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Imagen del Dios dador pero no reconocido

El Señor daba sin cesar, pero raras veces aprobaba: él comunicaba abundantemente allí donde no hallaba sino poca comunión; esto revela y magnifica su bondad. Nada había en los hombres que tuviese atractivo para Jesús y, sin embargo, él siempre daba.

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Incredulidad de la familia del Señor

No es bueno que seamos siempre comprendidos. Nuestra conducta y hábitos deberían ser los de extranjeros, los de ciudadanos de otra patria, cuyo lenguaje, leyes y costumbres no son sino pobremente conocidos aquí. La carne y la sangre no los pueden apreciar; y así, los santos de Dios no se hallan en una buena condición cuando el mundo los comprende.

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Incredulidad de Tomás

De igual modo actuó Jesús con Tomás, como podemos verlo en el capítulo 20 de Juan. Tomás, adorando a Jesús, expresó: “¡Señor mío, y Dios mío!”, pero Jesús se hallaba en una altura moral de la que estas palabras no podían hacerle descender y desde la cual oía, miraba y pesaba todas las cosas, aun palabras como estas.

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Jesús, centro de atracción

Mas no tengo necesidad de decir que Jesús era lo opuesto, de modo que sus parientes según la carne, con una mentalidad mundana, no podían comprenderle. Los principios que Jesús mantenía eran extraños para un mundo como el nuestro; este los menospreciaba como la hija de Saúl menospreció a David cuando este danzaba delante del arca (2 Samuel 6:16).

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Jesús, después de su resurrección

Los discípulos se mostraron infieles, indignos de Su confianza; le abandonaron en la hora de Su debilidad y huyeron para salvar su vida; en tanto que él, por amor hacia ellos, pasó por los terrores de la muerte, sufrió la cruz, una muerte tan cruel, tan vergonzosa que ninguna otra criatura podría haberla vencido.

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Jesús en el mundo

El Señor Jesús ilustró estas palabras: “en el mundo, pero no del mundo”, las que se vinculan, sin duda, con estas otras: No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal (Juan 17:15).

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Jesús: gloria y luz divina

Así, pues, en desarrollo, en oportunidad, en combinaciones y en diferenciaciones ¡cuán perfectos en gloria moral y en belleza eran todos los caminos de este Hijo del hombre!

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Jesús hace callar a Satanás

Pero hay todavía otro rayo de luz de la gloria moral que resplandecía en su ministerio con relación a Satanás: Cristo nunca aceptó testimonio alguno ofrecido por este, por verdadero o lisonjero que fuese. Ese testimonio podía ser expresado mediante palabras buenas y bellas como estas: “Sé quién eres, el Santo de Dios” (Marcos 1:24), pero Jesús no permitió que Satanás hablara.

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Jesús hace el bien

El Señor hizo el bien y prestó sin esperar de ello nada (Lucas 6:35). Daba sin que su izquierda supiese lo que hacía su derecha; jamás, en ninguna circunstancia, exigió de nadie servicio alguno en virtud de haber sanado o librado. El Hijo de Dios no permitió que le acompañase el hombre de quien había echado fuera los espíritus inmundos, llamado Legión.

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Jesús hombre y Dios

Y después, a medida que seguimos su rastro, vemos que Jesús conoció Getsemaní en su tiempo o en su verdadero carácter, como así también conoció el monte santo en su tiempo, hechos que respectivamente implicaron para su alma una estación de invierno y una de verano. Conoció el pozo de Sicar, como también el camino que le conducía por última vez a Jerusalén.

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Jesús huésped

Además de todo eso, le vemos, en ciertas ocasiones, sentado a la mesa de otros; mas esos momentos solo sirven para ilustrar nuevos rasgos de su perfección. Sentado a la mesa de los fariseos, donde le vemos de vez en cuando, no confiere a ese tipo de reunión el carácter de una escena de familia.

