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La vida de los creyentes muestra, en su conjunto, caracteres muy diferentes

Se ve a creyentes, o cristianos, que empiezan mal su carrera, pero al aprender a juzgarse bajo la disciplina, terminan bien su curso, y a veces de una manera gloriosa. Este fue el caso de Jacob, cuyos días fueron “pocos y malos” (Génesis 47:9), pero cuya vida termina con plena visión de la gloria (cap. 49).

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Los que deben dar el ejemplo tienen más responsabilidad

Por su pecado, un sumo sacerdote debía ofrendar un becerro (v. 3), un príncipe o jefe debía ofrecer un macho cabrío (v. 22-23) y una persona cualquiera del pueblo solo tenía que ofrecer una cabra o un cordero (v. 27-28, 32). Quienes deben dar el ejemplo tienen una responsabilidad más grande, expresada por la importancia del animal ofrendado.

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Mi pecado mancha el testimonio del Señor Jesús

Por mi pecado yo hago comprender a todos los que me ven (Dios, los ángeles, el diablo y sus ángeles, los creyentes y el mundo) que no tomo en cuenta a Dios, que más bien hago caso al diablo y que no me he dejado separar enteramente del mundo por la cruz del Señor Jesús (Gálatas 6:14).

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Mi pecado me aleja de los hijos de Dios

Este es otro punto importante: Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad; pero si andamos en luz, como él esta en luz, tenemos comunión los unos con los otros (1 Juan 1:6-7).

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Mi pecado me coloca bajo la disciplina de la asamblea

En la Palabra de Dios encontramos varias formas de disciplina ejercidas por la asamblea o iglesia local reunida en el Nombre del Señor Jesús. Esto comienza con formas de actuar de carácter pastoral, como la de restaurar a un hermano que ha sido sorprendido en alguna falta (Gálatas 6:1).

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Mi pecado ofende a Dios

Este es un punto poco considerado. No olvidemos que el pecado ha entrado en el mundo porque el hombre ha creído en las mentiras del diablo y no en las declaraciones de su Dios y Creador. El diablo sugirió que Dios había mentido, no queriendo el bien del hombre.

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Prélogo del editor

La disciplina en la Iglesia es una necesidad a causa del Santo y Verdadero (Apocalipsis 3:7), quien está en medio de su pueblo. Él, como lo leemos en Habacuc 1:13, es muy limpio de ojos para ver el mal y no puede soportar el agravio. Allí donde el Santo tiene su habitación no es posible permitir que continúe una situación en la que el pecado no sea juzgado.

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Reparación de los daños

En Levítico 6:4-7 leemos: “… Habiendo pecado y ofendido, restituirá aquello que robó, o el daño de la calumnia, o el depósito que se le encomendó, o lo perdido que halló, o todo aquello sobre que hubiere jurado falsamente; lo restituirá por entero a aquel a quien pertenece, y añadirá a ello la quinta parte… Y para expiación de su culpa traerá a Jehová un carnero sin defecto de los rebaños… Y el

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Sembrar y segar

Sembrando en sufrimientos, en lágrimas y dolor. Sembrando en esperanza, en fe, en amor. Sembrando en gozosas perspectivas de eternos días que se aproximan, cuando el fiel sembrador traerá con él la dorada mies de su abundante trabajo.       Primero sembrar, después segar. 

C. S. C.

TEMA 1 - Cuando un creyente peca…

La mayoría de los creyentes, incluso los jóvenes, conocen bien el versículo: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9).

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TEMA 2 - La caída de David y sus consecuencias

Del capítulo 11 al capítulo 20 del segundo libro de Samuel tenemos la historia de David como rey responsable. Estos capítulos cuentan:

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Una hora

¿Así que no habéis podido velar conmigo una hora? Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.(Mateo 26: 40-41)

C. S. C.

Una vez para siempre

Se ha notado la concordancia que hay entre los cuatro grandes sacrificios y el aspecto bajo el cual cada uno de los cuatro evangelios presenta la obra de Cristo:

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