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Una fe verdadera

Tal vez el lector diga: «¿Cómo puedo estar seguro de que tengo la verdadera fe?». A esta pregunta solo cabe responder de la siguiente manera: ¿Confía usted en el verdadero Salvador, es decir, en el bendito Hijo de Dios?

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Una hora

¿Así que no habéis podido velar conmigo una hora? Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.(Mateo 26: 40-41)

C. S. C.

Una ilustración doméstica

La siguiente historia nos podrá servir de ilustración: Una campesina que deseaba tener patitos, puso a una gallina a empollar huevos de pata; después de una semana se dio cuenta de que un enemigo de la clueca había destruido la mayor parte de los huevos. Entonces decidió reemplazarlos por huevos de gallina.

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Una joven y su problema

–Creo verdaderamente en él –me dijo con cierta tristeza una joven–; sin embargo, no me atrevo a decir que soy salva por temor a mentir. Esta joven era hija de un carnicero y su padre había ido aquel día a la feria.

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Una posición clara

Así son las cosas: cuando un alma ha llegado realmente al conocimiento de Dios, o más bien, a ser conocida por Dios, se siente atraída hacia las cosas celestiales por su unión con Cristo. No tiene ningún deseo de participar en el sistema u orden de cosas del mundo, y bien puede pensar: ¿cómo podría yo retornar a tan débiles y miserables principios?

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Una tienda y un altar

Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba. Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena, morando en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa; porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios

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