaba, Jesús aprovechó el tiempo de la marcha hacia Getsemaní para advertir a los discípulos lo que sucedería. La profecía de Zacarías iba a cumplirse:
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