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Jesús, imagen de Dios

Tras la apostasía de Adán, Dios había quedado sin imagen aquí abajo; pero ahora tiene en Cristo una imagen de sí mismo más cabal y brillante que la que jamás Adán hubiera podido reflejar. Jesús dio a conocer lo que Dios era, no a una hermosa creación sino a un mundo arruinado e indigno; él representaba a Dios en gracia, diciendo:

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Jesús, nuestro modelo

Pero prosigamos. Así como Jesús no se excusó delante del juicio de los hombres durante el curso de su ministerio –como lo acabamos de ver– tampoco buscó la compasión del hombre en la hora de su “debilidad”, cuando las potestades de las tinieblas se desencadenaban contra él.

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Jesús pone el hombre a prueba

Finalmente, en sus relaciones con el hombre, las glorias morales que se dejan ver en el ministerio del Señor Jesús son ciertamente espléndidas y excelentes. Él se hallaba constantemente aliviando y sirviendo al hombre en todas las variedades de su miseria, a la vez que manifestaba la condición de este haciéndole ver que tenía una naturaleza perdida, rebelde y apóstata.

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Jesús saquea a Satanás

Así comienzan las relaciones de Jesús con Satanás. Después de esto, el Señor entra en la casa del enemigo y saquea sus bienes. Esta casa es el mundo, y allí el Señor, en su ministerio, es visto disipando las nubes diversas y densas del poder del enemigo.

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Jesús se acerca

Pero en el carácter de nuestro Señor hay otras combinaciones que debemos considerar. Alguien dijo de él: «Fue el hombre de mayor gracia, el más accesible que jamás hubo». Y, en efecto, vemos en su manera de ser una ternura y una bondad nunca vistas en otros hombres y, sin embargo, vemos que siempre fue “un extraño” en la tierra. ¡Cuán cierto es esto!

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Jesús vence a Satanás

En cuanto a Satanás, Jesús le encuentra primeramente, y en el momento oportuno, como tentador. En el desierto, el enemigo procuró impregnar a Jesús con aquellas corrupciones morales que con tanto éxito había logrado implantar en Adán y en la naturaleza humana. La victoria obtenida sobre el tentador era la introducción justa y necesaria a todos los trabajos y actos del Señor.

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La fe que entiende al Salvador

En el capítulo 1 de Marcos, muchos se ven beneficiados por el ministerio de gracia y de poder del Señor. Personas enfermas que padecían toda suerte de males acuden a él; multitudes le escuchan y reconocen la autoridad con que hablaba; un leproso viene a él con su mal, reconociéndole así como el Dios de Israel.

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La fe recompensada

Así como nuestro Maestro respondió con gozo al pedido del más osado en cuanto a la fe, nunca rehusó contestar la petición del débil.

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La gavilla mecida

Hay más aun en cuanto a esta perfección. Jesús nos es presentado también bajo otros aspectos diferentes. A veces es el menospreciado y desdeñado, acechado y aborrecido por los adversarios, obligado a retirarse –por decirlo así– a fin de res guardar su vida de las intenciones y tentativas de ellos.

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La gloria moral debe preceder el reino

Y lo mismo vemos en el capítulo 12 de Juan: el Señor nos hace saber que la manifestación de la gloria moral debe preceder al reino. Él sin duda pronto ha de resplandecer en la gloria del trono; los gentiles vendrán entonces a Sion y verán al Rey en su hermosura; pero, antes de que eso pueda tener lugar, la gloria moral debe ser manifestada en toda su plenitud y pureza.

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La gloria soberana y la humillación

En nuestro Redentor contemplamos la gloria y la humillación, aspectos de su vida que nos son necesarios. Aquel que se sentó junto al pozo de Sicar es el mismo que ahora está sentado en el cielo:

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La humillación del Señor

Pero Jesús sabía también “vivir humildemente”. Contemplémosle ante los samaritanos en el capítulo 9 de Lucas.

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La inteligencia de la mujer sirofenicia

Esto, sin embargo, no hará mella en el hombre, como ya lo dijimos. Él se sentirá bien mientras se ocupe en sí mismo, sin importarle en absoluto la gloria de Dios. Tal es el hombre. Pero qué bello cuadro tenemos cuando, a través de la fe, el corazón de un pobre pecador es transformado, pudiendo así regocijarse en la gloria de Dios.

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