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Su origen y su naturaleza

El Espíritu Santo procede del Padre (Juan 15:26), y el Padre lo envió en nombre del Hijo (Juan 14:26). Después de la glorificación de Jesús, la promesa concerniente al Espíritu Santo se cumplió el día de Pentecostés, estando los discípulos reunidos (véase Hechos 2:1-4).

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Sus acciones ocasionales

“¿Son todos apóstoles? ¿Son todos profetas? ¿Todos maestros? ¿Hacen todos milagros? ¿Tienen todos dones de sanidad? ¿Hablan todos lenguas? ¿Interpretan todos?” (1 Corintios 12:29-30). Tales preguntas nos demuestran que estos dones no han sido otorgados a la Iglesia de manera permanente, y que solo algunos los poseían. Cuando las necesidades eran satisfechas, estos dones no eran renovados.

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Sus funciones esenciales

En los capítulos 14, 15 y 16 del evangelio de Juan, el Señor enseña a sus discípulos respecto al tiempo en que estarían solos en la tierra después de Su partida. En el curso de estos encuentros de una preciosa intimidad, a menudo el Señor alude al Espíritu Santo, llamándole “el Consolador”. Esta palabra (en griego “Paracleto”) también tiene el sentido de abogado, intercesor o defensor.

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Totalmente cubierto

“Mas si brotare la lepra cundiendo por la piel, de modo que cubriere toda la piel del llagado desde la cabeza hasta sus pies, hasta donde pueda ver el sacerdote, entonces éste le reconocerá; y si la lepra hubiere cubierto todo su cuerpo, declarará limpio al llagado; toda ella se ha vuelto blanca, y él es limpio” (v. 12-13).

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