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La educación de los hijos
Aparte de la casa propiamente dicha, lo que veo incluido en la expresión “Tú y tu casa” es la educación de los hijos. ¡Ah, éste es un asunto doloroso y profundamente humillante para muchos de nosotros, puesto que revela un cúmulo de tristes fracasos! El estado de los hijos tiende a manifestar, más que toda otra cosa, el estado moral de los padres.
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La unidad de los esposos en el gobierno del hogar
Para ello, además, hace falta una perfecta comprensión y una plena armonía entre el padre y la madre. El lenguaje de ambos, su voluntad, su influencia, deben ser una en el más estricto sentido del término. Al ser ambos “ya no más dos, sino una sola carne”, deberían siempre aparecer ante sus hijos en la belleza y el poder de esta unidad.
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Noé y su casa
Cuando la iniquidad del mundo antediluviano había llegado a su colmo, y el Dios justo –quien estaba por devastar toda esta escena de corrupción con la recia corriente del juicio– tuvo que decidir el fin de toda carne, estas gratas palabras sonaron a oídos de Noé:
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